Un nuevo informe internacional revela un giro histórico en la competencia científica mundial, con Beijing a la cabeza en la mayoría de las tecnologías consideradas estratégicas.
Por Alina C. Galifante para NLI

La radiografía más reciente de la investigación en ciencia y tecnología mundial muestra un cambio estructural de enorme magnitud: China figura como líder en casi el 90 % de las tecnologías consideradas cruciales para el futuro económico, industrial y estratégico global. El dato surge del análisis publicado en la revista Nature, basado en el “Critical Technology Tracker” del Instituto Australiano de Política Estratégica (ASPI), un think tank independiente que monitorea el liderazgo en investigaciones de alto impacto científico.
Según el informe, que se basa en 74 campos tecnológicos emergentes y críticos —desde biotecnología y energía nuclear hasta inteligencia artificial y satélites— China encabeza la investigación en 66 de ellos, mientras que Estados Unidos figura al frente solo en ocho áreas de esos 74 evaluados. Esta distribución representa una inversión radical frente al inicio del siglo XXI, cuando Washington lideraba más del 90 % de estas tecnologías y Beijing solo un reducido porcentaje.
¿Qué significa este liderazgo?
Este liderazgo se mide a partir de la producción y el impacto de publicaciones científicas altamente citadas, lo cual es un indicativo poderoso de dónde se generan los conocimientos que pueden transformarse en innovación tecnológica y ventajas competitivas. “China ha hecho progresos increíbles en ciencia y tecnología, lo que se refleja tanto en la I+D como en las publicaciones científicas”, señaló Ilaria Mazzocco, investigadora del Centre for Strategic and International Studies, en diálogo con Nature sobre los resultados del rastreador tecnológico.
Aunque estos datos no garantizan automáticamente superioridad industrial o comercial, sí dibujan un mapa donde Beijing acorta y, en muchos casos, supera a sus principales competidores tradicionales en investigación técnica y científica. Esto tiene importantes implicancias políticas y geopolíticas: el dominio en campos como biología sintética, redes de próxima generación o satélites avanzados no solo afecta la economía global sino también cuestiones de seguridad y soberanía tecnológica.
Implicaciones para el futuro
El ascenso científico de China plantea una doble lectura: por un lado, confirma décadas de inversión estatal sostenida en educación superior, investigación y desarrollo tecnológico. Por el otro, evidencia que Estados Unidos y otras potencias pueden estar perdiendo terreno relativo en las fronteras del conocimiento. Algunos analistas advierten que este liderazgo en publicaciones podría no traducirse de inmediato en superioridad tecnológica aplicada —como, por ejemplo, en motores aeronáuticos o semiconductores—, pero reconoce que la trayectoria a largo plazo de Beijing está profundamente arraigada en una estrategia de planificación e inversión estatal robusta.
Este nuevo escenario obliga a replantear las políticas públicas de ciencia y tecnología en las principales economías del mundo, y señala hacia dónde se desplaza el centro de gravedad de la investigación global a medida que avanzamos hacia la segunda mitad del siglo XXI.
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