El modelo Cambiemos

Aportes en tiempos preeleccionarios para un estudio del gobierno de Mauricio Macri: raíces y perspectivas

Por Guillermo Carlos Delgado Jordan

En las proximidades de un nuevo año eleccionario presidencial en el que volverán a enfrentarse dos antagónicas propuestas de país, intentaremos desde aquí abocarnos a un estudio del actual modelo de gobierno, recurrente a lo largo de la Historia, intentando no enfocarnos en las particularidades del momento histórico que lo trajo al poder, sino en aquello que lo convierte en una propuesta perdurable.

Si bien el modelo Cambiemos se inserta en un marco internacional que se replica en un resurgimiento global de la derecha a lo largo y ancho de occidente, su estudio resalta particularidades propias resultantes de un pasado distintivo, el cual se desenvuelve a lo largo de 200 años de confrontaciones entre dos modelos antagónicos de país que no logran imponerse en forma definitiva, alternándose y manifestándose aún en forma cada vez más cruda en el transcurso del último medio siglo.

Artilugios comunicacionales nos imponen preguntas como ¿qué país queremos los argentinos? apostando a la falacia de intentar hacernos creer que existe un ente “argentinos” de características uniformes con ideas comunes cuando en realidad los argentinos somos la resultante de doscientos años de enfrentamientos internos irreconciliables.

Así, se han sucedido cíclicamente en la Argentina dos políticas que representan en intereses a dos polos opuestos. Podrían denominarse inclusivas vs excluyentes, sociales vs ultraliberales, populistas vs gorilas o, como prefiero denominarlas en mi caso en particular, aquellas que apuntan a la construcción del país versus las que buscan su destrucción.

El modelo de destrucción

Dentro de los denominados Ciclos de Destrucción dominantes en las últimas décadas y que apuntaron a privilegiar un modelo agroexportador, desindustrializante, privatizador y de sostenimiento en el endeudamiento, podemos incluir los períodos desarrollados durante la última Dictadura Militar, el Menemismo, el interludio delarruista y, sin ningún lugar a dudas, al actual gobierno de Cambiemos.

Aclaro que la búsqueda de “destrucción” llevada adelante durante estos procesos no responde a una malvada e irracional necesidad de sus partícipes que los lleva a destruir en un acto de fanatismo absurdo. Por el contrario: esta destrucción apunta en su lógica a que, las pocas familias que la propugnan, se enriquecen desmesuradamente en el caos que la misma genera.

Características

Las características principales que estos denominados “ciclos de destrucción” poseen en común son las siguientes:

1) Propugnan un modelo económico ultraliberal que descansa en principios como apertura económica indiscriminada y achicamiento del Estado. Se destacan aquí políticas como la privatización, la apuesta al enriquecimiento no productivo (bicicleta financiera) y una economía que apunta a la actividad primaria (agrícola-ganadera-minera) sostenida en el endeudamiento.

2) Sus miembros, familias y asociados, buscan sacar provecho y se reparten impunemente todo posible negocio que pueda surgir de la administración del Estado, tanto en el ámbito público como en el privado.

3) Son acompañados por un andamiaje jurídico que busca la indemnidad de sus partícipes. Me refiero puntualmente a una catarata de leyes y decretos que permiten el control por parte del ejecutivo del aparato judicial que actúa como brazo ejecutor que absuelve y dilata las causas que su accionar genera.

4) Cuentan con un refinado (pero a su vez condicionante) apoyo mediático que construye en el imaginario popular una suerte de idea subyacente de que lo que se percibe como un mal es solo un camino necesario en búsqueda de un futuro promisorio y que debe transitarse fruto de la impericia de los gobiernos predecesores de corte populista.

5) Su principio básico hace que no sea sostenible en el tiempo pues, al basarse en la destrucción continua, su propia esencia lo lleva a agotarse. Su tiempo de permanencia se sustenta tanto en “el cuanto” hay para destruir, en la pericia de sus ocasionales aliados (como ser otras fuerzas políticas o el sindicalismo) así como en el aparato represivo que se monte para alargar su vida una vez desatado el caos.

6) Tanto durante su gobierno como una vez finalizado el mismo, las consecuencias de su accionar son “pagadas” por las clases populares, sobre las cuales se operará la reconstrucción hasta su nueva entrada en escena.

Modelo versus líder

Un detalle no menor a tener en cuenta y que puede ser el sustento que marca el por qué de la no imposición de ninguno de los dos modelos, radica en que mientras por un lado se observa una propuesta de país sin líderes claros, por el otro se observan líderes cuya imagen (ante las masas) termina imponiéndose al ideal que dirigen. Así, el clásico modelo agroexportador que supo brillar antes de la década del 30 y que buscó restablecerse en incontables ocasiones, presenta ocasionales abanderados (como el caso de Mauricio Macri) que son fácilmente reemplazables dado que el mismo modelo propuesto termina por deslucir la imagen pública del ocasional conductor, mientras que por el otro lado las figuras de los líderes (Perón, Néstor y Cristina Kirchenr) terminan imponiéndose por encima del modelo que propugnan, dificultándose ante su ausencia, la permanencia de éste en el poder.

Las bases familiares del modelo: la Neo-Aristocracia

Cuando a fines de 2015 las urnas le dieron el sí, el gobierno de Cambiemos llevó adelante su estrategia, ya puesta en práctica de manera acotada, por ejemplo, en la Ciudad de Buenos Aires: la implementación de una compleja “Red de Redes” socio-familiares que llevará la presencia de la oligarquía argentina a todos los ámbitos de gobierno con el fin de controlar las áreas directivas y operativas del Estado para el logro de su aprovechamiento integral con miras a la persecución de su primordial objetivo: la transferencia sistemática de ingresos desde las clases populares a los grupos concentrados, los cuales no solo representan, sino que ellos mismos conforman y dirigen.

A la planificada estrategia de masivos despidos en el Estado (primero bajo la figura de “ñoquis” y luego bajo la justificación del “achique”), resguardados por el encubrimiento mediático y la connivencia de la dirigencia sindical, le prosiguió un sinnúmero de nombramientos de “empleados afines” en posiciones de primera, segunda y tercera línea (Ministros, Asesores, Secretarios, Subsecretarios, Coordinadores, etc.), donde el único requisito exigible, aún por encima de la capacidad para ejercer el puesto, estará dado por el grado de identificación con el modelo propuesto, su estatus de pertenencia y el nivel de relaciones dentro de esta compleja y bien planificada “Red Neo-Aristocrática”. Ejemplos acabados donde el servilismo se impone por encima de las capacidades para el cargo a desempeñar, pueden encontrarse sin dificultades en funcionarios de primera línea como Patricia Bullrich, Oscar Aguad o Sergio Bergman

Se producirán así centenares de designaciones de hombres y mujeres pertenecientes o ligados a un puñado de familias que propugnan por un modelo ultra conservador de desigual participación de la riqueza. Las mismas familias que luego lavan culpas, dinero e impuestos con sus Fundaciones y se camuflan dentro de Asociaciones Civiles “democráticas y republicanistas” y distintas agrupaciones de tinte ultra católico. Hombres y mujeres descendientes de una veintena de familias patricias, apellidos vinculados a la historia agroexportadora nacional, al circuito financiero, a las pocas grandes empresas industriales, a la machacada cotidianidad de los argentinos y, no en pocas ocasiones, a los capítulos más tristes de nuestra historia nacional dado su activa participación en los Golpes de Estado del siglo pasado.

El Pan de Negocios

Hemos dicho más arriba que el objeto principal de este grupo es producir la transferencia de ingresos. Uno de los errores más comunes de la dirigencia opositora o de los pocos comunicadores críticos que todavía quedan en el aire es, precisamente, intentar juzgar la eficacia del gobierno de Cambiemos por el cumplimiento o no de su “Plan de Gobierno” o, por manifestarlo de otra manera, por el logro o no de las metas propuestas en diferentes índices inflacionarios, sociales, etc.

Tomando parámetros del 2015, nos encontramos que “promesas” electorales y posteriores como pobreza cero, bajar la inflación, achicar el Estado, reducir el déficit, dejar de tomar deuda, cuidar a los jubilados, etc., chocan de plano con los resultados obtenidos por el Gobierno. Y lo ilusorio es pensar que existe realmente un Plan de Gobierno que contiene estas premisas, que no es otra cosa que un abanico de ilusiones huecas comunicacionales convenientemente filtradas por el extenso aparato controlado de medios de la Argentina. Y es que en la realidad este supuesto Plan de Gobierno colisiona con el verdadero plan de la dirigencia gubernamental del Cambio: El Plan de Negocios.

Y el Plan de Negocios es, básicamente, realizar la transferencia. Y para que esto se produzca, indefectiblemente, se debe empobrecer a las masas, desfinanciar el sistema jubilatorio, trastocar la balanza cambiaria, apostar al dólar, endeudar externa y eternamente al país y sacarle gravámenes a poderosos empresarios y terratenientes en detrimento de las grandes masas.

La Transferencia

La transferencia de ingresos que propugna el modelo Cambiemos, opera en dos dimensiones claramente diferenciadas, en donde la primera apunta a “sacar lo que se tiene” mientras la segunda propugna “sacar lo que se debe”. Si bien operan con cierto grado de simultaneidad, la primera se impone claramente en los primeros 18 meses de gobierno, mientras que la segunda lo hace a posteriori.

En una primera etapa los objetivos de Cambiemos se movieron en torno a una “transferencia directa de activos”, donde a través de reformas impositivas (como la quita de retenciones) y tarifazos (en los servicios), la pequeña riqueza per capita acumulada en millones de manos fruto de “la década ganada” y que se transformaba en consumo, se vio redirigida a los denominados “Dueños de la Argentina”, latifundistas y empresarios del área de energía y servicios. A costa de un inédito sobrendeudamiento que tuvo como corolario el reingreso del FMI, se impone la segunda, a la que denominaremos “transferencia indirecta de pasivos” y que es la que opera en el mercado financiero de la bicicleta especulativa sostenida por el endeudamiento y a través de la cual los inversores fugaces no productivos reciben “indirectamente” los dólares del endeudamiento externo argentino del cual se harán cargo, nuevamente, los no beneficiarios.

Corolario

El venidero año eleccionario presentará en el liderazgo de las encuestas nuevamente dos propuestas. La de Cambiemos (o la que surja de una reconstrucción de su imagen) se presentará desgastada por la obra propia de la destrucción que implementó en el gobierno. La semblanza de su ocasional líder, Mauricio Macri, llegará, presumiblemente, aún más desgastada, aunque con ciertas posibilidades que dependen, fundamentalmente, de cómo sus rivales jueguen las cartas.

Desde las antípodas se trabaja sobre la construcción de un posible “frente amplio opositor” que en su multiplicidad de integrantes dificultará la presentación de un modelo único ante el electorado. Hay escasas expectativas de que en los próximos meses se construya una imagen de un nuevo liderazgo representativo que aglutine a todos los sectores participantes; así, las PASO solo se presentarán como un respaldo cuantitativo de una multiplicidad de exponentes que no necesariamente terminarán convirtiéndose en la suma de las partes.

La Historia parece necesitar nuevamente de la presencia de un líder que los conduzca al triunfo. Y solo Cristina Kirchner entra en esa descripción.

Todos lo saben.

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