Venezolanos pro Trump detenidos por Migraciones: cuando el aplauso no compra inmunidad

Salieron a festejar la captura de Nicolás Maduro en Nueva York y terminaron esposados, detenidos y con procesos de deportación en marcha. El episodio expone el cinismo de la política migratoria estadounidense: no hay aliados, solo descartables.

Por Tomás Palazzo para NLI

La escena ocurrió en las calles de Nueva York y fue tan elocuente como brutal. Un grupo de ciudadanos venezolanos salió a celebrar públicamente la captura de Nicolás Maduro, alineándose con la intervención de Estados Unidos en Venezuela. Horas después, muchos de ellos estaban detenidos por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), acusados de no contar con estatus migratorio regular.

Según los reportes, tras participar en actos públicos de apoyo a la acción estadounidense, los venezolanos fueron interceptados por agentes migratorios que procedieron a verificar su situación legal. Al no tener documentación, fueron arrestados y clasificados como migrantes ilegales, iniciándose procesos de deportación sin contemplaciones ni excepciones.

El doble discurso en acción

El hecho generó una ola de críticas porque deja al desnudo una verdad incómoda: Estados Unidos no premia lealtades ideológicas ni adhesiones públicas. Para la maquinaria migratoria, no existe la figura del “aliado útil”. Quien no tiene papeles, no tiene derechos, incluso si aplaude las intervenciones de Washington en el extranjero.

Organizaciones defensoras de migrantes señalaron que el caso revela el doble discurso de un país que se presenta como adalid de la libertad y la democracia, pero criminaliza y encierra a quienes viven y trabajan en su territorio sin documentos, aun cuando apoyen activamente su política exterior.

El mensaje es claro y repetido a lo largo de la historia: Estados Unidos no respeta causas, discursos ni adhesiones; solo hace valer su poder. Y ese poder se ejerce con leyes migratorias durísimas que se aplican sin matices cuando conviene.

De la celebración a la jaula

Un video que se viralizó en redes sociales terminó de condensar la contradicción. En la imagen se ve a uno de los venezolanos detenidos, detrás de las rejas, reflexionando tarde sobre lo ocurrido. Allí dice que ellos solo estaban festejando la captura de Nicolás Maduro cuando los pusieron en esas condiciones, que le parecía injusto, y que ahora, desde la jaula, ya no sabe quién es el malo: pensaba que el dictador era Maduro, pero es Donald Trump quien los tiene encerrados.

La frase, más allá de su carga emocional, funciona como síntesis política. El poder no necesita agradecidos: necesita obediencia y papeles. Todo lo demás es prescindible.

Una lección que se repite

El episodio deja al descubierto una constante histórica que en América Latina se conoce bien. Quienes entregan su causa a una patria ajena terminan siendo descartables cuando dejan de servir. No hay épica, no hay protección, no hay reconocimiento.

En Estados Unidos, la ley migratoria se impone sin distinción. Incluso contra quienes celebran sus operaciones, levantan sus banderas y repiten su relato. El aplauso no compra inmunidad.


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