Trump, el megalómano que se atribuye la paz mundial mientras ataca a la ONU

En un discurso cargado de soberbia, Donald Trump se presentó en la Asamblea General de la ONU como un “creador de paz” y acusó al organismo internacional de ser solo “palabras vacías”. El republicano se endiosó, adjudicándose la resolución de siete guerras en apenas ocho meses de mandato, y descalificó a Naciones Unidas por “no haberlo ayudado”.


Un discurso de autoelogio desmedido

Trump abrió su intervención en la Asamblea General de la ONU recordando que “han pasado seis años desde la última vez que estuve en esta sala” y asegurando que en su primer mandato el mundo estaba “en paz”. Según su versión, desde entonces “las armas de guerra han destruido la paz que yo creé en dos continentes”. Una declaración que refleja el costado megalómano del republicano, convencido de ser el único capaz de garantizar la estabilidad mundial.

El magnate habló justo después de Luiz Inácio Lula da Silva, presidente de Brasil, y no dudó en contrastar su figura con la de su antecesor Joe Biden, a quien responsabilizó por el desorden global.


La ONU, en la mira

Con tono desafiante, Trump cargó contra las Naciones Unidas. “¿Cuál es el propósito de las Naciones Unidas? Ni siquiera se acerca a cumplir con su potencial”, disparó. Y agregó: “En general, al menos por ahora, todo lo que parecen hacer es escribir una carta muy enérgica y luego nunca darle seguimiento. Son palabras vacías, y las palabras vacías no resuelven la guerra”.

El republicano insistió en que el organismo “ni siquiera trató de ayudar” en las negociaciones que él mismo dice haber encabezado, una crítica que deja entrever su desprecio por los mecanismos multilaterales.


El “pacificador” autoproclamado

En un pasaje de su discurso que rozó lo delirante, Trump aseguró que en apenas ocho meses de mandato contribuyó a cerrar siete guerras: entre Camboya y Tailandia; Kosovo y Serbia; Pakistán y la India; Israel e Irán; Egipto y Etiopía; Armenia y Azerbaiyán; y Congo y Ruanda. “Me siento muy honrado de haberlo hecho. Es una lástima que yo tuviera que hacer estas cosas en lugar de las Naciones Unidas”, sostuvo.

Más que un repaso diplomático, lo suyo fue una puesta en escena mesiánica, en la que se ubicó como salvador por encima de los 193 Estados miembros de la ONU.


Gaza y la defensa cerrada de Israel

Al referirse al conflicto en Gaza, Trump reafirmó su alineamiento incondicional con Israel. Rechazó la posibilidad de reconocer un Estado palestino al señalar que sería una “recompensa” para Hamás. “Las recompensas serían demasiado grandes para los terroristas de Hamás por sus atrocidades”, advirtió.

Para cerrar, reclamó: “En lugar de ceder a las exigencias de Hamás, quienes desean la paz deberían unirse en un solo mensaje: ‘Liberen a los rehenes ahora’. Tenemos que detener la guerra en Gaza de inmediato. Tenemos que negociar la paz. Tenemos que recuperar a los rehenes”.


Entre la soberbia y el mesianismo

El discurso de Trump dejó claro su perfil de líder endiosado, convencido de que solo él puede resolver los conflictos internacionales. Su ataque frontal a la ONU y la apropiación del título de “pacificador global” son dos caras de la misma moneda: la de un político que, en lugar de fortalecer la diplomacia multilateral, prefiere colocarse en el centro de la escena mundial como si fuera un semidiós.

La escena internacional se enlaza además con la visita de Milei a Estados Unidos, en busca de un préstamo urgente que lo ayude a llegar con aire a las elecciones de octubre. Una jugada que, lejos de fortalecer la soberanía argentina, exhibe la sumisión del libertario a Trump y su disposición a entregar el país a cambio de dólares que funcionen como salvavidas electoral.


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