Por más que la dibujen, la inflación no para

El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) informó este 10 de febrero que la inflación de enero fue del 2,9%, un dato que el Gobierno intentó presentar como parte del proceso de desaceleración. Sin embargo, la cifra se conoció en medio de una fuerte crisis institucional dentro del organismo y con la decisión oficial de no aplicar el nuevo índice de precios que ya estaba elaborado. Más allá de la narrativa, los precios siguen subiendo y el bolsillo no encuentra alivio.

Por Celina Fraticiangi para NLI

Un 2,9% que llega en medio del escándalo

El número de enero no fue un dato más. Se publicó pocos días después de la renuncia de Marco Lavagna a la dirección del INDEC, en medio de tensiones por la actualización metodológica del Índice de Precios al Consumidor (IPC).

El organismo tenía listo un nuevo esquema de medición que actualizaba la canasta y las ponderaciones según los hábitos de consumo actuales. Sin embargo, el Gobierno decidió postergar su aplicación. Oficialmente se argumentó que no era conveniente cambiar la metodología en plena desaceleración inflacionaria.

Puertas adentro, la lectura fue otra: el nuevo índice podía mostrar una inflación más alta, lo que complicaría el discurso económico de Milei y de Luis Caputo.

Qué muestran los números

El 2,9% mensual de enero confirma que la inflación sigue en niveles elevados para una economía que pretende estabilizarse. La suba estuvo impulsada principalmente por alimentos y bebidas, servicios y rubros vinculados al consumo cotidiano.

En la Ciudad de Buenos Aires, el índice local marcó 3,1%, reforzando la tendencia. Aunque el Gobierno insiste en destacar que la inflación ya no está en los niveles críticos del año pasado, la dinámica mensual sigue erosionando salarios, jubilaciones y changas.

Un 2,9% mensual implica que el problema estructural continúa. No es un dato menor ni puede relativizarse con comparaciones selectivas.

Cambiar el índice no cambia la realidad

La discusión por la metodología no es técnica ni inocente. La forma en que se mide la inflación determina la lectura pública del fenómeno. Actualizar la canasta es un paso lógico en cualquier país serio. Postergarlo en medio de tensiones políticas genera sospechas.

La renuncia de Lavagna dejó en evidencia que hubo diferencias profundas sobre la oportunidad y el impacto del nuevo cálculo. La credibilidad del INDEC vuelve a quedar bajo observación, en un contexto donde la confianza estadística es clave para inversiones, paritarias y decisiones económicas.

Mientras tanto, la economía real no se rige por comunicados. El supermercado, la factura de servicios y el alquiler no esperan discusiones metodológicas.

Por más que se posterguen índices, se ordenen relatos o se intente administrar expectativas, el dato es concreto: la inflación fue 2,9% en enero y sigue golpeando el poder adquisitivo.

Por más que la dibujen, la inflación no para.


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