La antesala del infierno  

Termina una etapa de la Copa del Mundo que la dirigencia se empeñó en desvirtuar de todas las maneras posibles y se aguarda por unos cuartos de final plagados de controversias también propiciadas por FIFA.

Por Demetrio Infanzón para NLI

Sabemos de sobra que las decisiones antideportivas comenzaron antes del inicio de la competencia mundialista propiamente dicha, en aeropuertos y oficinas de migraciones. También sabemos que faltó equidad en el trato recibido por las delegaciones. Y, sobre todo, sabemos que FIFA se ufanó de errores, omisiones, parcialidad e indolencia.

La dirigencia federativa, no conforme con haber despertado sospechas desde el vamos y generado el escándalo Balogun, le abrió las puertas a la polémica al designar un equipo arbitral francés para el duelo Argentina vs. Egipto. Porque así como ahora se cuestiona la victoria de la albiceleste, igual se hubiera cuestionado su eliminación. Tampoco era imaginable que el árbitro galo saliese bien parado.

Tras haber alimentado una caldera de iniquidades hirientes hasta la conclusión de los octavos, FIFA redobló la apuesta destinada a crear suspicacia e incomodidad: designó equipo arbitral argentino para el partido de Marruecos contra Francia. Es imposible encontrarle a esta elección un sentido diferente al del regodeo en la imprudencia o el autoritarismo institucional. Con más realismo, en ambos.

El triunfo de la impunidad es costumbre en nuestro siglo, pero las excepciones grotescas pueden aparecer cuando menos se las espera. Tal vez algo así haya soliviantado a los popes de este torneo. Antes de la eliminación de Estados Unidos, la impunidad de la que hicieron gala pornográfica Trump e Infantino despertó ese tipo de indignadas críticas que a estas alturas prevemos intrascendentes: todo seguiría el curso impuesto y la tropelía caería en forzado olvido, se pensaba.

Garrincha

Al fin y al cabo, el dúo conjurado contra el reglamento simplemente había despertado una práctica espuria antaño reiterada pero en vida latente desde 1962. Que un jugador expulsado disputase el partido inmediatamente posterior tuvo su infame historial: el peruano Plácido Galindo en el Mundial de Uruguay de 1930, Jozsef Bozsik de Hungría en el Mundial de Suiza de 1954, Vladimir Popovic, yugoeslavo,  Ángel Rubén Cabrera, uruguayo,  y Garrincha, brasileño, en el Mundial de Chile 1962.

En el actual renacimiento, el indulto más mentado como antecedente fue el de Garrincha, que impactó nada menos que en una final. Pero como Balogun ayer demostró no ser un Garrincha ni intimidar por su sola presencia a los belgas, los azares del fútbol que aún sobreviven comatosos pero crueles, se ensañaron con el arquero estadounidense: el bueno de Freese protagonizó la escena más ridícula del partido y por ella fue responsable de una de las caídas de su valla en la goleada sufrida a manos de los que rieron último.

Freese se lamenta

Agachadas institucionales, impunidad, discriminación y tropelías se silencian,  pero nadie podrá prever hasta qué punto y hasta cuándo la memoria hostigará a Freese. Su propia memoria, sobre todo. Esas consecuencias -o daños colaterales en el conocido lenguaje del eufemismo norteño- seguramente le importan poco a Infantino, Trump & Co. Pero ser burladores burlados parece que los saca de quicio.

Para reafirmar la prepotencia, entonces, ahora que ya no quedan seleccionados locales para mimar ni muchos entenados a los que humillar, los dardos federativos darían la impresión de ir hacia la diana de la exaltación del “tiro porque me toca” y “aquí se hace lo que yo digo y punto, no me importan consecuencias ni apariencias ni paz”. Mucho menos la deportividad, se entiende.

A la luz de lo que se avecina, de las suspicacias que vendrán y de la irresponsabilidad morbosa de FIFA, podría decirse que hasta hoy tuvimos una visión de la antesala del infierno. De  ahora en más, en el fragor eliminatorio profundo que caracteriza los cuartos de final y las semifinales, salvarse de contemplar el infierno dependerá exclusivamente de un milagro que FIFA sin duda obstaculizará con pertinacia.



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1 comentario

  1. Racismo recargado. Entramado mafioso, tal como es la tendencia global de quienes ostentan el poder real. No puede el ⚽ fútbol estar excento, involucrandolo por estos en sus espurios intereses.

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