Los cables submarinos de Internet, el nuevo foco de la competencia geopolítica

El desarrollo de Internet ha moldeado de manera substancial el mundo que conocemos. Su desarrollo se podría catalogar como la transformación tecnológica definitoria de la era actual, que abre una nueva era de la información en la que la comunicación global, además de convertirse en realidad, puede suceder en un instante.

Aunque a veces pensemos que el Internet es algo inmaterial y transmitido principalmente a través de satélites, la realidad es bien distinta. Está respaldada por una infraestructura en forma de cables físicos que atraviesan el mundo, por tierra y por debajo de los océanos.

Los cables que se encuentra en el fondo del mar son una piedra angular de esta red. Concretamente, el 97% del tráfico de Internet y 10 billones de dólares en transacciones financieras diarias pasan por cables submarinos, que en conjunto recorren 1.2 millones de kilómetros, más de tres veces la distancia existente entre la Tierra y la Luna.

La pandemia generada por el coronavirus ha provocado que se registre una aceleración de la digitalización a escala planetaria. Este hecho ha provocado que los estudios sobre seguridad y geopolítica que tienen como base todo lo relativo a la digitalización y por ende el desarrollo de Internet hayan cobrado aún si cabe más relevancia. Aunque hasta la fecha no se ha reportado ningún ataque internacional contra cables submarinos, se trata de un equipamiento critico que tiene sus riesgos, vulnerabilidades y el potencial para ser el foco de nuevas tensiones y conflictos de carácter geopolítico, ya que la infraestructura que permite el funcionamiento de Internet es cada vez más un foco de competencia geopolítica.

La importancia geopolítica de los cables submarinos

La posesión de los cables submarinos y sus rutas son cuestiones cada vez más sensibles ya que estos cables juegan un papel fundamental en la protección de datos, el desarrollo económico y las relaciones diplomáticas entre Estados. Actualmente, Estados Unidos y China son los principales actores, y rivales, en este mercado. Aunque todavía Pekín se encuentra considerablemente por detrás de Washington, esto está cambiando rápidamente. Algunas fuentes subrayan que China se ha convertido en propietario o proveedor del 11.4% de los cables submarinos del mundo, una proporción que se proyecta que crecerá hasta el 20% a finales de esta década.

En la última década, el balance de poder entre las potencias globales en relación a la infraestructura digital submarina ha cambiado. Hace diez años, la hegemonía estadounidense era indiscutida. A partir de 2015, China se ha empezado a convertir en un competidor creíble – Arturo Varvelli, European Council on Foreign Relations

La apuesta de China de expandirse en el sector ha causado malestar en Estados Unidos. En agosto de 2020, la Casa Blanca presionó a las compañías Facebook y Google hasta que logró parar la construcción de un cable submarino entre Estados Unidos y Hong Kong como parte de un proyecto a gran escala denominado ‘Pacific Light Cable Network’ (PLCN). En aquel momento, el Gobierno estadounidense afirmó que la infraestructura concedería una “oportunidad sin precedentes” para el espionaje del Partido Comunista Chino. Actualmente, el PLCN sigue en pie, siempre y cuando no se conecte con el gigante asiático.

Desde el punto de vista operativo, según Colombo, Solfrini y Varvelli del European Council for Foreign Relations, la geopolítica de los cables submarinos “se asemeja a la de los oleoductos y gaseoductos”. Según los investigadores, el tema central “es la importancia vital de los puntos de entrada de la infraestructura, y de las áreas y países por los que pasa”. Los investigadores subrayan que los Estados usan frecuentemente “pretextos legales para ralentizar u obstruir la construcción de cables submarinos si se oponen a algún aspecto del consorcio o Estado que lo respaldan”.

El caso de la Unión Europea

A diferencia de China o Estados Unidos, la Unión Europea, según apuntan los investigadores Colombo, Solfrini y Varvelli, “no ha desarrollado plenamente su propio enfoque del problema”. Afirman que esto podría “debilitar” los esfuerzos de la UE para convertirse en un actor “más soberano en un mundo de creciente competencia geopolítica”. Subrayan que “en lugar de trabajar juntos en la búsqueda de intereses europeos compartidos”, los miembros de la Unión Europea y las empresas con sede en la UE “todavía compiten en gran medida entre sí” en el despliegue y la gestión de la infraestructura de Internet. Al mismo tiempo, según estos investigadores, “las empresas con sede en la UE tienen relaciones sólidas con numerosos Estados; han construido y financiado la construcción de gran parte de la infraestructura de Internet en todo el mundo; y operan muchos cables existentes”.

No obstante, existen señales de que el bloque europeo ha empezado a prestar más atención a esta cuestión submarina. Desde 2019, la Comisión Europea ha declarado explícitamente su objetivo de ser una “Comisión geopolítica”. De acuerdo con esto, el concepto de “soberanía digital” se está volviendo cada vez más importante a medida que la Comisión aborda los nuevos desafíos a los que se enfrenta la Unión Europea. A día de hoy, la UE está elaborando una amplia agenda digital europea que incluye la idea de que la Unión debería de convertirse “en un actor unificado en el ámbito de la tecnología, especialmente en lo que respecta a la potencia informática, el control de datos, y la seguridad de la conectividad”.

Para lograrlo, según subrayan Colombo, Solfrini y Varvelli, “será necesario crear instrumentos legales, reglamentarios y financieros que puedan ayudar a la UE a promover activamente los valores y principios europeos en este ámbito”. Los investigadores defienden que “sin sus propias capacidades digitales y autonomía, Europa no podrá competir plenamente con otros actores en el espacio tecnológico, y se verá atrapado en la creciente competición entre Estados Unidos y China por la supremacía tecnológica”.

Los cables submarinos son una infraestructura crítica porque son esenciales para otras partes de la economía. En términos generales, cuanto mayor sea la cantidad de cables y rutas submarinas disponibles, mejores serán las líneas de comunicación en los países a los que se conectan, y mejor será la protección contra las interrupciones que podrían conducir al colapso de la red digital – Colombo, Solfrini y Varvelli, European Council on Foreign Relations.

Sin embargo, el poder de otorgar licencias para construir infraestructura digital recae únicamente en los estados miembros, ya que la UE no puede conceder licencias ni acordar una política común para el sector, a pesar de los “posibles beneficios para los Estados miembros de la UE de desarrollar una estrategia armonizada”, subrayan los investigadores. Y añaden lo siguiente:

Italia, Francia y España comparten un gran interés en el área mediterránea más amplia por razones geográficas y políticas, pero sus empresas nacionales están llevando a cabo sus propias iniciativas para conectar Europa con África y Oriente Medio. Actualmente, estas iniciativas carecen de coordinación y, a menudo, implican una cooperación directa con empresas de potencias competidoras como China. No es inusual que empresas de diferentes países formen consorcios para construir y gestionar cables submarinos; esto es igualmente cierto para los países de la UE y de fuera de la UE en la vecindad mediterránea más amplia, y de China y los EE. UU. Pero la falta general de coordinación obstaculiza la búsqueda de la UE de una “soberanía estratégica” digital – Colombo, Solfrini y Varvelli, European Council on Foreign Relations.

Los legisladores europeos son cada vez más conscientes, según Colombo, Solfrini y Varvelli, de que los Estados que dominan el sector, principalmente China y Estados Unidos, disponen del poder de “fomentar la digitalización de la región, imponer estándares regulatorios, facilitar condiciones favorables para sus operadores en los mercados digitales y promover asociaciones entre los países de la región”. Añaden que, si la UE “no logra fortalecer su influencia en la región mediterránea, otros actores globales llenarán este espacio” y que “lo harán creando dependencias tecnológicas que probablemente sean perjudiciales para los intereses de la UE”.

Gentleza: EnOrsai

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