El cerebro humano se enfrenta a acosos e invasiones que interpelan a todas las disciplinas científicas y desnudan la impotencia de los poderes políticos democráticos que aún sobreviven.
Por Silvina Belén para Noticias La Insuperable ·

El concepto de neuroderechos se refiere a los derechos
cerebrales. Los Derechos Humanos actuales se
refieren a las necesidades del cuerpo: comer, vivienda, etc.
– Rafael Yuste
En tiempos de retrotopías mendaces, extremismos e inclemencias cotidianas que hieren la salud psíquica, podría pensarse que los neuroderechos debieran ser considerados como una necesidad más amplia que la protección de mente y cerebro frente a los avances de la denominada neuro-tecnología.
Como iniciativa conjunta de la ciencia y la política –o lo que aún queda de esta última- hasta ahora se convinieron cinco neuroderechos entendidos como deseables: derecho al libre albedrío, a la privacidad mental, a la identidad personal, al acceso equitativo a tecnologías de aumento mental y a la protección contra sesgos algorítmicos de inteligencia artificial.

Parece poco ante los avances no solamente de las TIC e IA sino, sobre todo, de los cultores del caos y la crueldad planificados. Pero sabemos que los consensos son difíciles de lograr en la actualidad: las democracias en declive obturan el diálogo, la cooperación y los acuerdos perdurables.
La ciudadanía, aquejada por pandemia depresiva, como señala Bifo Berardi, no interpela ni se organiza y, mucho menos, empatiza con los viejos y nuevos alienados y excluidos. Los que aún se mantienen a flote compiten con ferocidad o se aíslan. Los mega millonarios, farandulizados, colonizan estados junto a panelistas, youtubers y comicastros.
Por si todo esto fuera poco, hoy por hoy en el mundo se desarrollan cincuenta y seis enfrentamientos armados en temible ebullición, algunos de ellos con la espada de Damocles nuclear pendiente de un hilo. Involucran a más de noventa países. En muchas de las naciones donde se presume que hay paz, abundan las autocracias, crecen las xenofobias, las guerras culturales –aún ligadas al eufemismo batalla– y las deportaciones masivas.
Los cinco neuroderechos propuestos, a todas luces insuficientes en contextos de confusión y trauma como el actual, intentan abrirse paso mientras muchos otros, menos sofisticados pero elementales, se ignoran o se pierden a diario en distintas comarcas del mundo.

Sea como fuere, aunque el contexto convierta en quimera cualquier iniciativa loable, pensar en neuroderechos ampliados tendría profundo sentido. Así como don Isaac, allá lejos, lanzó al mundo de la ficción las famosas tres leyes de la robótica –y la ley cero en 1985-, en el marco de la realidad actual deberíamos superar las fascinaciones y los pánicos tecno-científicos para bregar por una normativa que salve del acoso al ya herido de gravedad psiquismo humano.
Descubre más desde Noticias La Insuperable
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

3 Comentarios