A 50 años del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, la Argentina se prepara para una jornada histórica atravesada por actividades culturales, charlas, muestras y una movilización masiva en todo el país. La “Agenda de la Memoria” no solo busca recordar, sino también disputar el presente frente a los discursos negacionistas y reafirmar el compromiso con el Nunca Más.
Por Ignacio Álvarez Alcorta para NLI

El próximo 24 de marzo no será una fecha más en el calendario argentino. Se cumplen cinco décadas del inicio de la última dictadura cívico-militar, el período más oscuro de la historia reciente, marcado por el terrorismo de Estado, la desaparición de 30.000 personas y la apropiación sistemática de bebés.
En ese marco, organismos de derechos humanos, universidades, espacios culturales y organizaciones sociales impulsan una Agenda de la Memoria con actividades en todo el país que combinan reflexión, arte y militancia para sostener viva la memoria colectiva.
Cultura, memoria y participación popular
La agenda incluye una enorme diversidad de propuestas: desde muestras fotográficas y ferias del libro hasta festivales, cine, talleres y charlas abiertas. En distintos puntos del país se organizan actividades que buscan interpelar a nuevas generaciones y reconstruir el pasado reciente desde múltiples lenguajes.
Uno de los epicentros es el Espacio Memoria ex ESMA, donde se desarrollan exposiciones como “Los orígenes de la lucha de Abuelas”, recorridos guiados y talleres educativos que abordan el derecho a la identidad.
A su vez, universidades nacionales impulsan congresos, conversatorios y jornadas académicas que analizan la dictadura desde una perspectiva histórica, política y social, reforzando la idea de que la memoria no es solo recuerdo, sino también producción de conocimiento crítico.
La calle como escenario central
Más allá de las actividades culturales, el eje principal vuelve a ser la movilización popular. Como cada año, pero con una carga simbólica aún mayor, se espera una masiva marcha en Plaza de Mayo y en las principales ciudades del país.
La consigna de este 2026 —“Que digan dónde están”— apunta directamente a la deuda histórica: el silencio de los responsables sobre el destino de los desaparecidos y los niños apropiados.
La convocatoria también propone que cada manifestante lleve la imagen de un desaparecido, reforzando el carácter colectivo y personal de la memoria: cada rostro, una historia; cada historia, una denuncia vigente.
Memoria en disputa
El 50° aniversario encuentra a la Argentina en un contexto político tenso. Mientras amplios sectores sociales ratifican el consenso del Nunca Más, desde el gobierno nacional se promueven discursos que relativizan el terrorismo de Estado y cuestionan la cifra de desaparecidos.
Este escenario refuerza el sentido de la Agenda de la Memoria: no se trata solo de recordar el pasado, sino de defender las conquistas en materia de derechos humanos y evitar retrocesos en políticas públicas que fueron ejemplo a nivel mundial.
Organismos, colectivos y más de 40 espacios de memoria vienen articulando acciones conjuntas para enfrentar este clima de negacionismo y sostener una agenda activa que vincule memoria con presente y futuro.
Un compromiso que atraviesa generaciones
A medio siglo del golpe, la memoria ya no pertenece únicamente a quienes vivieron la dictadura. Nuevas generaciones se apropian de la historia a través del arte, la educación y la militancia, resignificando las formas de recordar y transmitir.
Como sostienen los organismos de derechos humanos, la memoria es una construcción colectiva en permanente movimiento: un territorio donde se cruzan el pasado, las luchas del presente y las expectativas de futuro.
El 24 de marzo de 2026 será, entonces, mucho más que una conmemoración. Será una demostración de fuerza social frente al olvido, una reafirmación del pacto democrático y un mensaje claro: la memoria no se negocia, se construye todos los días.
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