Con carácter, contundencia y un Leandro Paredes decisivo, el Xeneize derrotó 3-1 a Vasco da Gama en Río de Janeiro, revirtió el 0-1 de la Bombonera y se metió en la definición continental. Di Lollo y Merentiel construyeron la remontada en el primer tiempo; el capitán la selló sobre el final con un golazo que silenció el Maracaná.
Por Ignacio Elfratini para NLI

Boca Juniors volvió a demostrar que su historia continental se escribe también en las noches en las que parece tener todo en contra. En un Maracaná colmado, frente a un Vasco da Gama que llegaba con la ventaja conseguida en la Bombonera, el equipo de Rodolfo Arruabarrena ganó 3-1, dio vuelta la serie por un global de 3-2 y se clasificó para la final de la Copa Sudamericana 2026. No fue una clasificación cómoda ni una serie resuelta por la camiseta: fue una remontada construida con eficacia, personalidad para jugar bajo presión y la aparición determinante de un futbolista que parecía llegar con lo justo desde lo físico, pero terminó convirtiéndose en el héroe de la noche.
El golpe fue doble. Boca había perdido 1-0 en la ida y necesitaba ganar en Brasil para seguir con vida en el torneo. Del otro lado había un estadio histórico, un rival dispuesto a defender su ventaja y una eliminatoria que obligaba al Xeneize a encontrar respuestas futbolísticas lejos de casa. La misión se volvió todavía más exigente por el escenario y por lo que estaba en juego, pero el conjunto argentino salió a jugar con una determinación que cambió rápidamente el clima de la semifinal.
Dos golpes para cambiar la historia
Apenas habían transcurrido cuatro minutos cuando Boca encontró la primera llave para abrir la serie. Lautaro Blanco ejecutó un córner desde la izquierda y Lautaro Di Lollo ganó de cabeza en el área para establecer el 1-0. El defensor puso al Xeneize nuevamente en carrera y trasladó toda la presión al conjunto brasileño, que había llegado al partido con la ilusión de administrar la ventaja obtenida en Buenos Aires.
El gol temprano modificó el escenario táctico. Boca ya había conseguido lo que necesitaba para igualar el resultado global y podía explotar los espacios que Vasco dejara al intentar recuperar el control. El equipo brasileño tuvo algunas aproximaciones, pero no logró sostener una respuesta consistente durante la primera mitad. Los dirigidos por Arruabarrena, en cambio, encontraron profundidad y supieron castigar los errores de su rival.
A los 34 minutos llegó el segundo golpe. Una equivocación defensiva de Saldivia dejó la pelota en poder de Sebastián Villa, que lanzó el pase hacia adelante para Miguel Merentiel. El delantero uruguayo controló, se acomodó y definió ante la salida de Léo Jardim para poner el 2-0. Boca había pasado de estar eliminado a quedar arriba en el marcador de la revancha y en la serie global. La remontada, que al comienzo parecía una misión compleja, ya tenía forma concreta.
La diferencia también reflejaba una cuestión fundamental de las eliminatorias: no alcanza con controlar la pelota ni con sostener una ventaja si el equipo no consigue administrar los momentos críticos. Vasco había ganado en la Bombonera, pero en su propia casa sufrió dos golpes que lo obligaron a abandonar el plan inicial. Boca, por su parte, encontró en la contundencia ofensiva la herramienta que le había faltado en el primer encuentro.
Vasco reaccionó, pero apareció Paredes
El segundo tiempo planteó otra historia. Obligado a buscar el gol que lo devolviera a la serie, Vasco adelantó sus líneas, asumió mayores riesgos y empezó a inquietar con más frecuencia. Boca ya no encontró los mismos espacios y debió resistir los avances de un rival que comprendió que el margen de error se había terminado.
A los 21 minutos del complemento, José Luis Rodríguez, conocido como Puma Rodríguez, aprovechó una pelota que quedó disponible en el área y descontó para el conjunto brasileño. El 1-2 igualó el resultado global 2-2 y volvió a poner la clasificación en suspenso. La semifinal ingresó entonces en su tramo más tenso: cada ataque podía cambiar el destino de la serie y los penales aparecían como una posibilidad concreta.
En ese contexto, Arruabarrena recurrió a Leandro Paredes. El capitán había llegado a Brasil después de una recuperación acelerada de una lesión muscular y comenzó el partido en el banco de suplentes. Su presencia era una apuesta para el momento decisivo, y el entrenador la utilizó cuando el encuentro reclamaba jerarquía, claridad y capacidad para resolver bajo presión.
Paredes no necesitó dominar durante largos minutos para dejar su marca. A los 43 del segundo tiempo, tomó la pelota fuera del área y sacó un remate que cambió de trayectoria y terminó en la red ante una respuesta fallida del arquero Léo Jardim. Fue el 3-1, el gol que estableció el 3-2 global y que terminó de quebrar la resistencia de Vasco.
El capitán apareció cuando Boca más lo necesitaba. Su remate tuvo la potencia y la precisión necesarias para convertirse en el golpe definitivo de una semifinal que amenazaba con prolongarse hasta los penales. El festejo xeneize contrastó con la desazón del estadio brasileño: el equipo argentino había llegado obligado a ganar y se marchaba con el pasaje a la final.
Una clasificación que alimenta la ilusión xeneize
La victoria tiene un valor que va más allá del resultado. Boca había perdido el primer partido en su cancha y afrontaba la revancha con la obligación de revertir la historia en territorio brasileño. Consiguió hacerlo con dos goles en la primera mitad, soportó la reacción del rival y encontró en Paredes la definición que necesitaba para cerrar la eliminatoria.
El camino hasta la final también merece atención. El Xeneize dejó atrás al O’Higgins de Chile en los playoffs, superó al Recoleta paraguayo en los octavos de final y eliminó a San Pablo en los cuartos. La victoria ante Vasco completa una campaña que adquirió una dimensión especial después de la eliminación en la fase de grupos de la Copa Libertadores. Boca encontró en la Sudamericana una oportunidad para reconstruir sus aspiraciones internacionales y ahora está a un partido de coronar ese recorrido.
La clasificación, además, vuelve a colocar al club en el centro de la escena continental. Con dos títulos de la Sudamericana, obtenidos en 2004 y 2005, el Xeneize buscará sumar una nueva conquista a su historia internacional. La final está programada para el 21 de noviembre en Barranquilla, Colombia, y su rival saldrá de la otra semifinal entre Atlético Mineiro y Montevideo City Torque.
En Río de Janeiro, Boca no ganó solamente un partido: respondió a una derrota previa, soportó la presión de una revancha decisiva y encontró soluciones cuando el rival había conseguido devolver la incertidumbre a la eliminatoria. Di Lollo abrió el camino, Merentiel amplió la ventaja y Paredes puso la firma final. El Maracaná fue el escenario de una noche que los hinchas xeneizes recordarán por mucho tiempo.
Boca está en la final. Y después de una remontada de estas características, la ilusión vuelve a viajar con fuerza: el Xeneize tendrá una nueva oportunidad de conquistar América.
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