Las grabaciones que Nadia Beller asegura tener sobre Fernando Cerimedo pueden aportar claves sobre el origen y filtración de los audios que desataron el escándalo ANDIS.
Por Ignacio Álvarez Alcorta para NLI

La causa por las presuntas maniobras de corrupción en la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS) vuelve a quedar atravesada por una pregunta central: ¿de dónde salieron los audios que desataron el escándalo? Ahora, una pieza que podría resultar decisiva está en manos de Nadia Shirley Beller Delgado, la expareja de Fernando Cerimedo que permanece internada en Bolivia después de sobrevivir a un ataque a tiros. La mujer asegura conservar grabaciones de conversaciones con el consultor político y sostiene que en ellas quedó registrado el relato sobre cómo fueron filtrados los audios atribuidos al exdirector de ANDIS Diego Spagnuolo.
La importancia de esas grabaciones no reside solamente en lo que Beller dice que contienen. El verdadero punto de fondo es que podrían aportar elementos para reconstruir el origen de la evidencia que puso en marcha la investigación judicial. Y ese aspecto tiene consecuencias concretas: la procedencia de los audios fue cuestionada desde el comienzo por las defensas, mientras la Justicia busca determinar si se trató de registros auténticos, cómo fueron obtenidos y quién decidió hacerlos públicos.
En las últimas horas, la diputada nacional Marcela Pagano pidió al juez federal Ariel Lijo que cite a Beller como testigo con carácter urgente. El planteo incluye que la mujer pueda declarar por videoconferencia desde Bolivia y que se adopten medidas para preservar las grabaciones y cualquier soporte digital que las contenga.
La frase que puso las grabaciones en el centro
Beller habló desde el hospital y fue contundente al referirse a las conversaciones que asegura haber mantenido con Cerimedo. Según su relato, el consultor le habría contado que él y su esposa, Natalia Basil, participaron de la filtración de los audios de Spagnuolo.
La mujer no presentó esa afirmación solamente como un recuerdo de una conversación. Aseguró que conserva el registro de lo que Cerimedo le habría dicho. «Eso lo tengo grabado y él sabe que lo tengo grabado», afirmó durante una entrevista.
El dato es especialmente relevante porque Basil tuvo un vínculo directo con ANDIS. Durante 2024 ocupó el cargo de directora nacional de Apoyos y Asignaciones Económicas del organismo. De acuerdo con el relato de Beller, esa posición habría sido parte de la conexión que permitió acceder al material que luego tomó estado público.
Pero hay una diferencia fundamental entre una denuncia periodística y una prueba judicial: que Beller afirme tener una grabación no significa todavía que su contenido haya sido verificado por la Justicia. Para que pueda adquirir valor probatorio deberán preservarse los archivos originales, establecerse su autenticidad, analizarse sus metadatos y garantizarse una cadena de custodia que permita demostrar que el material no fue alterado.
Precisamente por eso el pedido de Pagano apunta no solamente a escuchar a Beller, sino también a obtener los archivos originales y sus soportes. La presentación solicita que se preserve la evidencia digital y que pueda realizarse una extracción forense del material.
El origen de los audios, la pieza que todavía falta
El escándalo ANDIS no comenzó con una denuncia formal basada en documentos administrativos. Llegó a la escena pública a partir de grabaciones atribuidas a Spagnuolo, en las que se hablaba de presuntas coimas y de un mecanismo de recaudación dentro del organismo.
Desde entonces, uno de los principales interrogantes judiciales fue determinar qué ocurrió antes de que esos audios fueran difundidos.
La pregunta puede dividirse en varias: ¿quién los obtuvo?, ¿quién los conservó?, ¿quién los filtró?, ¿eran registros auténticos?, ¿fueron editados?, ¿hubo una operación política detrás de su difusión?
La Justicia ya había recibido cuestionamientos sobre la legalidad del origen de las grabaciones. Según el escrito presentado por Pagano, la Cámara Federal ordenó avanzar sobre esos interrogantes y el juez dispuso un peritaje destinado a analizar el material. Ese análisis se encuentra condicionado, entre otras cuestiones, por la negativa de Spagnuolo a aportar una muestra indubitada de voz.
En ese contexto aparece el supuesto archivo de Beller.
Si efectivamente existe una conversación en la que Cerimedo explica cómo llegaron los audios a manos de quienes los difundieron, el expediente podría incorporar una línea de evidencia independiente sobre la génesis de las grabaciones.
Y allí aparece uno de los puntos más interesantes del planteo judicial. Si se comprobara que los audios eran registros auténticos obtenidos y filtrados por particulares, podría perder fuerza uno de los argumentos utilizados para cuestionar la causa: que la evidencia habría tenido un origen estatal ilícito.
No significa que eso determine por sí mismo la existencia de delitos. Significa algo más preciso: podría modificar sustancialmente la discusión sobre la validez de la prueba que dio origen al expediente.
Del relato de una mujer baleada a una posible prueba judicial
El contexto vuelve todavía más delicada la situación.
Beller fue atacada a tiros el lunes 17 de agosto frente a un hotel de Santa Cruz de la Sierra. Sobrevivió después de recibir varios disparos y permanece internada. Horas después del ataque, Cerimedo fue detenido en Bolivia cuando se disponía a viajar hacia Buenos Aires. La Justicia boliviana investiga el ataque y la posible responsabilidad del consultor, quien conserva el principio de presunción de inocencia.
En paralelo, sus declaraciones introdujeron nuevamente a Cerimedo en el expediente argentino.
Esto explica la urgencia planteada por Pagano. No alcanza con que Beller diga que tiene las grabaciones: hay que preservarlas antes de que puedan perderse, modificarse o desaparecer. La presentación advierte justamente sobre el riesgo que existe para una evidencia digital que podría encontrarse en dispositivos o archivos relacionados con la mujer.
El pedido contempla incluso que Beller entregue los archivos originales, sus metadatos y los dispositivos donde estén almacenados, o que autorice una extracción forense. También plantea la necesidad de establecer mecanismos de protección para la testigo.
Es decir, lo que hasta ahora circuló como una declaración explosiva desde una cama de hospital podría transformarse en material concreto para una investigación judicial.
La diferencia entre lo que Beller afirma y lo que falta probar
Hay que separar dos cuestiones. Por un lado está lo que Beller asegura: que Cerimedo le contó cómo se filtraron los audios y que ella conserva grabaciones de esas conversaciones. También afirma que el consultor le habría señalado a Natalia Basil como parte de ese proceso. Por otro lado está aquello que todavía debe establecerse: si las grabaciones existen, si son auténticas, si la voz corresponde efectivamente a Cerimedo, cuándo fueron realizadas, si fueron editadas y qué dijo exactamente el consultor.
Esa distinción es fundamental. Porque si el material aparece, puede ser sometido a peritajes. Puede compararse con otras comunicaciones. Puede analizarse su fecha. Pueden estudiarse sus metadatos. Y, sobre todo, puede confrontarse su contenido con las declaraciones que ya existen dentro del expediente.
La causa ANDIS necesita precisamente eso: evidencia verificable que permita salir del terreno de las versiones enfrentadas.
Por eso las grabaciones que Beller dice conservar pueden convertirse en una pieza de enorme importancia.
No porque su existencia pruebe automáticamente una trama de corrupción. Tampoco porque una acusación pronunciada desde un hospital pueda reemplazar una investigación judicial. Su importancia está en otro lugar: podrían permitir reconstruir una parte hasta ahora oscura de la historia de los audios que originaron el escándalo.
Y esa historia conduce directamente al corazón del expediente: quién grabó, quién filtró, por qué lo hizo y qué relación existía entre quienes tenían acceso al material y quienes finalmente lo hicieron público.
Ahora la Justicia tiene que determinar si Nadia Beller puede aportar la respuesta.
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