La presidenta mexicana se le planta a Trump.
Por Bruno A. Monteverde para NLI

La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, fijó una postura firme frente a los cuestionamientos provenientes de Estados Unidos y ratificó que su país continuará enviando petróleo a Cuba, sin cambios y dentro de los marcos legales vigentes. La definición llega en un contexto de crecientes presiones impulsadas por la administración de Donald Trump para que distintos países rompan vínculos energéticos con la isla.
Sin estridencias ni gestos de confrontación, Sheinbaum dejó en claro que los envíos de crudo no superan los niveles históricos y se realizan en línea con la política exterior mexicana, tradicionalmente basada en la cooperación, la no injerencia y la ayuda humanitaria. La mandataria sintetizó su posición con una frase que rápidamente tomó relevancia regional: “Cada país es soberano y decide sobre sus recursos naturales”.
México, un actor central en el abastecimiento energético cubano
El trasfondo de esta discusión es clave. Durante 2025, Cuba recibió más petróleo mexicano que venezolano, un dato que refleja un cambio significativo en el mapa energético del Caribe. Actualmente, México aporta alrededor del 44% del crudo que importa la isla, con envíos cercanos a 17 mil barriles diarios, lo que representa un volumen anual estimado en unos 400 millones de dólares.
Desde el gobierno mexicano remarcan que este rol no implica un salto abrupto ni una decisión coyuntural, sino la continuidad de una relación energética sostenida en el tiempo. Sin embargo, el dato no pasa desapercibido: la reducción del suministro venezolano y las dificultades estructurales del sector energético cubano colocaron a México en una posición estratégica inesperada.
Presiones de Washington y límites claros
Las advertencias provenientes de Estados Unidos, en especial desde sectores alineados con Trump, buscan condicionar este tipo de acuerdos bajo el argumento de “aislar” a Cuba. Frente a ese escenario, Sheinbaum optó por un mensaje medido pero contundente: México no confronta, pero tampoco subordina su política energética ni su soberanía.
En la Casa Blanca saben que avanzar sobre esta decisión implicaría tensar una relación bilateral sensible, atravesada por el comercio, la migración y la seguridad regional. Por eso, al menos por ahora, las presiones se expresan más en el plano discursivo que en medidas concretas.
Un dato para seguir de cerca
Analistas regionales coinciden en que si se intensifica la presión sobre Venezuela o se profundizan sus limitaciones para exportar crudo, México podría ganar todavía más peso como proveedor clave de Cuba. Ese escenario reforzaría la autonomía mexicana en materia energética y consolidaría su histórico perfil diplomático de independencia frente a Washington.
El mensaje, en definitiva, quedó claro: México decide en función de sus propios intereses y principios, incluso cuando eso incomoda al poder estadounidense.
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