Luz verde

Se abrió el paso de Argentina para octavos de final en una Copa del Mundo que enciende constantemente luces amarillas y rojas.

Por Demetrio Infanzón para NLI

Con sufrimiento ante Cabo Verde, el semáforo mundialista le habilitó el paso a Argentina: estará, como se presumía, entre los dieciséis favoritos. Este padecimiento del último campeón y que, además, hayan quedado en el camino dos supuestos candidatos al laurel como Países Bajos y Alemania, no le cambiaron en lo esencial  su carácter previsible e intrascendente a la eliminatoria de 32, rémora de un torneo pensado para eternizarse en desmedro de la calidad.

Tras las alegrías de las aficiones locales –o tristeza, en caso de Canadá, ya en octavos, goleada por Marruecos- y elegidos, o los festejos desmesurados que se vuelven noticia, asoma la caída de mitos y falsas creencias, a estas alturas insostenibles. En lo humano, lo deportivo y lo político-económico, la realidad se impone como áspera verdad.

Los quiebres éticos y morales, la ruptura con el cosmopolitismo mundialista, el acercamiento de la institucionalidad deportiva al fanatismo ideológico y la subordinación absoluta de la competencia a intereses de políticas autoritarias y voracidad corporativa desbaratan cualquiera de los cuentos de hadas que le daban cierto lirismo a las copas del mundo.

El artículo de Miguel Delaney,  Todo lo malo de la Copa Mundial 2026, desmenuza temas como            los que denotan algunos de los subtítulos de su nota: La guerra en Irán y un anfitrión que bombardea a una selección clasificada, Problemas con los visados y la transgresión de los principios de la Copa del Mundo, La relación entre Infantino y Trump, La “Copa Mundial MAGA” y el “lavado de imagen a través del deporte”, La “amenaza escalofriante” de operaciones de ICE y otros no menos significativos.

En el plano de la competencia deportiva, en primer lugar, vemos como un número creciente de seleccionados recluta jugadores que poco o nada tienen que ver con el país que nominalmente representan. Más que seleccionados nacionales, se trata de equipos con el nombre de un país, creados para lides internaciones que tienen al mundial de fútbol como suprema vidriera y pingüe negocio en ciernes o en plena marcha.

El grueso de los seleccionados que llegó a octavos cuenta con equipos bien preparados: ya lo demostraron Paraguay y Marruecos.  El primero le complicó la vida a un favorito, Francia, y la soberbia de Mbappe, sus provocaciones y sonrisas socarronas, su desprecio a la felicitación de su colega Gill, camuflaban el susto y vergüenza de un conjunto de estrellas que no brillan tanto como sus cotizaciones. El segundo mostró que la condición de organizador de Canadá no era determinante.

Pero la buena preparación no implica abundancia de jerarquía ni de futbolistas que comprendan el juego o que se esfuercen  por llegar a comprenderlo. Noruega pasó instancias con una escasez de jerarquía pasmosa y una rusticidad que hieren la dimensión estética del fútbol grande. Y de los que temprano quedaron en el camino hay lecciones preocupantes, como la de Uruguay.

Marcelo Bielsa, con sencillez y humildad, dio las claves de una crisis cognitiva de época que también impacta en los futbolistas. La débil o nula predisposición al aprendizaje, el hipnotismo de la inmediatez, la negación a esforzarse por valorar y decodificar el discurso del otro, el raquitismo atencional y el ostracismo del entendimiento atentan contra la formación integral del jugador.

Son importantes lo innato, el talento y la técnica individuales, el virtuosismo en gambeta o marca, pero no a todos los futbolistas les alcanzan para comprender el juego, para acoplar sus virtudes a una dinámica que implica estrategia, visión amplia e interpretación constante de las mutaciones que caracterizan el desarrollo de un partido. Sin escucha, atención y aprendizaje no hay progreso mental.

Se habla ya de un próximo mundial que redoblará la apuesta cuantitativa, de más de ochenta seleccionados, de una desmesura que abrirá nuevos mercados. Falta aún, sin embargo, saber cómo  valorará la afición esta experiencia y cuánto se enriquecerá o empobrecerá el fútbol cuando la perspectiva permita análisis integrales que trasciendan el elogio a este mega torneo que hoy por hoy suena reglamentario.

Por ahora, seguramente sin más sorpresas efímeras ni revelaciones como la de Cabo Verde, se espera una criba sin la especulación que caracterizó a la fase de grupos. A Brasil le toca hoy poner de manifiesto su jerarquía frente a Noruega o igualarse en mediocridad. Un local, México, tendrá que demostrar si su protagonismo tiene el peso suficiente para despedir al deslucido combinado inglés.

Mañana habrá clásico peninsular y otra defensa de la localía. Portugal y España, a priori favoritos, tendrán su duelo eliminatorio. Estados Unidos recibirá a Bélgica, un seleccionado que no llega a ser ni la sombra de lo que prometía hace menos de una década. El martes les tocará a Argentina y Colombia mientras Francia y Marruecos aguardan apoltronados en cuartos de final.



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