Adorni en un callejón sin salida.
Por Ramiro C. Ferrante para NLI

El avance de la causa por presunto enriquecimiento ilícito contra Manuel Adorni sumó en las últimas horas dos elementos que, combinados, dibujan un cuadro cada vez más difícil de sostener: por un lado, el detalle de reformas millonarias en su casa del country Indio Cuá; por otro, la decisión judicial de peritar el celular del contratista que ejecutó esas obras. La pregunta ya no es solo cuánto gastó, sino de dónde salió el dinero y qué dicen los mensajes que intentó borrar.
La investigación, que se tramita en Comodoro Py bajo la órbita del fiscal Gerardo Pollicita, se centra en reconstruir el flujo de fondos de un patrimonio que no cierra con los ingresos declarados. Y en ese rompecabezas, las refacciones del country aparecen como una pieza clave.
Lujo, excesos y cifras que no cierran
Las obras en la vivienda ubicada en el exclusivo barrio cerrado de Exaltación de la Cruz no fueron simples arreglos. Según el testimonio del contratista, incluyeron pileta, cascada, quincho, trabajos estructurales y mejoras integrales, además de elementos de confort como jacuzzi y paisajismo.
El dato más contundente es el monto: 245.000 dólares pagados en efectivo, una cifra que duplica ampliamente el valor de compra de la propiedad, estimado en unos 120.000 dólares.
Las obras se extendieron durante casi diez meses entre 2024 y 2025, y no se limitaron a lo básico. El propio contratista detalló que se realizaron intervenciones en prácticamente toda la casa, desde pisos y paredes hasta instalaciones recreativas en el jardín.
En otras palabras, no se trató de mantenimiento sino de una transformación de alto nivel, con amenities más propios de un resort que de una vivienda familiar.
El celular que puede cambiar todo
Pero el dato que terminó de encender alarmas en tribunales no es solo el gasto, sino la prueba potencial que puede surgir del teléfono del propio contratista.
El empresario entregó su celular a la Justicia para que sea peritado, luego de reconocer que había borrado mensajes intercambiados con Adorni.
Ese detalle es clave: los peritajes buscan recuperar conversaciones eliminadas, lo que podría revelar cómo se pactaron los pagos, en qué condiciones y si hubo irregularidades como pagos sin facturación o circuitos informales de dinero.
Además, el contratista aportó documentación, presupuestos y facturas, lo que permite cruzar datos con los movimientos patrimoniales del funcionario.
La decisión judicial de avanzar sobre el celular marca un punto de inflexión: ya no se trata solo de declaraciones, sino de evidencia digital que podría comprometer directamente al entorno de Adorni.
Una causa que escala y salpica más actores
La investigación no se detiene en este episodio. En paralelo, la Justicia busca reconstruir toda la estructura financiera del funcionario, incluyendo préstamos, compras inmobiliarias y otros gastos que superan ampliamente sus ingresos declarados.
Incluso se analiza la participación de terceros vinculados a operaciones inmobiliarias y financiamiento, en un esquema que podría extender responsabilidades más allá del propio funcionario.
Mientras tanto, Adorni insiste en negar irregularidades. Sin embargo, los números, las obras de lujo y ahora los mensajes borrados empiezan a delinear algo más que inconsistencias: un patrón difícil de justificar en términos legales y políticos.
En este escenario, el expediente dejó de ser una simple sospecha para convertirse en un caso testigo de época: un funcionario que predica ajuste mientras aparecen gastos en dólares, en efectivo y con amenities de alta gama.
Y ahora, con un celular en manos de la Justicia, el problema ya no es solo lo que se ve —cascadas, parrillas o jacuzzi—, sino lo que todavía no se leyó.
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