Mientras en la Argentina el gobierno de Milei insiste en empujar el modelo de las Sociedades Anónimas Deportivas como si fueran sinónimo de modernidad, los números del fútbol mundial cuentan una historia muy distinta. El ranking de los 50 clubes más valiosos del planeta deja un dato contundente: tres de los cinco primeros son entidades civiles, manejadas por sus socios y sin propietarios privados.
Por Ignacio Elfratini para NLI

El dato que incomoda al discurso pro SAD
Según el ranking internacional de clubes más valiosos elaborado por Sportico, el podio y el top cinco están lejos de responder al modelo empresario que se intenta vender como inevitable. Real Madrid, FC Barcelona y Bayern Munich, tres gigantes absolutos del fútbol mundial, no son sociedades anónimas, no tienen accionistas mayoritarios ni fondos de inversión detrás. Son clubes de socios, asociaciones civiles sin fines de lucro, gobernadas por sus miembros.
El contraste es evidente: Manchester United y Liverpool, los otros dos clubes que completan el top cinco, sí responden a esquemas privados, con dueños, holdings y decisiones concentradas en pocas manos. Sin embargo, el liderazgo económico y deportivo global sigue estando en manos de entidades civiles.
Socios, democracia interna y poder real
En el caso de Real Madrid y Barcelona, el modelo es claro y directo: los socios eligen autoridades, definen el rumbo institucional y mantienen la propiedad colectiva del club. No hay accionistas, no hay dueños, no hay posibilidad de venta del patrimonio social.
Bayern Munich, por su parte, funciona bajo el esquema alemán del 50+1, que garantiza que el control del club permanezca siempre en manos de la asociación de socios, incluso cuando existen sociedades comerciales para la gestión profesional. El poder de decisión, político y estratégico, sigue siendo de los miembros.
Este dato no es menor: el club más dominante de Alemania y uno de los más poderosos de Europa no solo no es una SAD, sino que tiene prohibido serlo.
El mito del “sin SAD no hay competitividad”
Uno de los principales argumentos del lobby pro SAD en la Argentina es que sin capital privado los clubes quedan condenados al atraso, la improvisación y la quiebra. El ranking mundial demuestra lo contrario. Los clubes más valiosos del planeta, los que más facturan y los que más títulos ganan, no necesariamente tienen dueños privados.
Incluso dentro del top 50, las entidades civiles no son una rareza: Borussia Dortmund, Ajax y Eintracht Frankfurt también conservan estructuras asociativas con control de socios, mientras que la mayoría de los clubes privados dependen de magnates, estados extranjeros o fondos financieros.
Argentina: el verdadero debate de fondo
En este contexto, el intento de imponer las SAD en el fútbol argentino aparece menos como una modernización y más como una transferencia de poder. Pasar de clubes de socios a sociedades anónimas no significa eficiencia automática, sino pérdida de control democrático, riesgo de vaciamiento patrimonial y ruptura del lazo social y cultural que define a los clubes en la Argentina.
Los números internacionales desarman el relato oficial: el éxito deportivo y económico no depende de tener dueño, sino de gestión, identidad, masa social y proyecto institucional.
Un modelo que resiste
Mientras Milei y su entorno insisten en importar un modelo que ya fracasó en varios países, el fútbol global muestra que las entidades civiles no solo sobreviven, sino que lideran. Tres de los cinco clubes más valiosos del mundo son prueba viviente de que el fútbol puede ser grande, rentable y competitivo sin dejar de ser de sus socios.
El problema, entonces, no es el modelo asociativo. El problema es quién quiere quedarse con los clubes.
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