El último secreto del rinoceronte lanudo

Una investigación paleogenómica de alto impacto logró reconstruir el genoma más completo jamás obtenido de un rinoceronte lanudo. El hallazgo derriba una de las hipótesis más repetidas sobre su desaparición: la especie no estaba genéticamente colapsada antes de extinguirse.

Por Alina C. Galifante para NLI

Durante décadas, la extinción del rinoceronte lanudo fue explicada como el resultado inevitable de poblaciones pequeñas, aisladas y genéticamente debilitadas. Sin embargo, un nuevo estudio científico acaba de poner en crisis esa narrativa. Gracias a técnicas de secuenciación de ADN antiguo de altísima precisión, investigadores lograron analizar el genoma completo de uno de los últimos ejemplares de esta especie icónica del Pleistoceno tardío, y los resultados son tan inesperados como reveladores.

Un genoma rescatado del hielo… y del estómago de un lobo

El material genético analizado proviene de un rinoceronte lanudo que vivió hace aproximadamente 14.400 años, en los momentos finales de la especie. El ADN se conservó de manera excepcional en el tejido blando hallado dentro del estómago de un lobo juvenil, también preservado en el permafrost siberiano. Esta circunstancia extraordinaria permitió obtener un genoma de alta cobertura, es decir, con un nivel de detalle poco común en estudios de ADN antiguo.

La calidad del material permitió a los científicos reconstruir el genoma con una precisión comparable a la de especies actuales, superando las limitaciones habituales del ADN fósil, que suele estar fragmentado y degradado por el paso del tiempo.

La última comida de este cachorro de lobo prehistórico se convirtió, miles de años después, en una inesperada cápsula del tiempo que hoy ayuda a explicar la desaparición del rinoceronte lanudo.

¿Había endogamia antes de la extinción?

Uno de los objetivos centrales del estudio fue determinar si las poblaciones finales de rinocerontes lanudos sufrían endogamia, un fenómeno frecuente en especies en declive que reduce la diversidad genética y aumenta la vulnerabilidad biológica. Este tipo de deterioro deja huellas claras en el genoma: largos tramos de ADN idéntico heredados de ancestros comunes y una notable reducción de variabilidad genética.

Sin embargo, el análisis comparativo con otros genomas antiguos de rinocerontes lanudos mostró algo sorprendente: no hay señales claras de endogamia reciente ni de colapso genético en los individuos cercanos al momento de la extinción. La diversidad genética se mantenía relativamente alta, incluso en las etapas finales de la existencia de la especie.

Una extinción rápida, no un lento agotamiento

Estos resultados sugieren que el rinoceronte lanudo no desapareció tras un largo proceso de decadencia biológica, sino probablemente como consecuencia de cambios ambientales abruptos. El período en el que vivió este último ejemplar coincide con fuertes fluctuaciones climáticas asociadas al final de la última glaciación, cuando el calentamiento rápido transformó los ecosistemas de estepa fría que sostenían a la megafauna.

La evidencia genética respalda la idea de una extinción rápida, impulsada por alteraciones ambientales profundas, y no por una erosión genética prolongada. Esto cambia de manera significativa la forma en que se interpreta la desaparición de grandes mamíferos del pasado.

Lecciones para la ciencia actual

Más allá del caso del rinoceronte lanudo, el estudio aporta enseñanzas clave para la biología evolutiva y la conservación. Demuestra que no todas las extinciones dejan huellas genéticas previsibles y que una especie puede desaparecer aun conservando una diversidad genética saludable.

También amplía el horizonte metodológico de la paleogenética, al mostrar que fuentes inusuales de ADN, como restos biológicos contenidos en otros animales, pueden convertirse en archivos genéticos de enorme valor cuando las condiciones de preservación son excepcionales.

El pasado como advertencia

Comprender cómo y por qué se extinguieron especies del pasado no es un ejercicio académico aislado. En un contexto de cambio climático acelerado y pérdida de biodiversidad, estos hallazgos funcionan como una advertencia: la resiliencia genética no siempre alcanza cuando el entorno cambia demasiado rápido.

El rinoceronte lanudo no murió por ser débil. Murió porque el mundo que lo sostenía dejó de existir.


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