A 154 años: Sarmiento creó el Servicio Meteorológico y Milei lo desfinancia y despide a sus trabajadores

El 4 de octubre de 1872, durante la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento, la Argentina creó la Oficina Meteorológica Argentina, antecesora del actual Servicio Meteorológico Nacional y tercera institución de su tipo en el mundo. A 154 años de aquella decisión, el organismo enfrenta recortes presupuestarios, despidos y estaciones que dejaron de realizar observaciones durante la noche. La paradoja es difícil de esquivar: el Gobierno de Javier Milei reivindica públicamente a Sarmiento mientras aplica sobre una de las instituciones científicas que nació durante su presidencia una política de achicamiento del Estado.

Por Alcides Blanco para NLI

Hay aniversarios que permiten mirar mucho más allá de una fecha del calendario. El 4 de octubre de 1872, durante la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento, el Congreso de la Nación sancionó la Ley 559, que creó la Oficina Meteorológica Argentina (OMA), antecesora directa del actual Servicio Meteorológico Nacional. La Argentina se convirtió así en el primer país de Sudamérica y en el tercero del mundo en contar con una oficina meteorológica nacional, después de Hungría, en 1870, y Estados Unidos, en 1871. No era un gesto ornamental ni una curiosidad científica para una élite ilustrada: la decisión formaba parte de una concepción de Estado que entendía que conocer el territorio, medir sus condiciones naturales y producir información propia constituía una herramienta indispensable para organizar el país. El propio SMN reconoce que aquella institución creada en 1872 fue el punto de partida de una tradición científica que permitió, entre otros hitos, publicar la primera carta meteorológica del hemisferio sur, desarrollar mediciones geomagnéticas de larga duración y convertir a la Argentina en pionera mundial de la observación meteorológica antártica.

La historia resulta todavía más significativa cuando se recuerda que aquella iniciativa estuvo vinculada al proyecto científico que Sarmiento impulsaba junto con el astrónomo estadounidense Benjamin Gould, convocado para organizar el Observatorio Astronómico de Córdoba. Gould había advertido la ausencia de observaciones meteorológicas sistemáticas y la necesidad de establecer una red que permitiera registrar de manera continua las condiciones atmosféricas. El proyecto que llegó al Congreso en agosto de 1872 terminó convertido en ley el 4 de octubre y puso en marcha una estructura cuyo objetivo era mucho más ambicioso que confeccionar un pronóstico diario: se trataba de observar, registrar, sistematizar y publicar información sobre el clima argentino, construyendo conocimiento desde el propio territorio. En otras palabras, el Estado comenzaba a desarrollar una capacidad científica que después sería fundamental para la agricultura, la navegación, la aviación, la energía, la prevención de desastres y la planificación de numerosas actividades productivas.

Y acá aparece la paradoja que vuelve particularmente incómodo este aniversario en 2026. A 154 años de aquella decisión fundacional, el Servicio Meteorológico Nacional atraviesa una política de reducción de personal y recursos durante el gobierno de Javier Milei. En mayo de este año se concretaron 140 despidos, de los cuales 83 correspondieron a observadores meteorológicos, según denunciaron trabajadores del organismo. El efecto operativo señalado por ellos fue concreto: más de 60 estaciones meteorológicas quedaron sin realizar observaciones durante la noche, generando ventanas de entre nueve y doce horas sin toma de datos. Ana Saralegui, trabajadora y delegada de ATE en el SMN, definió entonces la situación como un “apagón del Servicio Meteorológico nocturno”. No se trata simplemente de que alguien deje de mirar el cielo durante unas horas: las observaciones de superficie son parte de la información con la que se alimentan los sistemas de pronóstico y alerta, de modo que la reducción de la cobertura supone una pérdida de capacidad de observación territorial.

El problema tampoco se limita a los despidos. Un análisis de Chequeado basado en datos de la Secretaría de Hacienda calculó que el presupuesto del SMN cayó 43% en términos reales durante el gobierno de Milei, comparando 2023 con 2026. El mismo análisis registró una reducción real del 30% durante 2024 y otra del 12% entre 2024 y 2025. Es decir, el ajuste sobre el organismo no puede explicarse únicamente por una reestructuración administrativa puntual: existe una reducción significativa de los recursos destinados a sostener su funcionamiento. Y en un servicio cuya tarea consiste precisamente en mantener una red de observación permanente, procesar información, desarrollar pronósticos y emitir alertas, el presupuesto no es una abstracción contable. Es capacidad científica y operativa del Estado.

El Estado que mide su territorio

Conviene detenerse en algo que suele perderse detrás de la imagen cotidiana del pronóstico del tiempo. El Servicio Meteorológico Nacional no existe para decirnos si mañana llevamos paraguas. Su función abarca el monitoreo permanente de la atmósfera, la elaboración de pronósticos, la emisión de alertas y la producción de información utilizada por sectores tan diferentes como el agro, la aviación, la navegación, la energía y la salud. El organismo trabaja además con series históricas que permiten reconstruir la evolución del clima argentino durante décadas y estudiar fenómenos asociados al cambio climático. En 2022, al cumplirse 150 años de su creación, el propio Estado nacional destacaba que el SMN observaba y pronosticaba las 24 horas del día sobre el territorio continental, las zonas marítimas y la Antártida Argentina, y que sus datos eran utilizados por múltiples actividades productivas.

Por eso la desaparición de observadores o el cierre parcial de horarios de observación tiene una dimensión que excede largamente el conflicto laboral. Una estación meteorológica no es simplemente un edificio con instrumentos: es un punto dentro de una red nacional de generación de datos. Cuanto mayor es la cobertura y continuidad de esas mediciones, mayor es la capacidad de conocer el comportamiento de la atmósfera y alimentar los modelos de pronóstico. Los satélites, radares, supercomputadoras y modelos matemáticos son herramientas extraordinariamente sofisticadas, pero necesitan datos reales para funcionar correctamente. La meteorología moderna no reemplazó la observación: la multiplicó y la hizo más compleja. Por eso una política que reduce la capacidad humana y territorial de observar no puede presentarse solamente como una cuestión de eficiencia administrativa sin discutir qué capacidad científica concreta se pierde en el camino.

La paradoja se vuelve todavía más profunda cuando se incorpora otra decisión del actual Gobierno. En abril de 2026, mediante el Decreto de Necesidad y Urgencia 274/2026, el Poder Ejecutivo modificó la normativa que regula el servicio meteorológico destinado a la navegación aérea y estableció que EANA S.A. podrá prestar ese servicio por sí misma o a través de terceros, bajo los estándares establecidos por la autoridad aeronáutica. El propio decreto reconoce que la información meteorológica es crítica para la seguridad de las operaciones aéreas, pero sostiene que la concentración de funciones en un único proveedor constituye una limitación y habilita mecanismos alternativos de provisión.

La norma no significa automáticamente que todo el Servicio Meteorológico Nacional haya sido privatizado, porque eso sería una afirmación que el texto legal no sostiene. Pero sí marca un cambio relevante en el esquema de prestación del servicio meteorológico aeronáutico, al abrir la posibilidad de que terceros participen en su provisión. La discusión, entonces, ya no pasa únicamente por cuántos trabajadores tiene el SMN o cuánto dinero recibe: también aparece la pregunta por qué funciones estratégicas deben permanecer dentro de una estructura científica estatal y cuáles pueden ser provistas mediante mecanismos externos.

El prócer que construía Estado

Y es justamente acá donde la efeméride adquiere una dimensión política imposible de ignorar. Javier Milei reivindica públicamente a Sarmiento, a quien ha mencionado en distintas oportunidades como referencia histórica e intelectual. Incluso en septiembre de 2026 difundió un video generado con inteligencia artificial en el que mantenía un diálogo ficticio con el expresidente y afirmaba que Sarmiento lo había inspirado a enseñar economía. La utilización de la figura del sanjuanino por parte del actual Presidente no es, por lo tanto, una interpretación externa: forma parte de la propia comunicación política de Milei.

El problema aparece cuando se contrasta esa reivindicación con la historia concreta del Estado que Sarmiento construyó. Porque el Sarmiento de 1872 no entendía que la ciencia debía esperar a que el mercado decidiera si resultaba rentable. Creó una institución pública para producir conocimiento meteorológico porque consideraba que ese conocimiento era necesario para el desarrollo del país. El mismo presidente que impulsó el Observatorio Astronómico de Córdoba promovió la creación de la Oficina Meteorológica Argentina y buscó ampliar las capacidades científicas disponibles en un país que todavía estaba construyendo sus instituciones nacionales. Se puede discutir su pensamiento, sus contradicciones, sus posiciones sobre los pueblos originarios o su concepción de civilización y barbarie; de hecho, la figura histórica de Sarmiento está atravesada por debates profundos. Pero hay un dato que no admite demasiada discusión: su política de Estado incluyó la expansión de la educación y de las instituciones científicas.

Por eso la comparación con el presente no necesita convertirse en una idealización de Sarmiento. Alcanza con mirar los hechos. En 1872, el Estado argentino creó una institución científica para aumentar su capacidad de conocer y administrar el territorio. En 2026, el Gobierno de Milei enfrenta al SMN con despidos, reducción presupuestaria y una modificación normativa que habilita la participación de terceros en la prestación del servicio meteorológico aeronáutico. Una cosa es reivindicar el nombre de Sarmiento; otra bastante diferente es sostener el modelo de construcción estatal que representaron algunas de sus políticas.

154 años después, el cielo también entra en el ajuste

La ironía histórica se completa cuando se observa el contexto en el que ocurre todo esto. La Argentina enfrenta sequías, inundaciones, tormentas severas, olas de calor, incendios y otros fenómenos que requieren información cada vez más precisa para reducir riesgos. En un escenario de cambio climático, tener más información meteorológica no es un lujo: es una herramienta de prevención y planificación. El propio SMN destaca que sus registros históricos permiten analizar las variaciones del clima y que su extensa base de datos tiene valor científico para estudiar el cambio climático.

Por eso el aniversario del 4 de octubre puede leerse como algo más que una celebración institucional. Hace 154 años, la Argentina decidió que medir el cielo era una tarea del Estado. Sarmiento y Gould impulsaron una estructura que terminó convirtiéndose en una pieza central de la ciencia argentina y que, durante más de un siglo y medio, acumuló datos imposibles de reconstruir de un día para otro. Esa continuidad permitió que nuestro país contara con información meteorológica de enorme valor, incluso en territorios estratégicos como la Antártida.

Ahora, esa construcción enfrenta una política que reduce recursos y personal. Los 140 despidos de 2026 no son una cifra abstracta: incluyen observadores que sostenían el funcionamiento de estaciones y que, según los trabajadores, dejaron a decenas de puntos de observación sin cobertura nocturna. El recorte presupuestario tampoco es una metáfora: los datos oficiales analizados por Chequeado muestran una caída real del financiamiento del organismo durante la actual administración.

Y ahí queda la pregunta que este aniversario deja planteada, sin necesidad de adornarla demasiado: ¿qué país construye una nación más fuerte: el que en 1872 crea una institución científica cuando todavía casi todo estaba por hacerse, o el que 154 años después considera que esa capacidad estatal puede funcionar con menos trabajadores, menos presupuesto y mayor participación de terceros?

Sarmiento, uno de los próceres que Milei reivindica públicamente, entendió hace un siglo y medio que un país que no mide, no conoce; y un país que no conoce, depende de otros para decidir sobre su propio territorio. El 4 de octubre de 1872 la Argentina eligió construir esa capacidad. El aniversario de 2026 encuentra al Servicio Meteorológico Nacional atravesando el ajuste.

La diferencia entre aquellas dos Argentinas no está en el discurso. Está en lo que cada una decide hacer con el Estado.


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