Niñas bajo las bombas: el costo humano del ataque de Trump contra Irán

Tras la ofensiva conjunta de EE.UU. e Israel sobre Irán, un misil impactó una escuela primaria y dejó decenas de víctimas. El episodio expone el verdadero rostro de la escalada militar impulsada por Trump.

Por Bruno A. Monteverda para NLI

Imagen modificada digitalmente (NLI)

El discurso de guerra permanente volvió a traducirse en tragedia civil. En el sur de Irán, al menos 24 personas murieron tras el impacto directo de un misil sobre una escuela primaria de niñas, en el marco de los ataques conjuntos lanzados por Estados Unidos e Israel contra territorio iraní.

El hecho ocurrió en la ciudad de Minab, donde la escuela Shajareh Tayyebeh —con unas 170 estudiantes en el turno mañana— fue alcanzada de lleno durante la ofensiva aérea.

No se trató de un “daño colateral” en una guerra defensiva, como intenta instalar Washington, sino de una consecuencia directa de la estrategia de escalada militar que la administración de Donald Trump decidió profundizar.

La guerra preventiva que golpea a civiles

La ofensiva militar fue presentada por Trump como una operación destinada a neutralizar “amenazas inminentes” del régimen iraní y evitar que el país desarrolle armas nucleares.

Sin embargo, sobre el terreno, el resultado inmediato fue el bombardeo de infraestructura urbana y la muerte de civiles, entre ellos niñas en edad escolar.

El ataque no fue un episodio aislado, sino parte de una operación coordinada entre Estados Unidos e Israel que incluyó bombardeos sobre múltiples ciudades iraníes, incluso en la capital, Teherán.

La narrativa de “seguridad global” vuelve a repetirse, pero con un patrón conocido: las víctimas son poblaciones que no participan del conflicto.

La lógica de la desestabilización

Trump no solo defendió el ataque sino que fue más allá: convocó públicamente al pueblo iraní a prepararse para un eventual cambio de régimen una vez concluidas las operaciones militares.

En otras palabras, la ofensiva no se limita a objetivos estratégicos, sino que busca alterar el equilibrio político interno de un Estado soberano.

En paralelo, Israel llamó abiertamente a la población iraní a levantarse contra su gobierno, dejando en evidencia que el objetivo de la operación no es únicamente militar sino también geopolítico.

Ese tipo de planteos, lejos de contener el conflicto, tienden a expandirlo.

La escalada que el mundo teme

Mientras Washington legitima la intervención bajo la lógica de la disuasión, múltiples actores internacionales ya advierten que este camino puede derivar en una guerra regional de gran escala.

El propio despliegue militar estadounidense en la zona había sido calificado días atrás como “inédito”, incluso en comparación con la invasión de Irak en 2003.

Y la respuesta iraní no tardó en llegar: ataques contra bases militares estadounidenses en el Golfo y el lanzamiento de misiles hacia Israel marcan que la dinámica de represalias ya está en marcha.

El resultado es una espiral de violencia donde los primeros muertos no son los estrategas ni los líderes, sino civiles.

El rostro real del unilateralismo

La muerte de niñas en una escuela primaria vuelve a poner en cuestión el modelo de intervención militar que Washington insiste en aplicar desde hace décadas.

Bajo el argumento de la seguridad global, la ofensiva contra Irán abre una nueva etapa de inestabilidad en Medio Oriente y confirma que la doctrina del ataque preventivo —reactivada por Trump— sigue produciendo consecuencias humanitarias devastadoras.

Cuando la política exterior se convierte en herramienta de imposición y no de diplomacia, las bombas terminan cayendo sobre aulas.

Y la historia vuelve a repetirse.


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