La petroquímica Sealed Air confirmó 65 despidos en su planta de Quilmes y desató un paro por tiempo indeterminado. Los trabajadores denuncian una reestructuración encubierta, intentos de flexibilización laboral y el quiebre unilateral de las negociaciones.
Por Ignacio Álvarez Alcorta para NLI
La empresa petroquímica Sealed Air confirmó el despido de 65 trabajadores, luego de haber anunciado inicialmente 97 desvinculaciones. Del total afectado, 45 empleados aceptaron retiros voluntarios, en su mayoría trabajadores próximos a la jubilación, como parte de un acuerdo que buscaba reordenar personal y sostener la producción. Sin embargo, lejos de descomprimir el conflicto, la planta permanece totalmente paralizada por un paro indefinido.
La medida de fuerza comenzó tras el fracaso de las negociaciones entre la empresa y los trabajadores, que venían discutiendo la situación desde hacía más de dos meses. La ruptura definitiva se produjo cuando la patronal avanzó con despidos y exigencias que el sindicato considera inadmisibles.
Una negociación que la empresa dinamitó
En declaraciones a Radio 750, el delegado general de la comisión interna, Alfredo Piscopo, explicó que el conflicto se daba en un contexto particular: una sola planta con baja actividad, mientras que las otras tres —que representan cerca del 80% del complejo de Quilmes— trabajaban incluso con horas extras.
Desde el punto de vista de los trabajadores, la reubicación del personal era perfectamente posible, más aún teniendo en cuenta que había empleados de 62 y 63 años que podían avanzar hacia retiros acordados sin necesidad de despidos traumáticos.
Pero el 3 de noviembre, según relató Piscopo, la empresa comunicó abruptamente que, por una supuesta “reestructuración”, 97 trabajadores serían despedidos. A partir de allí se abrió una negociación que avanzaba de manera razonable, con salidas voluntarias y reducción del impacto social.
El quiebre llegó el 29 de diciembre, durante una audiencia en el Ministerio de Trabajo. Allí, la empresa intentó imponer un escrito con múltiples cláusulas de flexibilización laboral que nunca habían sido discutidas. Al negarse los trabajadores a firmar ese paquete de condiciones, Sealed Air dio por terminada la negociación y avanzó con el despido de 65 compañeros.
Flexibilización, ajuste y planta parada
La empresa justifica las cesantías como parte de un “proceso global de optimización de recursos”, aplicando el artículo 245 de la Ley de Contrato de Trabajo y ejecutando una reducción del 40% del personal. Para el Sindicato del Personal Petroquímico, ese argumento encubre un ajuste clásico: menos trabajadores, más producción y menos derechos.
Entre las exigencias patronales rechazadas se encuentran la eliminación de bonos internos y el aumento de la carga laboral con dotaciones reducidas. La respuesta fue inmediata: asambleas, paro total y la paralización completa de la producción, que inicialmente se extendió por tres días y ahora es por tiempo indeterminado.
La intervención del Ministerio derivó en una conciliación obligatoria de 15 días, con reintegración provisoria, pero el quiebre de las conversaciones y la decisión empresaria de avanzar igual con los despidos agravaron el conflicto.
Hoy, la planta sigue detenida. Los trabajadores esperan que la empresa retome el diálogo real, sin aprietes ni condicionamientos, y advierten que no aceptarán una “reestructuración” que se traduzca en flexibilización laboral y despidos masivos.
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