Los últimos y los primeros

¿Podría proyectarse el futuro de la humanidad a partir de una hipotética guerra entre Estados Unidos y China?

Por Jorgelina Áster para NLI

Con la insana desmesura de Trump siempre a la vista, es razonable sospechar que la mentada paciencia de los líderes chinos está al límite. Para peor, a Europa, entre la tragedia y la caricatura civilizatoria, se la percibe comatosa. Temer una guerra chino-estadounidense ya ha dejado de ser una fantasía especulativa.

Si en 1933 Cadícamo creía que al mundo le faltaba un tornillo, hoy podríamos imaginarlo invocando  el stock completo de una ferretería. Así las cosas, entre distopías cada vez más verosímiles, penurias y temores apocalípticos, con todo tipo de iniquidades a plena luz, la impresión de que nos ha tocado en suerte la era de la quinta raza que anticipó Hesíodo tampoco resultaría fantasiosa.

No en los tan lejanos tiempos de Hesíodo pero sí en los de Cadícamo, mientras el bueno de don Enrique añoraba los pucheros de antaño, se publicó en Londres Últimos y Primeros Hombres, una ambiciosa novela de W.  Olaf Stapledon. Años después considerada un hito en el desarrollo de la ciencia ficción, la obra remontó vuelo internacional.

Borges, en 1937[i]Last and First Men tuvo su primera edición en 1930-, festejaba que Pelican Books la hubiese publicado ese año a un precio “imperceptible y conmovedor de sesenta centavos”. Además, se refería a la narración como “vasta novela de orden profético –trescientas páginas que abarcan la historia futura de la humanidad en un decurso de veinte millones de siglos-”.

El juicio de Borges fue, con mínimas salvedades, elogioso. Y más allá de las posteriores alabanzas de titanes de la ciencia ficción como Arthur C. Clarke, Últimos y Primeros Hombres retorna hoy a los primeros planos literarios no solo por sus méritos narrativos sino también  por el inquietante punto de partida que el autor eligió para iniciar el recorrido de dos mil millones de años.

Para Stapledon, aun hoy perteneceríamos a una especie humana a la que le restan años de penurias que, por desgracia, comenzarían en nuestro siglo XXI con feroces guerras europeas. Destruido el viejo continente, Estados Unidos y China dominarían por tres siglos un mundo en tensión hasta enfrentarse. La guerra entre ambas potencias, finalmente, daría lugar a un Primer Estado Mundial.  

Nosotros seríamos los Primeros Hombres de un total de dieciocho futuras especies humanas. El agotamiento de las reservas naturales del planeta, especialmente la de los combustibles fósiles, marcaría el fin de la civilización, la debacle absoluta. Miles de años más tarde, surgiría la Civilización Patagónica, previa al advenimiento de los Segundos Hombres.

1a. edición

Aunque sabemos que se trata de ficción, igual podemos suponer que los amplios periodos –no tan amplios en el conjunto de milenios de sus proyecciones- que el autor asignó a los Primeros Hombres estaban ligados al conocimiento científico y tecnológico de su época, lo que significaría un inicio coherente, una base verosímil para el tan extenso porvenir imaginado.

Olaf Stapledon falleció en 1950. Últimos y Primeros Hombres, como dijimos, es de 1930. La evolución de la ecología, los estudios ambientales y las ciencias de la tierra aún estaba en pañales. No hubo, por ejemplo, hasta la década del setenta, informes como el de Meadows (“Los límites del crecimiento”, 1972).

Por ende, los siglos de gracia que el autor le dio a los recursos que, agotados, darían lugar a la debacle civilizatoria, bien podría haberlos reducido drásticamente si hubiese llegado a conocer los alarmantes datos que comenzaron a manejarse pocos años después de su muerte, hoy aterradores y solamente ignorados por los más rancios extremistas de la derecha radicalizada.

Sea como fuere, en miles de millones de años proyectados, los hechos cruciales, los itinerarios e hitos evolutivos son lo esencial más allá de fechas tentativas. Prever  desde tan atrás, antes de contar siquiera con el antecedente de la Segunda Guerra lo que hoy vivimos como una realidad geopolítica, no deja de sorprender. Una visión anticipatoria tan precisa inquieta hasta en la ficción.

Borges también dijo que “La obra de Stapledon deja una impresión final de tragedia, y aun de severidad, no de irresponsable improvisación.”. A casi un siglo de distancia, con el diario del lunes de ventaja, hay que refrendar las palabras del maestro.


[i] 23/7/1937: “Last and First Men, de Olaf Stapledon”, en: Textos cautivos, Madrid, Alianza, 1998.


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