Argentina se hunde en el ranking industrial: Milei deja al país entre los cuatro peores del mundo

Argentina quedó entre los países que más destruyeron industria en los últimos tres años. La producción manufacturera cayó 11,2% entre 2023 y julio de 2026, un retroceso que ubicó al país en el cuarto peor lugar entre 84 economías relevadas por la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI). Sólo Palestina, Qatar y Bulgaria tuvieron una contracción mayor. Mientras tanto, la producción manufacturera de los países analizados registró una evolución mediana positiva del 5,9%, con China creciendo 19,7%, Brasil 2,7% y Estados Unidos 2,1%. La distancia no es un detalle estadístico: muestra que la Argentina está recorriendo un camino industrial diametralmente opuesto al de buena parte del mundo.

Por Celina Fraticiani para NLI

Imagen que muestra un gráfico sobre la producción manufacturera de Argentina entre 2023 y 2026, destacando una caída del -11,2%. Incluye el logo de la ONUDI y una comparación con otros países, además de una representación de trabajadores en una fábrica.

La foto industrial que deja la gestión de Milei es difícil de maquillar con cualquier relato sobre una supuesta recuperación de la economía. Argentina no sólo produjo menos durante los últimos años: produjo mucho menos que la mayoría de las economías comparables y lo hizo en un contexto internacional en el que la manufactura, con diferencias entre países y sectores, consiguió recuperar terreno. El dato de la ONUDI permite dimensionar la magnitud del deterioro: desde 2023 la producción industrial argentina perdió 11,2%, mientras la mediana de 84 países aumentó 5,9%. En otras palabras, no se trata simplemente de que la industria argentina haya atravesado un ciclo malo; el problema es que el país quedó rezagado frente al mundo en un momento en el que el desarrollo industrial sigue siendo una herramienta central para generar empleo, incorporar tecnología, agregar valor y mejorar la capacidad exportadora.

El dato adquiere todavía mayor peso cuando se observa quiénes están del otro lado de la comparación. China aumentó su producción manufacturera 19,7% desde 2023, Brasil 2,7% y Estados Unidos 2,1%, mientras Argentina se hundió 11,2%. No son economías marginales ni países que hayan quedado al margen de las transformaciones tecnológicas globales: son precisamente algunas de las principales potencias industriales del planeta y, en el caso de Brasil, nuestro principal socio regional. La comparación deja expuesto uno de los problemas centrales del programa económico de Milei: mientras las grandes economías buscan proteger sectores estratégicos, desarrollar cadenas de valor, sostener inversiones y ampliar capacidades productivas, el Gobierno argentino apuesta a que la competencia externa discipline a la producción local aun cuando buena parte de las empresas nacionales enfrenta un mercado interno debilitado y costos que dificultan competir con productos importados.

Una industria que sigue cayendo

El problema, además, no terminó en 2025. La industria volvió a retroceder durante 2026. Según el último dato disponible del INDEC citado en el relevamiento, la producción manufacturera cayó 5% en julio respecto de junio y 4,9% interanual, mientras que en los primeros siete meses del año acumuló una baja de 2,6%. Doce de las 16 divisiones industriales relevadas registraron caídas interanuales. Entre los sectores más golpeados aparecen la fabricación de otros equipos, aparatos e instrumentos, con un derrumbe del 31,4%, y maquinaria y equipo, con una baja del 26,7%. Es decir, la contracción no se concentra en una actividad aislada: alcanza ramas vinculadas justamente con la capacidad productiva y tecnológica del país.

Ese deterioro tiene una consecuencia que suele desaparecer detrás de las estadísticas macroeconómicas: una fábrica que deja de producir no es simplemente un número que baja en una planilla. Hay trabajadores que pierden horas, salarios o directamente su empleo; proveedores que venden menos; comercios que reciben menos demanda; empresas que postergan inversiones y máquinas que permanecen improductivas. Un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) había advertido que entre noviembre de 2023 y mayo de 2026 se perdieron 97.312 puestos de trabajo registrados en unidades productivas industriales y desaparecieron 4.020 establecimientos manufactureros. También señaló que la utilización de la capacidad instalada llegó en junio de 2026 al 59,1%, es decir, que aproximadamente cuatro de cada diez unidades de capacidad industrial permanecían sin utilizar.

La explicación oficial suele apoyarse en la herencia recibida, pero el argumento pierde fuerza a medida que pasa el tiempo. El Gobierno de Milei ya transitó más de dos años y medio de gestión y buena parte de las herramientas que utilizó para modificar la economía fueron decisiones propias: ajuste del gasto, caída de la demanda interna, reducción de la inversión pública, apertura comercial, cambios regulatorios y desarme de políticas específicas de promoción productiva. Un análisis del CEPA señala, entre otras medidas, la derogación de herramientas vinculadas al Compre Nacional a través del DNU 70/2023, la eliminación de líneas de crédito productivo para pymes y un fuerte recorte presupuestario en organismos vinculados al desarrollo tecnológico y productivo.

El costo de apostar a que la industria sobreviva sola

La discusión de fondo excede la coyuntura. Argentina está dejando deteriorar capacidades industriales que llevó décadas construir, en un momento en que las principales economías del mundo hacen exactamente lo contrario. La industria no es solamente una fábrica de bienes terminados: es una red de proveedores, trabajadores especializados, conocimiento técnico, infraestructura, investigación, logística y empresas capaces de producir insumos que luego permiten desarrollar otras actividades. Cuando esa red se achica, recuperarla puede ser muchísimo más difícil que sostenerla durante una crisis.

La apertura comercial tampoco es neutra cuando se produce sobre una economía con demanda interna deprimida, financiamiento productivo reducido y una estructura de costos que no siempre permite competir en igualdad de condiciones. Un relevamiento de LCG citado por El Cronista señaló precisamente que la demanda interna deprimida, la competencia de las importaciones, los crecientes niveles de mora y la inflación en dólares funcionan como obstáculos para una recuperación industrial de corto plazo. La misma fuente advirtió además una caída abrupta de la capacidad productiva industrial durante 2026, asociada a la falta de inversiones y a varios años de baja utilización de las instalaciones.

El resultado es una paradoja que el Gobierno todavía no logra explicar: el modelo que prometía liberar las fuerzas productivas está dejando menos capacidad productiva disponible. La Argentina puede exhibir determinados sectores con buen desempeño, particularmente aquellos vinculados con recursos naturales y energía, pero una estrategia de desarrollo nacional no puede confundirse con exportar materias primas mientras se achica la estructura manufacturera. Vaca Muerta puede generar dólares, pero el verdadero desafío consiste también en transformar esos recursos en industria, tecnología, proveedores nacionales, empleo calificado y mayor valor agregado dentro del país.

El dato de la ONUDI debería funcionar, entonces, como una señal de alarma mucho más seria que cualquier discusión coyuntural sobre el índice mensual de producción. Argentina quedó cuarta entre los países con peor evolución industrial del mundo desde 2023, mientras economías centrales y regionales consiguieron resultados sustancialmente mejores. Palestina atraviesa una guerra devastadora, Qatar sufrió ataques sobre instalaciones industriales y Bulgaria enfrenta problemas específicos vinculados con su estructura energética y automotriz. Argentina, en cambio, no está atravesando una guerra ni una destrucción física de su infraestructura industrial: está tomando decisiones económicas y políticas que están deteriorando su aparato productivo.

Por eso, el dato no debería leerse solamente como una mala noticia para empresarios industriales. Es una advertencia para todo el país. Menos industria significa menos trabajo calificado, menos proveedores nacionales, menos tecnología propia y mayor dependencia de bienes producidos afuera. Y una economía que resigna esas capacidades puede conseguir algunos años de estabilidad financiera, pero paga un precio mucho más profundo en términos de soberanía económica. El problema de fondo para la Argentina de Milei no es que una fábrica produzca menos durante un mes: es que, después de casi tres años de gestión, el país se encuentra entre los cuatro peores desempeños industriales del planeta. Y eso ya no puede explicarse como una herencia: es el resultado de un modelo económico en plena ejecución.

Argentina necesita discutir nuevamente qué quiere producir, para quién, con qué tecnología y con qué trabajadores. Porque un país que deja caer su industria mientras el resto del mundo busca fortalecer sus capacidades productivas no está simplemente atravesando una recesión: está resignando una parte de su futuro económico.

Argentina: -11,2% de producción manufacturera desde 2023. Mediana mundial: +5,9%.


Descubre más desde Noticias La Insuperable

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario