Como si el país hubiera entrado al otro lado de Hawkins, una seguidilla de hechos insólitos, climáticos y políticos parece confirmar que algo raro está pasando en la Argentina. Olas gigantes donde no deberían existir, diluvios urbanos, accidentes tan improbables que rozan lo fantástico y un relato económico que no cierra ni con luces de Navidad.
Por Tomás Palazzo para NLI

Desde hace semanas, la sensación es la de estar mirando una temporada nueva de Stranger Things, pero con mate, empanadas y conferencias de prensa. En el pueblo imaginario de Hawkins había portales; acá, los portales se abren en la costa, en las autopistas y en los informes oficiales.
El clima como mensaje del “otro lado”
Por un lado la ola gigante en la costa bonaerense, un meteotsunami que dejó víctimas, heridos y una pregunta flotando en el aire: ¿qué hace una ola de ese tipo en un balneario familiar? El mar avanzó como si alguien hubiera abierto una grieta invisible entre dimensiones, recordando que la naturaleza no suele pedir permiso cuando se la ignora.
No olvidemos el diluvio en el AMBA, con autos flotando en la Panamericana, shoppings anegados y barrios convertidos en lagunas improvisadas. No fue ciencia ficción: fue agua, granizo y caos real. Pero el clima, como en las mejores series, parecía insistir con una advertencia que algunos prefieren no escuchar.
Señales pequeñas, rarezas gigantes
En medio de ese escenario, apareció una escena digna de guion surrealista: un vidrio que cae desde lo alto y le pega en la cabeza a un hombre que tomaba café tranquilamente. Nada sobrenatural, dirán algunos. Pero en tiempos extraños, incluso lo cotidiano parece cargado de un simbolismo inquietante: nadie está del todo a salvo cuando el mundo pierde estabilidad.
En Stranger Things, el mal no siempre aparece de golpe. A veces se manifiesta en detalles mínimos, en ruidos extraños, en objetos que caen sin explicación. La Argentina de hoy parece moverse en ese mismo registro.
La economía como el monstruo invisible
Y entonces llega el capítulo final, el más político de todos. El nuevo IPC de diciembre marcó 2,8% y volvió a subir, mientras desde el Gobierno insisten en que la inflación “está bajando”. El problema es que, en el mundo real, los precios subieron mucho más del 30% anual, aunque el relato oficial intente vender otra historia.
Como Henry Creel antes de convertirse en algo más oscuro, hay personajes que niegan la realidad que tienen enfrente. Negar el cambio climático, negar los datos que no convienen, negar lo que la gente siente en el bolsillo. En Hawkins eso abría portales. En la Argentina, abre una brecha cada vez más grande entre el discurso y la vida cotidiana.
No hace falta decirlo explícitamente. Las analogías están ahí, flotando en el aire, como las luces titilando cuando algo del otro lado se acerca. Cuando la realidad se niega sistemáticamente, lo extraño deja de ser excepción y se vuelve norma.
La pregunta no es si estamos viviendo una versión local de Stranger Things. La pregunta es cuánto más va a durar esta temporada y quién va a animarse, de una vez, a cerrar el portal.
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