La contundente victoria del peronismo en la provincia de Buenos Aires encendió las alarmas de Wall Street. El Riesgo País superó los 1.000 puntos y refleja la creciente desconfianza sobre la viabilidad del plan económico de Milei.
Por Celina Fraticiangi para Noticias La Insuperable

El mercado reacciona a la elección
El resultado electoral del domingo en la provincia de Buenos Aires dejó algo más que un dato político: los bonos de la deuda pública se desplomaron y con ellos el Riesgo País trepó por encima de los 1.000 puntos básicos, según el indicador elaborado por el JP Morgan.
El salto no fue casual. Los inversores venían marcando su escepticismo en las ruedas previas, con el índice ya instalado sobre los 900 puntos. Pero la victoria del peronismo, con una diferencia de más de 10 puntos, fue el golpe final que disparó la métrica.
Milei insiste, pero no convence
A pesar de que Milei ratificó su rumbo económico “a rajatabla”, el mercado duda. Los grandes fondos especulan con que, ante la presión social y política, el Gobierno pueda verse forzado a ampliar el gasto público. Y si eso ocurre, la capacidad de pago de los próximos vencimientos de deuda se vuelve mucho más incierta.
Lejos de transmitir confianza, el discurso oficial parece ahondar la brecha con los actores financieros, que interpretan que el “market-friendly” quedó en slogans y no en medidas concretas.
Una advertencia clara
Analistas internacionales ya lo habían anticipado: si el peronismo lograba una victoria amplia, los precios de los bonos se derrumbarían y el Riesgo País escalaría. No fallaron.
En este escenario, la foto que dejó Buenos Aires actúa como una advertencia del mercado: Milei no la tendrá fácil de cara a la elección del 26 de octubre, donde se definirá la nueva conformación del Parlamento Nacional.
El límite político del ajuste
El salto del Riesgo País expone la fragilidad del plan económico de la actual gestión: sin base política sólida y con la calle en alerta, el ajuste encuentra un límite natural.
La derrota bonaerense no sólo fue un golpe simbólico: muestra que la sociedad rechaza el experimento libertario y que la resistencia al modelo de exclusión está creciendo. En ese marco, los inversores ven un horizonte inestable y reaccionan en consecuencia.
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