Rápido para los desempates

 

Londres dejó de ser gris para Carlsen gracias al desempate en semirrápidas que le permitió retener la corona de campeón mundial de ajedrez ante el retador Caruana.

Por Rodrigo Bisbal para Noticias La Insuperable ·

El Campeonato Mundial de Ajedrez se definió en una serie de partidas semirrápidas, modalidad en la que con los resultados a la vista se hace evidente que la supremacía de Magnus Carlsen no ha declinado. Fue un desempate con la tensión prevista, propia de una instancia secundaria en la que se juega al todo o nada aquello que no pudo decidirse en la principal, en este caso la de doce partidas “lentas”, símbolo máximo ─no puesto en duda hasta ahora─ del ajedrez de nivel superior.

Las tres partidas fueron intensas, aunque la inicial condicionó las siguientes: Fabiano Caruana pagó los errores de la primera con el tributo de tener que salir a ganar sí o sí ante un experto en marchitar posiciones y transitar como señor el árido feudo logrado. El juego otoñal de Magnus redujo a irremediable vasallaje la rebeldía del aspirante ítalo-nortemericano: un tres a cero contundente que tornó innecesaria la cuarta partida prevista en la serie.

Entre los muchos análisis de estas partidas disponibles en Internet está el del GM Pepe Cuenca que, en clave andaluza, propone un acercamiento descontracturado a los principales aspectos técnicos y psicológicos de la tríada fatal para Caruana.

El quizás inmerecido vapuleo en semirrápidas que sufrió el retador contrasta de manera notable con el desarrollo que tuvo el match. Las dos Damas de Carlsen en la última partida reflejaron la bizarría que puede alcanzar un desempate propicio para el espectáculo pero no del todo coherente si antes se alcanzaron niveles de paridad récord, sin precedentes comparables.

El noruego, corona en mano, remarcó ante la requisitoria del periodismo lo que en definitiva reviste mayor importancia como saldo ajedrecístico del duelo que mantuvo con Caruana: “Queda claro que en este momento no soy mejor que Fabiano al ritmo clásico y que para serlo debo trabajar en eso durante los próximos dos años”. Una verdad de Perogrullo imprescindible, valga la contradicción, para evaluar el match y pensar en las usinas normativo-organizativas las características de los futuros campeonatos del mundo.

El encuentro de Londres quedará en la historia de las curiosidades del ajedrez, pero también permanecerá como otra de las marcas inequívocas de una época en la que el juego ciencia enfrentaba, en breve lapso para su tan longeva existencia, más desafíos de los que se le habían presentado en varios siglos.


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