El dato terminó de confirmarlo: la inflación de febrero de 2026 fue del 2,9%, prácticamente el mismo nivel que en enero y muy lejos de la baja pronunciada que el gobierno libertario prometía como consecuencia del ajuste económico. El número, informado por el INDEC, vuelve a poner en evidencia una contradicción incómoda para el discurso oficial: la economía atraviesa una recesión profunda, pero los precios siguen subiendo a un ritmo elevado.
Por Celina Fraticiangi para NLI

El registro mensual muestra que, aun con consumo en caída, salarios deteriorados y actividad económica retraída, el proceso inflacionario mantiene una inercia fuerte. En términos prácticos, esto significa que el programa económico que Milei presentó como una terapia de shock para estabilizar rápidamente los precios todavía no logra mostrar resultados contundentes.
Ajuste histórico sin baja clara de precios
Desde el inicio de la gestión libertaria el gobierno aplicó uno de los programas de ajuste fiscal más agresivos de las últimas décadas: reducción del gasto público, paralización de obra pública, licuación de jubilaciones y salarios estatales y un freno drástico al consumo interno.
El argumento oficial fue siempre el mismo: menos emisión, menos gasto y menos demanda terminarían reduciendo rápidamente la inflación. Sin embargo, el dato de febrero vuelve a mostrar que ese proceso está lejos de ser automático.
Con 2,9% mensual, la inflación argentina continúa en niveles que, si se anualizan, implican una dinámica de precios todavía muy alta, incluso para una economía que se encuentra en plena contracción.
Alimentos y servicios siguen presionando
Entre los rubros que más empujaron el índice aparecen alimentos, carnes y distintos servicios, que continúan registrando aumentos por encima del promedio general. Esta dinámica golpea especialmente a los hogares de menores ingresos, donde el gasto en comida ocupa la mayor parte del presupuesto familiar.
La persistencia de estos aumentos expone una característica estructural del proceso inflacionario argentino: los precios no reaccionan de inmediato a la caída del consumo, en parte por la inercia inflacionaria acumulada durante años y en parte por los ajustes de tarifas y costos que siguen trasladándose a los precios finales.
El dilema del plan económico
El dato de febrero también reaviva un debate que empieza a instalarse entre economistas: si el ajuste fiscal más duro en décadas no logra reducir rápidamente la inflación, el costo social del programa económico queda cada vez más en primer plano.
En otras palabras, el gobierno apuesta a que el sacrificio actual derive en una estabilización futura. Pero mientras tanto la economía enfrenta un escenario complejo: actividad en retroceso, poder adquisitivo deteriorado y una inflación que, aunque más baja que en los años anteriores, todavía no logra perforar el umbral del 3% mensual.
El desafío para los próximos meses será demostrar si el plan libertario puede finalmente quebrar esa inercia o si, por el contrario, la combinación de recesión y precios altos terminará profundizando las tensiones sociales y económicas.
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