El presidente de Estados Unidos volvió a apuntar contra la isla con advertencias directas, presión económica y despliegue militar en la región. En medio de una crisis energética y social profunda, Washington busca asfixiar a Cuba y disciplinar a los gobiernos que no se alinean con su agenda.
Por Bruno A. Monteverde para NLI

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a tensar la cuerda en el Caribe y puso ahora a Cuba en el centro de su ofensiva geopolítica. A través de un mensaje publicado este domingo en su red Truth Social, el mandatario estadounidense advirtió al gobierno de Miguel Díaz-Canel que la isla debe llegar a un acuerdo con Washington “antes de que sea demasiado tarde”, en un tono abiertamente intimidatorio.
Las declaraciones se conocieron poco después de que Nicolás Maduro rompiera el silencio desde Nueva York, donde permanece detenido, y forman parte de una escalada discursiva y militar que apunta a reconfigurar el mapa político regional bajo tutela estadounidense. Trump aseguró que Cuba “no recibirá más dinero ni petróleo desde Venezuela”, a la que señaló como su principal fuente de financiamiento durante los últimos años.
En su mensaje, el presidente norteamericano afirmó que “Cuba sobrevivió durante muchos años gracias al petróleo y al dinero de Venezuela” y acusó a La Habana de haber brindado “servicios de seguridad” a los gobiernos venezolanos. Con una retórica belicista, Trump sostuvo que esa etapa “se acabó” y celebró lo que definió como el fin de la influencia cubana en Caracas.
Presión militar y cerco económico
La amenaza no quedó solo en palabras. Días atrás, medios estadounidenses revelaron que Washington reposicionó fuerzas militares en el Caribe, incluyendo el despliegue de dos buques de guerra al norte de Cuba, una señal clara de presión estratégica sobre la isla. El movimiento se inscribe en una política histórica de hostigamiento que combina sanciones, bloqueos y demostraciones de fuerza.
Trump fue aún más lejos al afirmar que Venezuela “cuenta ahora con Estados Unidos, el Ejército más poderoso del mundo”, y prometió protección directa desde Washington. En ese marco, lanzó una advertencia explícita: “¡No más petróleo ni dinero para Cuba! ¡Nada!”, reforzando el objetivo de asfixiar económicamente al gobierno cubano.
Este endurecimiento se da en simultáneo con otros focos de tensión impulsados por la Casa Blanca, como las declaraciones sobre Irán y las amenazas de intervención en México, que incluso generaron rechazos dentro del propio Partido Demócrata.
Crisis energética y auxilio mexicano
Mientras tanto, Cuba atraviesa una grave crisis energética desde mediados de 2024, producto del deterioro de sus centrales eléctricas y de la falta de divisas para importar combustible. Los apagones prolongados se volvieron parte de la vida cotidiana, agravando el malestar social en un contexto económico ya muy golpeado.
Ante este escenario, el gobierno cubano recurrió a México para sostener el suministro energético. Días atrás, el petrolero Ocean Mariner arribó a la bahía de La Habana con unos 86.000 barriles de combustible provenientes de la estatal Pemex, en un gesto de cooperación regional que Washington observa con desconfianza. La embarcación, con bandera de Liberia, es una de las que en los últimos años transportaron combustible desde territorio mexicano hacia la isla.
Inflación y deterioro social
A la crisis energética se suma una situación económica crítica. Cuba cerró 2025 con una inflación interanual del 14,07 % en el mercado formal, mientras que los precios se triplicaron desde 2020, según datos oficiales. El índice de precios al consumidor superó el 77 % en 2021 y, aunque descendió en los años siguientes, continúa golpeando con fuerza el poder adquisitivo de la población.
Lejos de reconocer el impacto del bloqueo económico que Estados Unidos mantiene sobre la isla desde hace más de seis décadas, la administración Trump redobla la presión y busca responsabilizar al gobierno cubano por un escenario que es consecuencia directa del cerco financiero, comercial y energético impuesto desde Washington.
Rubio y la retórica de la subordinación
En la misma línea, el secretario de Estado Marco Rubio afirmó días atrás que, si estuviera en el gobierno cubano, “estaría preocupado”, y celebró lo que definió como una victoria estadounidense tras la captura de Maduro. Rubio incluso sostuvo que Venezuela “debe declarar su independencia de Cuba”, una frase que expone con crudeza la lógica colonial que guía la política exterior norteamericana en la región.
Todo indica que, tras la ofensiva contra Venezuela, la administración Trump ahora concentra su fuego sobre Cuba, profundizando una estrategia de disciplinamiento regional que combina amenazas, sanciones y despliegue militar. En el Caribe, el imperialismo vuelve a mostrar que no tolera proyectos soberanos que se aparten de su órbita.
Descubre más desde Noticias La Insuperable
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
