Volver a los 17

Buenas noticias otra vez en el país del cambio. El talento de nuestros líderes logró hacer realidad lo que parecía un sueño: volvió el FMI y nos hará invulnerables.

Por Onó, el Insuperable

Que nadie crea que estoy promocionando canciones de artistas subversivos del pasado. ¡Faltaría más! La coincidencia de título no habilita festejos de progres izquierdizantes. Mi noble intención es remontarme a diecisiete años atrás, cuando el semillero PRO bullía por su talento en el seno del ejemplar gobierno de don Fernando, que supo acudir a la guía ecónomico-espiritual del Fondo Monetario.

Aquella joven guardia, aquel recordado Grupo Sushi, brillaban con luz propia. Pero esa honestidad sin par que los caracterizaba, esa bonhomía política en flor, los dejó indefensos ante la garra populista que los expulsó de su lugar natural: la conducción. Así la chusma execró al FMI, difamó al Presidente y a sus intachables colaboradores.

Hoy, como debió haberse hecho ayer, las concesiones al vulgo demandante se extirparon de raíz. Volver al FMI es como ser admitido de nuevo en el paraíso del orden. La gente del cambio tendría que festejar con entusiasmo: Christine Lagarde no desentonaría como Presidenta de la Fundación Pensar, usina de neuronas que salvó a la Patria, así que desde el Fondo que tan bien dirige, seguramente, nos llevará a los primeros planos de estrellato mundial, marquesina que el populacho impidió que ocupásemos al comenzar el siglo.

Recordar los tiempos del PAMI de Horacito, que auditaba cada centavo con celo de cancerbero, la ministerial figura de la entrañable Pato, adorados ambos por jubilados y trabajadores; la prensa internacional arrobada por el amor hacia Antonito que desveló a Shakira; al joven Hernán, a Daro, a Fede Sturze, en una palabra: a esas lumbreras casi adolescentes que hoy, en milagrosa coincidencia, vuelven a la lozanía de los diecisiete con sus aciertos. ¡Y el FMI como padrino que no los abandonó, que los arropó en tiempos de turbulencia parental!

Ahora que la familia PRO está unida, con Mauricio a la cabeza, con el centenario aporte del radicalismo puesto a su incondicional servicio, con un Gerardo marcando el rumbo moral desde el Norte, con Mariú rugiendo para beneficio de la Provincia, con un Horacito en la Ciudad que nos recuerda al faraónico, mítico Cacciatore… En fin, solamente estaba faltando el broche de oro, la institución rectora, generosa pero firme: el nunca bien ponderado Fondo. Aunque en todo se equivoca la mal llamada sabiduría popular, hay una excepción en este acierto: “Dios es argentino”.

Dejo a un héroe del cambiemismo para el final. No faltará el genuino hombre de pro, orden y cambio herido por la abstinencia de haber llegado hasta aquí sin leer su nombre. Cómo olvidar a Marquitos, el muchacho docto, encanecido, que con sus palabras reconforta al vecino, le inyecta tranquilidad y confianza en dosis de genuino republicanismo. Con él pretendo cerrar esta apología.

Fue Marcos, el delfín indiscutido, quien ayer nos confirmó la buena nueva de la que venimos hablando. Él nos explicó que ahora sí seremos invulnerables. Y que todo lo que aún no estaba acomodado ocupará el lugar que le corresponde. Como nos enseñó el sapiente Fraga, por ejemplo, el empleado medio, con su sueldo medio, tendrá la vida austera y la subalternidad que su condición requiere. Orden, subordinación, deberes. A cada cosa su precio. Al CEO lo que es del CEO. La receta infalible.

“Esta vez es en serio”, dijo, y si a usted no lo conquistó, con perdón de las asociaciones impuras que estas palabras pudieren despertar, es porque el populismo ha colonizado su entendimiento. Él también nos regaló esa espontaneidad propia de los diecisiete, esa humildad de gesto y palabra que lo hacen único. También su didactismo magistral nos despejó cualquier duda, nos hizo comprender lo que siempre debimos haber sabido: el FMI es nuestro ángel guardián. ¿O no?

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