Bolsonaro ganó la primera batalla, pero Lula todavía está de pie: Brasil define su futuro en el balotaje

Flávio Bolsonaro quedó primero en la primera vuelta de las elecciones presidenciales brasileñas, pero no consiguió el porcentaje necesario para consagrarse presidente y deberá enfrentarse nuevamente con Luiz Inácio Lula da Silva el próximo 25 de octubre. El hijo de Jair Bolsonaro consiguió una ventaja importante, cercana a los cinco puntos, pero la elección quedó abierta y el resultado final dependerá ahora de cómo se reordenen los votos de quienes quedaron fuera de la disputa. Para Lula, que llegaba a las urnas buscando un cuarto mandato no consecutivo, la noche terminó mejor de lo que podía sugerir el primer tramo del escrutinio: el bolsonarismo ganó la primera vuelta, pero todavía no ganó Brasil.

Por Bruno A. Monteverde para NLI

Brasil volvió a quedar partido en dos. La elección presidencial confirmó la enorme polarización política que atraviesa a la principal potencia de América Latina y dejó una fotografía contundente: Flávio Bolsonaro quedó primero, Lula segundo y todo se resolverá en una segunda vuelta. Con cerca del 85% de las secciones escrutadas, el candidato del Partido Liberal se ubicaba en torno al 48,5% de los votos, mientras que el presidente brasileño alcanzaba aproximadamente el 43,5%. La diferencia es significativa, pero está muy lejos de representar una sentencia definitiva: ninguno alcanzó el 50% de los votos válidos que exige la legislación brasileña para evitar el balotaje.

La primera lectura política es evidente: el apellido Bolsonaro conserva una enorme capacidad de movilización electoral, incluso después de la derrota de Jair Bolsonaro frente a Lula en 2022 y de los acontecimientos posteriores que llevaron al expresidente a enfrentar una condena por su intento de revertir el resultado electoral. Flávio tomó esa herencia política y consiguió convertirla nuevamente en una candidatura competitiva a escala nacional. El resultado demuestra que el bolsonarismo no desapareció con la salida de Jair del poder y que continúa siendo una fuerza capaz de disputar la Presidencia de Brasil voto por voto.

Pero hay un dato que modifica completamente la lectura triunfalista del bolsonarismo: Flávio necesitaba superar el 50% para liquidar la elección este domingo y no lo consiguió. El balotaje será el 25 de octubre y allí comenzará otra elección, con una dinámica completamente diferente. Los millones de votos obtenidos por los demás candidatos pasan a convertirse en el gran territorio de disputa. Lula tendrá que ampliar su base electoral y convencer a sectores que en esta primera vuelta no lo eligieron, mientras que Flávio deberá demostrar que puede transformar su ventaja inicial en una mayoría efectiva.

Y ahí aparece la esperanza para el campo popular brasileño: Lula no quedó afuera, ni mucho menos. El presidente consiguió más de 40% de los votos en una elección extremadamente polarizada y mantiene una base electoral gigantesca. La distancia con Flávio es importante, pero no es irreversible. De hecho, los sondeos previos habían mostrado una contienda mucho más cerrada y algunos estudios incluso colocaban a Lula por delante en intención de voto antes de la apertura de las urnas. La campaña, por lo tanto, entra ahora en una segunda etapa donde cada alianza, cada estado y cada voto pueden resultar decisivos.

La elección también mostró una diferencia geográfica que puede resultar determinante en el balotaje. Flávio logró una ventaja importante en varios de los territorios donde la derecha brasileña tiene su estructura electoral más consolidada, mientras que Lula mantiene una fortaleza considerable en otras regiones y particularmente entre sectores populares. Además, los votos del exterior ofrecieron una señal interesante: con una parte importante de las urnas ya contabilizadas, Lula se imponía en una mayoría de los países donde votaron brasileños residentes fuera del territorio nacional. Cerca de un millón de ciudadanos estaban habilitados para votar en el exterior, aunque la participación fue mucho menor que la registrada dentro de Brasil.

El resultado legislativo también merece atención. En simultáneo con la elección presidencial, Brasil renovó buena parte de su Congreso. El Partido Liberal de Flávio Bolsonaro consiguió una posición fuerte en el Senado, una situación que podría complicar a Lula incluso si el actual presidente logra dar vuelta la elección presidencial dentro de tres semanas. Con 54 de las 81 bancas del Senado en renovación y las 513 bancas de Diputados en juego, la composición del próximo Congreso será fundamental para determinar cuánto margen tendrá el próximo presidente para llevar adelante su programa.

Para Lula, entonces, el desafío es enorme pero perfectamente posible. Tiene que convertir una elección defensiva en una campaña ofensiva, recuperar terreno en los estados donde Flávio fue más fuerte y, sobre todo, conseguir que quienes votaron por terceras opciones entiendan que el 25 de octubre no habrá una decena de alternativas: habrá dos modelos políticos enfrentados. El presidente buscará instalar la disputa como una elección entre la continuidad de un proyecto democrático y social y el regreso del bolsonarismo al Palacio del Planalto.

Flávio, por su parte, intentará hacer exactamente lo contrario: presentarse como el candidato que logró derrotar a Lula en la primera vuelta y buscará transformar esa diferencia inicial en una ola electoral definitiva. El apellido le da una estructura política enorme, pero también arrastra todo el peso de la experiencia del gobierno de Jair Bolsonaro. La campaña seguramente profundizará la polarización y convertirá al balotaje en una suerte de plebiscito sobre el legado del bolsonarismo y el gobierno de Lula.

Hay además un elemento que vuelve todavía más importante el resultado: Brasil no elige solamente al próximo presidente de la región, sino que vuelve a definir qué lugar quiere ocupar en América Latina. Lula representa una política exterior basada en el multilateralismo, la integración regional y una mayor autonomía frente a las grandes potencias. Flávio Bolsonaro, en cambio, está políticamente alineado con el espacio de derecha que reivindica a Donald Trump y plantea una relación mucho más estrecha con Estados Unidos.

La elección brasileña, por eso, tiene consecuencias que exceden largamente las fronteras del país. Lo que ocurra el 25 de octubre tendrá impacto sobre el Mercosur, la relación con Argentina, la política regional, la agenda ambiental, las relaciones comerciales y el equilibrio político sudamericano. Brasil sigue siendo demasiado grande para que su giro político sea un asunto exclusivamente brasileño.

La noche electoral dejó una certeza y una incógnita. La certeza es que el bolsonarismo sigue vivo y acaba de ganar la primera vuelta. La incógnita es si esa fuerza será suficiente para conseguir la Presidencia. Lula todavía tiene tres semanas para buscar los votos que le faltan y transformar una derrota parcial en una victoria. La diferencia actual es real, pero no es definitiva.

El 4 de octubre terminó una elección. El 25 de octubre empieza otra.

Y allí, con dos candidatos frente a frente, Brasil tendrá que decidir si vuelve a entregarle el poder al apellido Bolsonaro o si Lula consigue, una vez más, dar vuelta una elección que esta noche parece adversa pero que todavía está completamente abierta.


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