La ciencia pone precio a la revisión: investigadores que antes trabajaban gratis ahora cobran por evaluar papers

Empresas y revistas comenzaron a pagar a investigadores por revisar artículos científicos. El modelo promete acelerar la ciencia, pero abre un debate sobre dinero, conflictos de interés y confidencialidad.

Por Amparo Lestienne para NLI

Durante décadas funcionó con una regla bastante particular: los científicos cobran por investigar, enseñar, dirigir laboratorios, conseguir fondos y publicar sus propios trabajos, pero cuando llega el momento de revisar gratuitamente el trabajo de otros investigadores, se supone que deben hacerlo como parte de las obligaciones de la profesión. Ese modelo está empezando a resquebrajarse. Una nueva generación de empresas y plataformas está convirtiendo la revisión por pares en una actividad remunerada, ofreciendo a investigadores, científicos retirados y especialistas freelance dinero a cambio de analizar manuscritos destinados a revistas académicas. El fenómeno acaba de ser puesto bajo la lupa por Nature, que advierte que el surgimiento de estos intermediarios plantea preguntas prácticas y éticas sobre una de las piezas fundamentales del sistema científico.

La transformación no consiste simplemente en que alguna revista haya decidido entregar un pequeño premio a sus revisores. Está apareciendo un verdadero mercado alrededor de una tarea que hasta ahora descansaba fundamentalmente sobre trabajo académico no remunerado. Hay plataformas que conectan investigadores con editores y revistas, empresas que reclutan especialistas como trabajadores freelance y publicaciones que están contratando anticipadamente a revisores para garantizar que los artículos sean evaluados en plazos mucho más cortos. En algunos casos el investigador recibe una suma determinada por manuscrito; en otros, puede establecer tarifas según la velocidad y el tipo de revisión. La idea es sencilla: si revisar un artículo requiere horas de trabajo especializado, ¿por qué ese trabajo debería ser necesariamente gratuito?

El cuello de botella de la ciencia

Para entender por qué apareció este negocio hay que mirar primero el problema que intenta solucionar. La publicación científica creció enormemente durante las últimas décadas y con ella aumentó la cantidad de manuscritos que necesitan ser evaluados. Pero el número de investigadores dispuestos a aceptar revisiones gratuitas no creció al mismo ritmo. El resultado es un cuello de botella que conocen bien los editores: enviar invitaciones a especialistas, esperar respuestas, recibir rechazos, volver a buscar candidatos y finalmente esperar semanas —o meses— para que llegue un informe.

Un estudio publicado en PLoS ONE calculó que el sistema mundial de revisión por pares representaba, para la literatura biomédica, más de 100 millones de horas de trabajo anual, mientras que investigaciones posteriores han estimado el costo económico global de esa actividad en alrededor de 1.500 millones de dólares por año. El trabajo existe, requiere conocimientos especializados y consume una enorme cantidad de tiempo, pero tradicionalmente se realiza sin remuneración directa.

La presión se vuelve todavía mayor en un ambiente científico atravesado por el «publicar o perecer», por el crecimiento de los manuscritos y por el uso de inteligencia artificial para producir textos científicos a una velocidad cada vez mayor. En ese escenario, el viejo sistema basado exclusivamente en la buena voluntad de los investigadores empieza a mostrar sus límites.

Y ahí aparece una pregunta incómoda: si la investigación científica es trabajo, si las revistas son negocios y si los artículos publicados generan valor económico y académico, ¿por qué la evaluación que determina qué investigaciones merecen ser publicadas debería ser necesariamente gratuita?

El experimento que cambió los números

Uno de los casos que más atención recibió durante 2026 fue el de Biology Open, una revista publicada por The Company of Biologists. La publicación puso en marcha en 2024 un programa denominado Fast & Fair, basado en una red de revisores previamente contratados y remunerados.

Los resultados fueron llamativos. En la implementación ampliada correspondiente a 2025, los investigadores recibieron £220 por manuscrito, siempre que entregaran la evaluación dentro del plazo y que el informe alcanzara los estándares de calidad establecidos por los editores. El tiempo promedio hasta la primera decisión editorial con revisión cayó de 37,7 días laborales a 5,5 días. La aceptación de las invitaciones por parte de los revisores pasó del 23% al 67%, mientras que la proporción de revisiones completadas entre quienes habían aceptado alcanzó el 98%, frente al 87% del sistema convencional.

Pero hay un dato todavía más importante: los editores no encontraron una caída de calidad asociada al pago. Al evaluar la utilidad de los informes para tomar decisiones editoriales, el modelo remunerado produjo incluso menos informes considerados de baja calidad que el sistema tradicional, mientras que las tasas de aceptación final fueron similares: 59% frente a 61%. Los propios autores del estudio advierten, sin embargo, que todavía falta comprobar la sostenibilidad financiera del sistema a gran escala.

Nature ya había analizado el experimento en julio y señaló que el tiempo necesario para llegar a una primera decisión había caído un 85%, manteniéndose la calidad de las evaluaciones.

El dato no demuestra que pagar revisores sea automáticamente mejor. Sí demuestra algo más concreto: en ese experimento, el dinero consiguió modificar sustancialmente la disponibilidad y velocidad de los especialistas sin que los editores detectaran un deterioro de la calidad.

Ya hay empresas buscando científicos

El cambio no está limitado a Biology Open. Cactus Communications, una compañía internacional de servicios para investigadores y publicaciones científicas, mantiene convocatorias para incorporar investigadores y exinvestigadores como revisores freelance de manuscritos destinados a revistas y editoriales. Las condiciones exigen doctorado o equivalente, publicaciones recientes o experiencia relevante, conocimiento de metodologías de investigación y capacidad para evaluar originalidad, diseño experimental, bibliografía, resultados y conclusiones. La empresa señala que los revisores pueden trabajar remotamente y conservar otras actividades profesionales.

La expansión llega incluso a la Argentina: durante 2026 aparecieron convocatorias de Cactus para revisores freelance en distintas especialidades, entre ellas ingeniería agrícola, matemáticas aplicadas, diseño de antenas y otras áreas científicas. Las búsquedas ofrecen contratos por obra y solicitan investigadores, investigadores retirados o antiguos investigadores con formación doctoral y experiencia en publicaciones.

Otra plataforma, ScienceNet, directamente presenta el proceso como una forma de convertir la revisión científica en una actividad profesional remunerada. Su sistema permite que un investigador establezca un precio para sus revisiones. Como referencia inicial propone 100 euros para una revisión estándar de tres semanas y 150 euros para una revisión rápida de una semana, aunque los propios investigadores pueden modificar esas tarifas. La plataforma conecta a esos especialistas con editores que buscan revisores y paga por las evaluaciones completadas.

En el ámbito médico también apareció Peerclave, que trabaja con paneles de revisores especializados previamente incorporados. Allí el editor fija el precio y el plazo antes de enviar el manuscrito, y el especialista decide si acepta o no. El pago se realiza cuando entrega una revisión completa dentro del plazo, independientemente de que su recomendación sea aceptar o rechazar el trabajo.

Y hay modelos todavía más estructurados. ScienceBank, por ejemplo, establece un sistema en el que las comunidades científicas determinan cuánto pagar a sus revisores y ese costo forma parte del esquema de financiación del artículo. Su política vigente establece actualmente una referencia de 100 dólares por revisión completada, aunque cada comunidad puede modificar el valor.

El fenómeno, entonces, ya no es una hipótesis sobre el futuro de la ciencia. Hay empresas, plataformas y revistas que están construyendo la infraestructura de un mercado laboral para revisores científicos.

El problema es que un paper no es una factura

La discusión, sin embargo, no termina cuando aparece un precio.

Una revisión por pares tiene características que la diferencian de cualquier otro trabajo freelance. El investigador recibe acceso a información científica inédita y confidencial. Puede encontrarse con resultados que todavía no fueron publicados, métodos experimentales que podrían convertirse en patentes, datos de competidores o ideas que otro equipo todavía está desarrollando.

Por eso las reglas éticas son extremadamente estrictas. El Comité Internacional de Editores de Revistas Médicas establece que los revisores deben mantener la confidencialidad de los manuscritos, no apropiarse de las ideas que contienen, declarar posibles conflictos de interés y apartarse cuando exista una situación que pueda afectar su imparcialidad. También advierte que el uso de herramientas de inteligencia artificial puede comprometer la confidencialidad si el manuscrito se carga en sistemas donde esa información no esté protegida.

Las normas de COPE, el Comité de Ética en Publicaciones, van en la misma dirección: los revisores deben realizar evaluaciones objetivas y constructivas, preservar la confidencialidad, declarar conflictos financieros, personales o académicos y no utilizar para beneficio propio la información a la que acceden durante la revisión.

Y la propia Nature Portfolio considera la selección de revisores una parte crítica del proceso editorial. Sus políticas exigen confidencialidad, independencia y declaración de intereses relevantes.

Por eso el dinero introduce una pregunta que no es trivial: ¿un revisor que cobra por cada informe tiene los mismos incentivos que uno que realiza la tarea como contribución académica voluntaria?

No existe evidencia suficiente para afirmar que el pago empeore necesariamente las revisiones. El experimento de Biology Open apunta, de hecho, en la dirección contraria. Pero tampoco alcanza para cerrar el debate: fue realizado dentro de un sistema cuidadosamente diseñado, con revisores seleccionados, criterios de calidad y controles editoriales. Convertir ese esquema en un gigantesco mercado abierto plantea problemas adicionales de supervisión.

El negocio detrás del trabajo invisible

Hay además una cuestión económica que suele quedar escondida detrás del lenguaje solemne de la «comunidad científica».

Las grandes editoriales académicas manejan un negocio multimillonario. Un artículo publicado en European Review en 2026 estimó en alrededor de 25.000 millones de dólares el tamaño de la industria editorial académica mundial y sostuvo que el pago a revisores podría convertirse progresivamente en una forma de redistribuir parte de esos ingresos hacia quienes realizan el trabajo de evaluación.

El debate también llegó a los tribunales estadounidenses. En enero de 2026, un juez federal desestimó una demanda presentada por académicos contra grandes editoriales como Elsevier, Wiley, Sage y Springer Nature, entre otras, en la que se alegaba que las editoriales habían conspirado para no pagar a los investigadores por sus revisiones. El tribunal consideró que los demandantes no habían aportado pruebas suficientes para demostrar una conspiración anticompetitiva. El caso no estableció que los revisores deban trabajar gratuitamente: simplemente rechazó las acusaciones antitrust formuladas en esa demanda.

Es decir, la discusión sobre el valor económico del trabajo de los revisores ya dejó de ser una conversación de pasillo entre científicos.

¿Se viene el «Uber» de los papers?

Quizás esa sea la imagen más sencilla para entender lo que está ocurriendo, aunque con todas las diferencias del caso: un mercado en el que especialistas ofrecen su conocimiento, plataformas intermedian y las revistas compran capacidad de evaluación cuando la necesitan.

La analogía también sirve para entender el riesgo.

Si el sistema se profesionaliza, podría abrir una nueva salida laboral para investigadores retirados, científicos jóvenes, especialistas que abandonaron la carrera académica y profesionales con conocimientos muy específicos que hoy no tienen incentivos para dedicar varias horas semanales a revisar trabajos gratuitamente. Un artículo publicado en F1000Research llegó a plantear explícitamente la posibilidad de crear una profesión de revisores científicos a tiempo parcial o completo, incluso mediante empresas privadas especializadas.

Pero también podría generar una industria donde el incentivo principal sea producir la mayor cantidad posible de evaluaciones en el menor tiempo posible. Y allí aparece la pregunta fundamental: ¿qué impide que la revisión científica termine convirtiéndose en una tarea de volumen, como tantas otras actividades tercerizadas?

La respuesta, por ahora, está en los controles: selección de especialistas, capacitación, declaración de conflictos, confidencialidad, criterios de calidad y supervisión editorial. El desafío será determinar si esos mecanismos funcionan cuando el modelo crezca.

Porque la revisión por pares cumple una función extraordinariamente delicada: antes de que una investigación se incorpore al conocimiento científico disponible, alguien debe intentar encontrar sus errores. No alcanza con saber mucho sobre un tema. Hay que tener tiempo para leer, capacidad para cuestionar los métodos, independencia para señalar problemas y libertad para recomendar que un trabajo sea rechazado aunque el autor no quiera escucharlo.

Durante mucho tiempo la ciencia consiguió todo eso apelando a una especie de pacto tácito: «yo reviso tu trabajo porque algún día vos revisarás el mío». El aumento de publicaciones, la presión académica, la escasez de revisores y la expansión de la inteligencia artificial están poniendo ese pacto contra las cuerdas.

Ahora aparece una alternativa mucho más terrenal: pagar por el trabajo.

La pregunta que queda abierta no es solamente cuánto debería cobrar un científico por leer y evaluar un paper. Es bastante más profunda: si una parte esencial del sistema mundial de producción de conocimiento depende de horas de trabajo altamente calificado, ¿cuánto tiempo más puede una industria multimillonaria sostenerse sobre la idea de que quienes hacen una de sus tareas fundamentales deben hacerlo gratis?


Descubre más desde Noticias La Insuperable

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario