Irán escala el conflicto: usa por primera vez un nuevo sistema de misiles y golpea objetivos en Israel y bases de EE.UU.

En el marco de la ofensiva “Promesa Verdadera 4”, Teherán anunció una nueva oleada de ataques con armamento de última generación, en lo que ya se perfila como una escalada militar regional sin precedentes recientes.

Por Bruno A. Monteverde para NLI

Una nueva fase del conflicto: misiles de “nueva generación” y expansión de los blancos

Irán confirmó que en la 65ª ola de ataques utilizó por primera vez un sistema avanzado denominado “Nasrallah”, basado en versiones mejoradas y guiadas del misil Qadr, en una ofensiva que incluyó impactos sobre infraestructuras clave en Israel y bases militares estadounidenses en Medio Oriente.

Según el comunicado oficial de la Guardia Revolucionaria, los ataques alcanzaron refinerías en Haifa y Ashdod, además de centros de seguridad y apoyo militar, ampliando el alcance estratégico de los blancos elegidos. A su vez, también fueron atacadas instalaciones vinculadas a Estados Unidos, como la base de Al-Kharj y otras posiciones en la región.

Este salto tecnológico se inscribe en una dinámica que ya venía en ascenso: días antes, Teherán había anunciado el uso de “misiles de nueva generación” en ataques contra Israel y bases norteamericanas, como parte de la misma operación militar en curso.


De la represalia a la guerra regional

Para comprender la magnitud de esta escalada hay que retroceder a fines de febrero, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron un ataque conjunto contra Irán, con el argumento de neutralizar amenazas estratégicas. La ofensiva provocó centenares de víctimas, incluyendo altos mandos iraníes, lo que desencadenó una respuesta inmediata de Teherán.

Desde entonces, el conflicto dejó de ser una confrontación indirecta para transformarse en un enfrentamiento abierto con múltiples frentes. Irán comenzó a lanzar sucesivas oleadas de misiles contra territorio israelí y contra bases estadounidenses en países como Catar, Emiratos Árabes Unidos y Baréin.

La propia Guardia Revolucionaria describió esta estrategia como una ofensiva que abarca “desde el golfo Pérsico hasta Tel Aviv”, consolidando un teatro de operaciones regional.


Qué implica el uso del sistema “Nasrallah”

El dato más relevante de esta última oleada no es solo la magnitud de los objetivos, sino el salto cualitativo en el armamento.

El misil Qadr, base del nuevo sistema, es un proyectil balístico de alcance medio con capacidad de hasta 2.000 kilómetros, diseñado para transportar cargas múltiples y mejorar la precisión respecto de generaciones anteriores.

La versión “guiada y mejorada” —según Irán— apunta a aumentar la capacidad de penetración frente a sistemas antimisiles y a garantizar impactos más precisos sobre objetivos estratégicos. En paralelo, el uso combinado de misiles como Qiam, Zolfaghar y Kheibar Shekan muestra una doctrina de saturación que busca desbordar las defensas enemigas.

Este patrón ya se había observado en oleadas anteriores, donde Irán utilizó misiles avanzados e incluso armamento hipersónico, marcando una evolución sostenida en su capacidad ofensiva.


Una escalada con riesgo global

El avance de la operación “Promesa Verdadera 4” —que ya supera ampliamente las decenas de oleadas— revela que el conflicto dejó de ser un episodio puntual para convertirse en una guerra de desgaste con proyección regional.

La inclusión de bases estadounidenses como blancos directos introduce un elemento crítico: el riesgo de una confrontación abierta entre potencias, con impacto directo en el equilibrio de Medio Oriente y en el sistema internacional.

Mientras tanto, la combinación de nuevas tecnologías militares, ataques simultáneos y ampliación de objetivos sugiere que el conflicto está entrando en una fase más peligrosa, donde cada avance técnico se traduce en una mayor capacidad destructiva.


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