La Patota

“El hombre solo ya no vale nada

Únicamente valen las patotas

Que por el miedo o por la tolerancia

Se han adueñado de la vida toda”

Tomás García Giménez

(Prensa Subterránea, 1987)

Por María Cristina Derdoy

Las sociedades todas engendran tipos y subtipos de organizaciones, formales o no.

Todos ellos tienen códigos y normas, algunos plasmados en estatutos escritos y legalizados que se transforman en la conducta a seguir. Ejemplos son las sociedades y compañías económicas, sociales y culturales.

El gobierno con la Carta Magna y las instituciones del estado es una organización.

Otras u otros no se inscriben en ese universo reglamentado, pertenecen al submundo de lo marginal.

Cuando esta palabra aparece, la representación mental es de grupos que reniegan de lo aceptado, lo lícito y permitido. Y se dice que son pandillas, bandas, PATOTAS.

En la década del 60 Daniel Tinayre, director cinematográfico filmó una película con el título “La Patota”

Narra que una profesora de Filosofía de una escuela nocturna en un barrio de clase baja es violada por sus alumnos.

Ellos conforman la patota barrial .La profesora se niega a hacer la denuncia y continúa ejerciendo como docente.

Hasta aquí y en ello quiero detenerme.

Se refiere a un grupo integrado por jóvenes marginales, de barrio, que se rigen por normas no escritas que poseen un “código personal” de conducta reñido con lo aceptado. No dominan sus emociones y son destructivos, dañinos para el otro.

Si buscamos un poco más atrás en la historia, siglo XIX, se denominaba así a los grupos de jóvenes de alta sociedad que se unían para provocar y agredir a otros jóvenes de clase social inferior.

Así que esto de patota, banda o pandilla no es patrimonio de las clases menos favorecidas.

A los argentinos que vivimos la década del 70 no nos es ajena esa palabra y tenemos recuerdos tenebrosos de lo que ello significa.

Se llamaba así a los grupos paramilitares o militares que secuestraban, torturaban y asesinaban a los opositores de la junta militar que ejercía de facto la presidencia del país.

Por lo tanto el vocablo siempre ha estado ligado a la violencia: particular o estatal.

Ubicándonos en la actualidad, en el hoy de nuestro país, se me ocurre, sin temor a equivocarme, que el ejercicio del gobierno está en manos de una PATOTA, como aquellas del siglo XIX,(clase alta) que llevan ejerciendo actos violentos contra –no ya solitarios jóvenes de clase baja- el pueblo todo.

Ejercen el poder de manera discrecional infligiendo daño desde lo institucional.

Atentan contra el normal desarrollo de la vida diaria de millones de ciudadanos y ciudadanas quitando derecho

Saquean las arcas del Estado en nombre del libre mercado.

Hostigan de la peor manera a opositores políticos, sociales, intelectuales, activistas y cualquier habitante que cuestione las políticas neoliberales que impulsan, a sabiendas que son lesivas y comprometen el futuro de las nuevas generaciones como también destruyen y ensombrecen un presente que se vive con angustia y desesperanza.

Actúan de forma sincronizada, metódica y sin pausa a través de sociedades y agentes del poder económico para lograr lo que vinieron a buscar: reducir a la mínima expresión a la política y al estado.

Socavar la voluntad y esperanza del pueblo al que se lo asfixia, golpea, burla y reprime.

Son todos integrantes de la clase dominante con gran experiencia en el sometimiento.

Sus ancestros han ocupado, casi todos, los cargos que hoy les toca ejercer.

Han mamado desde la cuna el orgullo de clase superior a la que se le debe obediencia, respeto y gratitud, aunque ello conlleve que pisoteen la dignidad y solo quede para repartir las sobras de las sobras que su gran avaricia deja.

Visten de lo mejor, huelen a esencias importadas, viven en grandes casas, se educan en instituciones privadas.

Portan dobles apellidos que se remontan –algunos- a los albores de nuestra historia.

Todo el glamour que el dinero, genealogía, alianzas económico matrimoniales les ha dado no ha podido ocultar la pertenencia marginal de “patoteros”.

Porque si el envase es un apellido patricio, considerable patrimonio, contactos, carrera, manos finas y manicuradas, la esencia, el ADN es delincuencial.

Atrincherados en la soberbia y el desprecio siguen un camino sin retorno.

La reacción de un pueblo al que le niegan sus derechos se sentirá más temprano que tarde y como hicieron sus antepasados tratarán de doblegarlo mediante la fuerza.

Esa patota que hoy actúa desde los escritorios, usará mano de obra mercenaria para lograr que se cumplan sus fines.

Esa patota no se da cuenta que abrió la caja de Pandora.

O tal vez sí… y es lo que espera para ver que sale de ella.

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