El fuego pone en evidencia a un Estado abandónico.
Por Roque Pérez para NLI

Los incendios forestales que azotan a la provincia de Chubut ya se convirtieron en una de las peores catástrofes ambientales de los últimos años. Con miles de hectáreas arrasadas, más de cinco mil personas evacuadas y focos aún activos en la cordillera, la emergencia dejó al descubierto la fragilidad del sistema de prevención, la falta de recursos estructurales y una sospecha cada vez más firme: el fuego no fue accidental.
La situación sigue siendo crítica en la Comarca Andina, especialmente en las zonas de Puerto Patriada, Epuyén, El Hoyo y áreas rurales cercanas. El fuego avanza sobre bosques nativos, plantaciones y zonas habitadas, empujado por altas temperaturas, sequía extrema y ráfagas de viento que complican el trabajo en tierra y aire.
Según los últimos partes oficiales, ya se quemaron más de cinco mil hectáreas, con decenas de viviendas afectadas o destruidas, pérdida de animales, daños productivos y un impacto ambiental que llevará décadas revertir. Las evacuaciones preventivas y obligatorias alcanzaron tanto a pobladores permanentes como a turistas que se encontraban en la región.
Evacuaciones, rutas cortadas y pueblos en vilo
El avance de las llamas obligó a desalojos masivos y al cierre parcial de rutas estratégicas, incluida la Ruta 40 en algunos tramos. Escuelas, clubes y centros comunitarios fueron habilitados como espacios de contención, mientras familias enteras debieron abandonar sus hogares sin saber si podrán volver.
El humo denso, la caída de cenizas y la falta de visibilidad generaron además problemas respiratorios, especialmente en niños y personas mayores, sumando una dimensión sanitaria a la crisis ambiental.
Un operativo enorme… pero siempre tarde
En el combate del fuego participan más de quinientos brigadistas, bomberos voluntarios y personal especializado, con apoyo aéreo que incluye helicópteros y el Boeing 737 hidrante, capaz de descargar miles de litros por pasada. También se sumaron equipos de otras provincias y apoyo logístico externo.
Sin embargo, incluso desde el propio territorio se repite una crítica conocida: los refuerzos llegaron cuando el fuego ya estaba desatado. La falta de prevención, de infraestructura permanente y de políticas sostenidas de manejo del bosque vuelve a quedar en evidencia cada verano, cuando la Patagonia arde.
Incendios intencionales y una investigación en marcha
La hipótesis de la intencionalidad ya no es un rumor. Las pericias iniciales detectaron focos múltiples y presencia de material acelerante, descartando causas naturales o accidentales. La Justicia investiga posibles responsabilidades y no se descarta la participación de intereses económicos vinculados a la especulación inmobiliaria y al uso del suelo.
Mientras tanto, el discurso oficial promete sanciones ejemplares, pero la historia reciente muestra que pocas veces hay condenas y casi nunca responsables políticos por la falta de control y prevención.
Una tragedia ambiental que no es natural
Lo que ocurre en Chubut no es sólo un desastre climático. Es el resultado de años de desinversión, ausencia de planificación y una mirada extractivista que subestima el valor del bosque nativo y de las comunidades que lo habitan.
Cada hectárea quemada es biodiversidad perdida, es agua futura comprometida y es un recordatorio brutal de que sin Estado presente, el fuego avanza.
Mientras las llamas siguen activas y el peligro no cede, la Patagonia vuelve a pagar el precio de políticas que llegan siempre después del desastre.
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