Girones selectos de la biografía de Miguel Tal evocados por un fundamentalista del ajedrez bohemio y las barras de los bares de copas.
Por Carolina Príncipe para NLI ·
Tres esposas, madre y tío. Riga, La Habana y Moscú. Burócratas y Barbudos. La calle Gorki por partida doble. El soliloquio del estribo del Dr. D en el Club del Cuco cuando las velas ya casi no ardían.
De la primera esposa, Sally Landau, ya se ha dicho casi todo en las mesas de Callao y Lavalle. Actriz, cantante, hermosa como pocas. Llegó a la mítica casa familiar del tercer piso en la calle Gorki 34, en Riga, a los diecinueve años, directo a colisionar contra el blindaje de doña Ida Grigórievna. Aquella suegra, matriarca absoluta que había conocido a Picasso en París y custodiaba los libros de una biblioteca municipal, vio en la artista una amenaza para el orden sagrado del genio.
La convivencia en aquel departamento compartido de la capital letona fue un drama de celos rusos y secretos de pasillo donde doña Ida, secundada por el enigmático «tío Robert», administraba la paranoia y los rumores con la misma precisión de signatura topográfica de las fichas de biblioteca. Para Ida, nadie podía cuidar la frágil salud de Misha como ella; Sally era la disidencia, el cabaret, el riesgo. El matrimonio voló por los aires en 1970, aunque el amor sobrevivió en forma de memorias tardías.
Gorki 34, en Riga
Ahí operó la razón de Estado familiar, pero no de inmediato… Cuando doña Ida vio que su hijo marchaba derecho al desborde tras el divorcio de Sally, el tablero de Misha entró en un caos de partidas relámpago y decisiones apuradas. En ese interregno de zozobra, apareció Natalia Bulanova. Fue un matrimonio relámpago, muchachos; una jugada intermedia que duró apenas unos meses entre 1970 y 1971. Natalia, otra actriz de la bohemia, intentó encajar en el laberinto familiar, pero no había espacio para dos actrices en el radar de la matriarca. Fue una miniatura, o una variante fallida, que se diluyó antes de pasar a la historia oficial. La anciana entendió entonces que necesitaba otra cosa: una verdadera esposa de bien que le enderezara el destino a su hijo.
Y la encontró en Angelina Petújova. Angelina no era una bohemia de la canción; trabajaba en la revista Riga Shakhmaty, respiraba ajedrez y sabía pisar fuerte en la burocracia soviética. Doña Ida le entregó las llaves del departamento de la Gorki letona y el control de los medicamentos de Misha en un traspaso de mando pacífico que duró hasta la muerte de la madre en 1979. Eran dos estrategas firmando tablas de mutuo acuerdo.
Con Angelina, además, llegó el gran salto geográfico. Dejaron el cuartel general de Riga y se mudaron a la capital del imperio, instalándose en un cotizado departamento en la prestigiosa calle Gorki de Moscú. El Mago pasaba de una calle Gorki a la otra, pero esta vez a la gran arteria del poder soviético, donde por fin tuvo una residencia a la altura de un ex-campeón del mundo, rodeado de burócratas, ajedrecistas y admiradores.
Angelina se convirtió en el escudo de Tal. En los torneos internacionales, era ella quien lidiaba con los burócratas del deporte de la URSS que querían manotearle los rublos y los dólares de los premios. Pero la leyenda, esa que siempre guardamos en el doble fondo de las adendas, quedó sellada en Polonia, en 1974.
Misha jugaba contra el maestro Jan Adamski. En la jugada cuarenta, el Mago cometió un horror táctico, se derrumbó psicológicamente y extendió la mano para abandonar. Pero Angelina, que anotaba las jugadas desde las apolilladas sillas del público, saltó de su asiento. Con el reglamento en la mano y la voz firme, le demostró al árbitro que a Adamski se le había caído la aguja del reloj antes de completar la secuencia. Adamski perdió por tiempo. Había vencido al genio, pero no pudo con la esposa.
Y claro, cómo no recordar Cuba en el ’66… Cuba no era un tablero, muchachos, era una hoguera. Y Misha andaba por ahí como Pedro por su casa. Los burócratas de Moscú mandaban a sus maestros con un libreto rígido, vigilados por los muchachos de la gabardina de la KGB, con orden de ser bloques de hielo. Pero el Mago se les retobaba. Tenía la filología metida en el cuerpo y el español aprendido en los libros; no necesitaba intermediarios para sentarse a conversar de igual a igual con los barbudos.
Con el Che Guevara la cosa iba por el lado de la simpatía de los rebeldes. El Che era un enfermo del ajedrez, y cuando se cruzaban en los salones del Hotel Habana Libre o durante la Olimpíada del ’66, se daban la mano sin tanto protocolo. Hay una foto hermosa de esos días: Misha, con esa mirada de diablo que tenía frente a las piezas, jugándole una informal al Che.
El argentino, serio, buscando la línea combativa; y Tal, divertido, estirando su mano de tres dedos para regalarle una sonrisa y algún chiste en un castellano con tonada báltica. Misha decía que el Che jugaba al ataque, de manera «guerrillera», pero que en el fondo era un romántico de las casillas. El Che, en agradecimiento por no aburrirlo con los manuales de la ortodoxia, le regalaba habanos de contrabando. Dos herejes quemando la noche.
Después estaba Fidel. Castro jugaba por el prestigio, entendía el tablero como una extensión de la plaza pública. En esa misma Olimpíada se armó aquella famosa partida de consulta que la prensa oficialista transformó en mito, diciendo que el Comandante había derrotado al mismísimo Bobby Fischer.
El truco estaba detrás de la cortina: Fidel jugaba en tándem con Tigran Petrosian, el campeón del mundo, que le soplaba las jugadas al oído, mientras del otro lado Fischer compartía bando con el mexicano Terrazas. Misha miraba desde el costado de la sala, fumando un cigarrillo tras otro, descostillándose de risa. Sabía perfectamente que el ajedrez de los líderes políticos no buscaba la verdad matemática, sino la mística del relato.
Terminó con la cabeza rota por una botella de ron tras un malentendido de trasnoche en un cabaret. Cuando apareció con los once puntos de sutura a jugar las simultáneas, la prensa cubana tituló que el Mago ya había sumado sus primeros once puntos sin mover un peón. Su tesis doctoral en la Universidad de Riga había sido sobre Ilf y Petrov, los reyes de la sátira soviética; Misha sabía perfectamente que el destino es una broma de humor negro, una *burlá* del destino que se festeja con tabaco y alcohol.
Y el tiempo, muchachos, ese implacable árbitro que a todos nos tira la aguja del reloj, terminó haciendo su propia jugada con los santuarios del Mago. Tras la disolución del imperio soviético, la geografía familiar sufrió su último jaque. El emblemático departamento de **la calle Gorki 34 en Riga** perdió su nombre comunista para rebautizarse como calle Krišjānis Valdemārs; hoy, en esa fachada gris, una sobria placa de mármol le avisa a los peatones bálticos que allí vivió el octavo campeón del mundo.
El de Moscú, en la prestigiosa y recuperada calle Tverskaya, quedó sepultado bajo el eléctrico vértigo del capitalismo inmobiliario ruso, transformado en cotizadísimos metros cuadrados de la élite moscovita, donde el humo de los cigarrillos de Misha y las discusiones sobre sacrificios de pieza son apenas un eco sordo. Al final, las paredes cambiaron de dueños y de lógicas, pero las leyendas no pagan alquiler.
En el centro histórico de Riga, a pocas cuadras de su vieja trinchera, se levanta hoy el fastuoso Tal Residence, un edificio de lujo cuya fachada vidriada imita la geometría de las piezas de ajedrez. Es el homenaje de los nuevos tiempos: el nombre del genio que gastaba sus rublos en invitar botellas a los amigos, convertido en un sello de distinción para millonarios. Ironías del tablero, muchachos. El Mago se fue sin dejar herencia de cemento, pero nos dejó la poesía intacta en cada casilla.
Bibliografía selecta
Landau, Sally.Checkmate! The Love Story of Mikhail Tal and Sally Landau. Elk and Ruby Publishing House, 2019. (Único registro sobre las tensiones domésticas provocadas por la presencia del tío Robert en Riga).
Ilf, Ilya y Petrov, Evgeny.Las doce sillas. (Obra de cabecera analizada por Tal en su monografía de graduación en la Facultad de Historia y Filología de la Universidad de Riga, 1958).
Sosonko, Gennadi.The World Champions I Knew. New In Chess, 2006. (Contiene el desglose biográfico sobre la verdadera paternidad de Tal y la estructura psicológica de la calle Gorky).
Revista Sah (Ajedrez). Número extraordinario de junio de 1958. Riga, Letonia. (Nota académica sobre la graduación del joven maestro de ajedrez y su perfil como hispanista).
Descubre más desde Noticias La Insuperable
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.