Se respira primer mundo

SÁTIRA | Por Onó, el Insuperable ·


Argentina le regaló a la civilización occidental un G20 inolvidable en la Ciudad que Horacito vistió de gala con la exquisita estética del cambio.

Desde que llegó Mauricio se respira primer mundo en cada esquina, de Ushuaia a La Quiaca. Pero este fin de semana rutilante los pulmones de la Argentina se saturaron de oxígeno glamoroso por obra y gracia, cuándo no, del donaire de nuestro estadista.

Los primeros mandatarios del mundo civilizado se prosternaron ante el liderazgo de un Presidente que los orientó en el laberinto diplomático del G20. El anfitrión brilló, conciliador, entre norteamericanos y chinos. También tuvo tiempo de consolar a Macron, víctima de la Internacional kirchnerista neroniana que, por un quítame esas pajas, pretende incendiarle París.

Secundado por una Vice políglota, atildada cicerone de la cumbre antes de su periplo azteca, y el humanismo de Pato puesto al servicio de la seguridad de los invitados, nuestro adalid mostró al mundo desde el Colón su patriotismo indeclinable con el noble llanto de la emoción propia del benefactor de un pueblo que por vez primera cata las mieles de la opulencia sustentable que brinda una sólida economía, hoy envidia planetaria.

Horacito, con la luz de led que simboliza la modernidad del cambio, revivió al maestro Soldi en la gala que conmovió al universo de la cultura. El legendario teatro que reconstruyó Daro con titánico esfuerzo brilló como en tiempos de Estanislao del Campo. El porteñísimo y refinado alcalde le arrancó elogios hasta a la prensa más hostil, invitada junto a la farándula izquierdizante a pesar de su pertinaz actitud de oposición destructiva.

Tan festivas y ecuménicas fueron las jornadas que hasta los ácratas de oscura capucha se abstuvieron de apedrear a la noble autoridad uniformada en las calles de la metrópoli. Incluso el anarquista más disolvente se hermanó con las fuerzas del orden para mostrar urbi et orbi la excelencia organizativa vernácula.

Desde el querido PRO informaron que todo terminó de la mejor manera: Vladimiro, Xi Jinping y Trump se fundieron en un abrazo fraterno bajo la tutela de Mauricio, que los hizo bailar a su armónico ritmo no sin antes invitarlos a estampar sus rúbricas en un documento amplio, claro y pletórico de acuerdos inéditos. ¡Qué lujo!

En la Babel del primer mundo ya no hay confusiones porque ahora existe un líder que facilita traducciones prístinas, seductoras hasta para el duro entendimiento del irascible Donald. Este hasta ayer nomás díscolo primer mundo necesitaba con urgencia un talento al servicio del cambio y la concordia. Lo tenemos nosotros, por fortuna. ¡Que no nos lo quiten! Debemos esforzarnos al máximo para retenerlo por siempre como conductor. ¿O no?

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