Cambia el calendario de vacunación. Todo lo que tenés que saber si tenés hijos pequeños

El nuevo Calendario Nacional de Vacunación 2026 modifica la edad de aplicación de vacunas clave en la infancia. Qué cambia, cómo era antes y por qué impacta en bebés y niños pequeños.

Por la Redacción de NLI

El Gobierno oficializó hoy cambios en el Calendario Nacional de Vacunación que afectan directamente a bebés y niños pequeños. La modificación central implica un cambio en el esquema de una de las vacunas más sensibles del sistema sanitario: la triple viral.

La actualización adelanta la aplicación de la segunda dosis para fortalecer la protección en edades tempranas frente a enfermedades altamente contagiosas como el sarampión, la rubéola y las paperas. Se trata de una reorganización del calendario que modifica el momento de inmunización sin eliminar coberturas.

Qué cambia desde 2026 en la vacunación infantil

La principal modificación establece que la segunda dosis de la vacuna triple viral pasará a aplicarse entre los 15 y 18 meses de edad.

Hasta ahora, esa segunda dosis se aplicaba recién al ingreso escolar, alrededor de los 5 años. Con el nuevo esquema, los niños completarán la inmunización básica durante la primera infancia.

Esta decisión implica un adelantamiento de varios años en la protección completa contra enfermedades que pueden provocar brotes severos en los primeros años de vida.

La actualización forma parte de una reorganización del sistema de prevención que incluye la distribución de vacunas específicas desde el inicio de 2026 para garantizar el cumplimiento del nuevo esquema.

Cómo era el calendario antes

El esquema tradicional contemplaba una primera dosis de triple viral al año de vida y un refuerzo recién a los 5 o 6 años.

Ese modelo respondía a una lógica histórica vinculada al ingreso escolar, cuando aumenta la exposición a virus respiratorios en ámbitos de socialización masiva.

Sin embargo, implicaba que durante varios años los niños contaran con inmunidad incompleta frente a enfermedades de alta transmisibilidad.

El calendario argentino, que incluye vacunas desde el nacimiento hasta la adolescencia, se estructuraba por etapas de crecimiento para generar inmunidad progresiva frente a patologías prevenibles como poliomielitis, meningococo o neumococo.

Por qué se adelanta la segunda dosis

El cambio responde a la necesidad de reducir el tiempo en que los niños permanecen con protección parcial frente a enfermedades que pueden reaparecer ante caídas en la cobertura.

En los últimos años se registró un descenso en los niveles de vacunación infantil que encendió alertas en el sistema sanitario. Ese fenómeno se combina con el riesgo de reintroducción de enfermedades eliminadas o controladas, como el sarampión, en un contexto de alta circulación internacional.

Adelantar la segunda dosis busca cerrar esa ventana de vulnerabilidad inmunológica y lograr protección completa antes del ingreso a espacios de socialización temprana como jardines maternales.

La decisión también se inscribe en la tendencia internacional de fortalecer la inmunización en los primeros años de vida para evitar brotes y sostener la inmunidad colectiva.

Qué deben tener en cuenta las familias

El nuevo esquema alcanza principalmente a niños nacidos desde mediados de 2024, que comenzarán a recibir la segunda dosis dentro del rango de 15 a 18 meses.

Esto implica que muchos calendarios personales deberán actualizarse en función de la nueva recomendación pediátrica, por lo que se vuelve clave revisar el carnet de vacunación y seguir las indicaciones del sistema de salud.

Las vacunas continúan siendo gratuitas y obligatorias dentro del sistema público, sin necesidad de orden médica.

Un calendario que se adapta al contexto

El Calendario Nacional de Vacunación no es una estructura fija sino una herramienta dinámica que se ajusta según evidencia científica, evolución epidemiológica y niveles de cobertura.

Lo que cambia en 2026 no es la importancia de vacunar, sino el momento en que se protege a los más chicos.

El objetivo sanitario es anticipar la inmunidad para reducir riesgos en la primera infancia y sostener la prevención frente a enfermedades que siguen representando una amenaza cuando disminuyen los niveles de vacunación.


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