Cuando Almendra dejó de ser un susurro: «Pototo», Carlos y Leonardo Favio

Antes de que existiera el “rock nacional” como etiqueta, hubo cuatro pibes que firmaron un simple sin saber que estaban abriendo una puerta nueva. Y hubo un cantante–director de cine que escuchó una melodía ajena, la llevó a millones y, sin proponérselo, les cambió la escala. Esta es la historia —humana y sonora— del primer simple de Almendra y del inesperado espaldarazo de Leonardo Favio.

Por Carlos Alberto Resurgián para NLI


El simple que parecía chico pero cargaba un mundo

El 20 de septiembre de 1968 salió a la calle un vinilo de 7 pulgadas con una portada sobria y dos canciones que no se parecían a nada: “Tema de Pototo (Para saber cómo es la soledad)” en la cara A y “El mundo entre las manos” en la B.
El sello era Vik, una subsidiaria de RCA. El catálogo: 31Z-1368. Era el primer registro oficial de Luis Alberto Spinetta, Edelmiro Molinari, Emilio Del Güercio y Rodolfo García; cuatro chicos de barrio, muy jóvenes, pero cada uno con una brújula interna distinta.

La puerta hacia el disco se las había abierto Ricardo Kleiman, heredero de una de las sastrerías más importantes de Buenos Aires y el responsable del exitoso ciclo radial Modart En La Noche, y que llevó a los cuatro directamente «del garaje a la grabadora», sin prácticamente haber tocado en vivo.

La canción que lideraba el simple tenía una historia privada detrás: Pototo era Mario D’Alessandro, amigo cercano, protagonista involuntario de un malentendido que lo dio por muerto cuando no lo estaba. De esa mezcla de ternura, confusión y susto nació una letra que jamás sonó a tragedia, sino a abrazo.
Spinetta la cantaba como si ya fuera eterno. Molinari la tejía con acordes que parecían de otro lado. Del Güercio le daba una calidez de suelo. Y García, el cuarto adolescente, la caminaba con una batería precisa y humilde.

Para un rock argentino (música Beat, entonces para los medios) que recién empezaba a ponerse pantalones propios, ese simple fue como abrir una ventana y encontrar otro clima.


Cómo llegan estos pibes a un sello

En esa Buenos Aires de fines de los 60, el circuito era mínimo pero vibrante. Almendra ensayaba, buscaba sonido, mostraba canciones de living. No eran “una banda famosa”: eran pibes talentosos que impactaban a quien los escuchara a dos metros.

La versión más sólida —la que coincide en distintas crónicas y memorias de la época— cuenta que Kleiman los vio ensayar, percibió que ahí pasaba algo distinto y los acercó a RCA/Vik.

«Era el sueño del pibe —recuerda Rodolfo García, en el libro Crónica e Iluminaciones de Eduardo Berti—. No lo podíamos creer. Nos propuso trabajar con Horacio Malvicino o con Rodolfo Alchourrón. Elegimos a Alchourrón y a los pocos días apareció con un cuadernito y un lápiz para tomar nota y trabajar con nosotros».

El resto, por entonces, no tenía épica: tenían las canciones, tenían hambre artística, y tenían dieciocho, diecinueve, veinte años. Así empezó un grupo que después marcaría generaciones.


Favio escucha, graba y multiplica

Mientras el simple de Almendra circulaba tímido, otra historia se cruzó en paralelo. Leonardo Favio, ya figura masiva, ya voz popular, ya artista querido por todos los hogares, escuchó la canción de Spinetta. Le conmovió. La tomó. La grabó. La incluyó en su primer LP, “Fuiste mía un verano”, editado por CBS el 26 de noviembre de 1968. ¡Apenas dos meses después del primer simple de Almendra!

La autoría se respetó: Spinetta y Molinari figuraron como compositores. El título quedó reducido a su frase principal: “Para saber cómo es la soledad”. En esos años la industria funcionaba así: si un tema pasaba de un sello a otro, o si lo tomaba un artista de mayor masividad —como Favio—, la discográfica se permitía moldearlo como producto, sin consultar demasiado a los pibes que lo habían escrito en un departamento de barrio.

Favio no sólo la cantó: le agregó un recitado. Allí menciona a un tal Carlos. La tradición oral del mundo Favio apunta a Carlos Esmoris, figura cercana al cantante. La historia queda en el terreno honesto de lo plausible, no de lo probado.

Carlos
Yo no me olvido
Te hiciste al caído
Y cuando fue tu noche
Yo no estuve a tu lado
Para tender mi mano
Pero es que no sabía
Perdóname.

Lo que sí es un hecho es que la versión de Favio llevó la canción a lugares donde Almendra todavía no podía sonar. Radios gigantes, festivales, hogares que no sabían quién era ese tal Spinetta pero de pronto tarareaban su melodía.

Y acá la pregunta justa:
¿Favio hizo famoso a Almendra?
No.
Pero sí aceleró la circulación de una canción que venía del under, y eso —para un grupo recién nacido— fue una inyección inesperada.


Y las ventas, el “impacto”, el número redondo que todos quieren saber

Lo cierto es que no existen cifras oficiales verificables de ventas del simple de Almendra ni tiradas certificadas del LP de Favio en 1968. La industria era opaca, los archivos desordenados y el rock argentino recién nacía; no había organismos que midieran nada.

Lo que sí sabemos —y lo sabemos porque se repite en todas las crónicas serias— es que el simple de Almendra tuvo una circulación modesta, y que la versión de Favio explotó en un público mayor, no por polémica sino porque Favio era Favio: una voz amada.

Y «el Flaco» un nene de 19 años que se estaba preparando para bendecir al mundo.


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