La histórica alimenticia Georgalos anunció suspensiones masivas en su planta de Victoria y profundizó la crisis laboral que se expande por todo el país. Los trabajadores denuncian despidos antisindicales, acuerdos sin homologar, quita salarial y un sindicato que mira para otro lado mientras Milei abre importaciones y destruye la producción nacional.
Por Celina Fraticiangi para Noticias La Insuperable

Un clima de ajuste y miedo en la planta de Victoria
La situación en Georgalos se volvió explosiva. El delegado de la planta Victoria, Rubén Domínguez, explicó que además de los despidos que la empresa aplicó tras una huelga convocada por el gremio en junio, ahora se suman 600 suspensiones programadas. El esquema es escalofriante: tandas de 80 personas, 15 días sin trabajar y con la amenaza latente del artículo por fuerza mayor, el mismo que puede ser utilizado para despedir sin causa.
Domínguez detalló que ya hubo 180 trabajadores suspendidos con un acuerdo que ni siquiera está homologado, lo que implica inmediatamente una reducción salarial. En la planta lo repiten como un mantra trágico: lo que no se homologa, se aplica igual, siempre en perjuicio del laburante.
La empresa justifica la avanzada en base a la “caída en las ventas” y la “baja en la producción”. Lo que no dice —pero los trabajadores sí— es que el desplome responde al contexto económico generado por Milei, que abrió importaciones sin control, destruyó el mercado interno y habilitó un modelo donde producir en Argentina se volvió inviable para quienes no son amigos del poder.
Un sindicato que avala, una empresa que ajusta, un gobierno que abandona
El delegado fue contundente al señalar que el Sindicato de la Alimentación, conducido por Rodolfo Daer y Escalante, está permitiendo el avance empresarial. En sus palabras, el gremio “está tolerando las suspensiones en complicidad con la empresa”, una acusación grave en un momento donde la protección sindical es la última línea de defensa frente a la ofensiva patronal.
Mientras tanto, el gobierno de Milei continúa ejecutando su “reforma laboral de hecho” con un libreto simple: abrir importaciones, reducir el mercado interno, dejar caer empresas, y habilitar mecanismos de flexibilización encubierta. Las suspensiones en Georgalos son parte de ese engranaje.
En diálogo con AM530, Domínguez sintetizó el cuadro: “Entendemos el contexto de la Argentina de Milei con la apertura de importaciones”. Las fábricas lo entienden, los trabajadores lo entienden. El único que no quiere entenderlo es Milei, enamorado de un dogma que se escribe desde un Excel y se sufre en el comedor de cada hogar argentino.
Un país que se apaga: más de 19 mil empresas cerradas
Lo de Georgalos no es un caso aislado: es un síntoma. Un ejemplo más en una lista que crece todos los días. Según datos difundidos por el diario Tiempo, desde la llegada de Milei al gobierno 19.164 empresas cerraron sus puertas. Miles de familias quedaron sin ingresos y cientos de pueblos perdieron sus principales fuentes de empleo.
El caso de Georgalos condensa el corazón del modelo Milei: desindustrialización, pérdida de empleo, apertura indiscriminada, precarización y abandono estatal. Una receta ya conocida en Argentina, siempre con los mismos resultados y siempre con las mismas víctimas.
Mientras Milei promete “libertad”, lo que llega a los barrios y a las plantas es angustia, incertidumbre y ajuste. Las suspensiones en Georgalos no son una noticia económica. Son un nuevo capítulo del derrumbe productivo y social al que Milei está empujando al país.
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