Se reedita Globótika

El agotado libro argentino de Ciencia Ficción será reeditado por Peces de Ciudad

Por la Redacción de Noticias La Insuperable

Globótika es un libro que suena a clásico. Aquellos que han atravesado sus páginas descorren reminicensias a “1984” de George Orwell, o a “Un mundo feliz” de Aldous Huxley. Otros, parecen percibir gotas de inspiración en el campo cinematográfico; así, nombran a “Matrix”, “Terminator”, “Blade Runner” y “Brazil” como presentes en sus páginas. El autor, ante estos comentarios, sonríe. Todos esos clásicos, y varios más, han sido parte de su vida y, por ende, es natural que se inscriban en su obra.

El autor de Globótika es Guillermo Carlos Delgado Jordan, frecuente columnista en Noticias La Insuperable aunque en otros campos más vinculados a la política. Pero cuando se le consulta el por qué de expresarse en campos tan distantes, él solo habla de herramientas distintas pero con un mismo propósito. “Globótika. La Revolución de los Sueños no es más que una metáfora de los tiempos que corren. Y aunque no transcurre en algún lugar físico identificable, está claramente inspirada en esta Argentina de la grieta, del monopolio mediático”, nos dice.

Las novedades vienen por lo visual. Globótika presenta nueva portada de la mano del brillante dibujante Elmo Rocko, que en palabras del autor del libro “acerca la estética del libro al universo de la historieta que también le ha servido de inspiración”. Para el diseño, se contó con la colaboración de Luciano Addesi.

Este 31 de octubre será la presentación oficial en Cusca Risun, en San Telmo, donde asimismo se presentará la reedición, también por la Editorial Peces de Ciudad, de la hermosa novela “Mis muertos amarillos” de Alejandra Decurgez.

Para finalizar, compartimos la reseña de Globótika realizada por Alejandro Lagreca para el sitio Ficcional:

En 1964, cinco años antes del nacimiento formal de Internet, Herbert Marcuse publicaba El hombre unidimensional, un llamado de atención respecto de la uniformidad cultural, los procesos económicos y el consumo impuestos por intereses productivos —secundados por medios masivos y publicidad—, en sociedades de apariencia liberal, democrática, pero totalitarias en la realidad profunda. No muchos años después, en el imperio global de las TIC y la sociedad red, el avance hacia el temido universo plano, unidimensional, se hizo más evidente. El resto del camino y la meta, si la hubiere, interpelan al analista pero, sobre todo, desafían la imaginación.

En esta línea, la novela de Guillermo Delgado Jordan propone un itinerario ficcional que se proyecta desde la racionalidad de los acontecimientos del presente y los indicios que dan verosimilitud a los mundos posibles de la literatura. La historia se desarrolla en un contexto de singular armonía: el monopolio perfecto de una organización que satisface todas las necesidades humanas. Bajo la tutela nutricia de Globótika, los seres humanos han llegado a ser, literalmente, individuos. Dedicados a sí mismos, liberados de tentaciones gregarias, convivencia, familia y relaciones inciertas, transitan una existencia segura, predecible, enclaustrados en la virtualidad de la red. Pueden elegir, incluso, qué soñar en horas de descanso. Sus únicas obligaciones son para con la organización, que les demanda un esfuerzo de trabajo mínimo. Ya no hay estados nacionales, ni política, ni ideologías; está Globótika, es suficiente.

Oscar, el narrador protagonista, vive en esta seguridad y confort individual que él supone, como le enseñó la organización, abarca a todos los seres vivientes. Es mecánico a distancia y sólo se traslada a las instalaciones de Globótika esporádicamente. En uno de esos traslados, un violento episodio lo sustrae de la confortable virtualidad. Sus primeros contactos con el miedo, la desazón y las dudas lo llevan a iniciar el viaje interior que lo acercará a la humanidad de sus semejantes. Liberado del inocuo mundo onírico a la carta, experimenta las inquietudes de los sueños verdaderos, incontrolables, e intenta descifrar sus claves. Selva, personaje femenino esencial, líder de la resistencia a la virtualidad, lo motiva y conmueve. Ella le generará la confianza necesaria para unirse al pequeño grupo de personas que ya no dependen de la organización monopólica ni de interacciones o sueños prefabricados.

Con sus personajes instalados en un mundo carente de velos digitales, casi yermo y sin la tutela de Globótika, el autor despliega una acción signada por la inquietud del riesgo inminente de zozobra. Un complejo vaivén de tradiciones y motivos literarios enriquece el sustrato del texto, que bordea las distopías clásicas pero las elude con acierto tras los inevitables contactos. Resuenan más Víctor Hugo, los revolucionarios y Valjean por las cloacas de París, o la pesadilla de los túneles de Vietnam de El eco negro de Connelly, que Philip K. Dick o Aldous Huxley. La epopeya es acotada porque no hay salvajes, tribus ni marginales con quienes aliarse; el universo del monopolio cibernético es absoluto y el poco numeroso —en verdad ínfimo— grupo de disidentes sólo trajina la constatación de la desigualdad de fuerzas con el objetivo de explotar la única fisura simbólica, un incierto talón de Aquiles organizacional que tal vez pudiere resultar vulnerable desde una trinchera onírica. La revolución de los sueños nada tiene que ver con ilusiones forjadas en la vigilia, tampoco con fantasías o proyectos ideales. Es sólo volver a soñar libremente cuando se duerme. Un tesoro de disidencia a recuperar cuando ya se ha perdido todo.

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