Otro capítulo para el “mileísmo austero”: Adorni gastó $176 millones con tarjetas mientras cobraba $3,5 millones

El discurso de la “austeridad”, los sermones televisivos sobre el ajuste y la repetida exigencia oficial de que “la gente haga el esfuerzo” volvieron a chocar contra un dato incómodo para el Gobierno. Una investigación periodística reveló que Manuel Adorni y su esposa, Bettina Angeletti, registraron consumos con tarjetas de crédito por más de $85 millones durante 2025, en un contexto en el que el salario bruto declarado del funcionario rondaba los $3,5 millones mensuales y ella figuraba como monotributista.

Por Roque Pérez para NLI

La información, publicada por La Nación y replicada por distintos medios, agrega un nuevo elemento al creciente escándalo alrededor del patrimonio y el nivel de vida del Jefe de Gabinete de Milei. No se trata solamente de gastos altos: el punto central es la diferencia entre los ingresos declarados y el volumen de consumos sostenidos durante meses. Según los registros reconstruidos a partir de datos del Banco Central y documentación bancaria, el matrimonio habría gastado un promedio de $7,1 millones mensuales, es decir, más del doble del sueldo bruto que percibía Adorni desde el Estado.

El problema no son las tarjetas: es el origen de los fondos

El oficialismo intentó instalar en redes sociales que la polémica responde a una “campaña” contra un funcionario exitoso o incluso a una discusión banal sobre gastos personales. Sin embargo, la cuestión de fondo es otra: cómo se financiaron esos niveles de consumo y cuál fue el origen de los fondos utilizados para cancelar las deudas sin registrar mora ni atrasos.

La reconstrucción financiera señala que desde diciembre de 2023 —cuando Adorni desembarcó en la Casa Rosada— hasta marzo de 2026, la pareja acumuló consumos por más de $176 millones en tarjetas VISA, Mastercard y American Express. Además, se registraron casi 200 débitos bancarios para cancelar esos gastos.

El dato se vuelve políticamente explosivo porque el propio Gobierno convirtió el ajuste sobre jubilados, trabajadores estatales y universidades en una bandera moral. Mientras millones de argentinos sufrieron caída del consumo, tarifazos y licuación salarial, el principal portavoz del “no hay plata” aparece asociado a consumos millonarios difíciles de explicar con los ingresos oficialmente conocidos.

Del avión presidencial al “tarjetazo”

La nueva revelación no aparece en el vacío. Se suma a una cadena de episodios que ya venían erosionando la imagen pública del funcionario libertario. En los últimos meses, Adorni quedó bajo cuestionamiento por el viaje a Nueva York junto a su esposa en el marco del evento “Argentina Week”, por vuelos privados a Punta del Este y por versiones sobre operaciones inmobiliarias incompatibles con el patrimonio declarado.

La acumulación de casos empieza a dibujar un patrón incómodo para el relato libertario. El Gobierno que llegó prometiendo “terminar con los privilegios de la casta” ahora enfrenta denuncias y sospechas alrededor de funcionarios que exhiben estilos de vida muy superiores a los ingresos que formalmente perciben.

El contraste es todavía más fuerte porque el mileísmo construyó buena parte de su legitimidad pública atacando la corrupción política tradicional. Cada nueva revelación erosiona esa narrativa y expone una contradicción central: mientras se exige sacrificio permanente a la sociedad, algunos funcionarios parecen vivir en una realidad económica completamente distinta.

La doble vara del ajuste

La situación también deja expuesta otra dimensión política. Durante años, sectores mediáticos y judiciales impulsaron investigaciones patrimoniales agresivas contra dirigentes opositores incluso por inconsistencias mucho menores o meras sospechas sin documentación concreta. En este caso, la información surge de registros bancarios, movimientos financieros y datos oficiales reconstruidos por una investigación periodística basada en documentación reservada.

El problema para el Gobierno no es solamente jurídico. Es simbólico. Porque Adorni no es un funcionario más: fue durante meses la cara cotidiana del ajuste, el encargado de justificar despidos, recortes y motosierra. Cada conferencia suya repetía la idea de que el Estado debía “ordenarse” y que los argentinos tenían que acostumbrarse a vivir con menos.

Ahora la pregunta inevitable empieza a circular incluso fuera de la oposición: ¿cómo se sostiene un discurso de austeridad extrema cuando quienes lo encarnan aparecen asociados a gastos millonarios imposibles de compatibilizar fácilmente con sus ingresos declarados?


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