La leyenda de la guerra comercial (1º parte)

La guerra comercial de Estados Unidos, en la prédica republicana, es con el mundo, pero específicamente con algunos países que embaucaron a una pobre y negligente administración comercial americana. Estos engendros del mal son China y México. Ahora bien, si la guerra comercial tuviera un atisbo de verdad, los resultados no estarían divorciados de los hechos.

Por: Lic. Alejandro Marcó del Pont

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Desde enero del 2017, cuando Donald Trump asumió la presidencia, su campaña giraba en torno a dos ejes: 1) revertir el déficit de balanza comercial y 2) repatriar las inversiones americanas. En ambos casos obtuvo resultados opuestos. En lo que respecta al déficit comercial, como muestra el cuadro, tanto con el mundo, como contra sus más acérrimos archienemigos, el presidente republicano agravó la posición externa americana.

Fuente: El Tábano Economista en base a Census Bureau

Numéricamente queda desterrada la idea de una guerra comercial, que tiene poco de guerra y mucho de vidriera. Con China el déficit comercial se incrementó en 8.2% en el primer año de gobierno de Trump y saltó al 11.6% el año pasado. Con México la situación es un poco más elocuente. Mientras se negociaba el TLCN, en medio de bravatas, el déficit aumentó 11% y, posteriormente, en el 2018, creció casi un 15%. Con la honrosa excepción de Japón, los mayores aportantes al déficit comercial americano profundizaron su brecha.

Lo que queda claro, entonces, es que se desató una guerra por la supremacía geopolítica global, tecnológica y militar que asume, al menos por el momento, la forma de conflicto comercial. Dos sujetos se destacan abiertamente del enjambre de malignos en las últimas semanas: la compañía telefónica Huawei, la mayor empresa de telecomunicaciones y tecnológica China, ligada a la supremacía militar y a la seguridad nacional, y la República Islámica de Irán, asociada a la ruta de la seda y sus consecuencias geoeconómicas-energéticas.

Comencemos con Huawei, cuyo análisis tendremos que dividirlo en dos partes. Una relacionada con la seguridad nacional, la tecnológico-militar alrededor de quinta generación de telefonía móvil (5G) y otra vinculada a los beneficios, producción y asociación empresarial, que redujo la inclusión de la compañía asiática en una lista negra a la temporalidad de un suspiro.

Existe ante todo una imagen muy difundida dentro neoliberalismo, aquella donde los países capitalistas realizan su desarrollo tecnológico de manera anárquica, es decir, basados en la asignación de mercado que los guía hacia sectores de mayor beneficios, exentos de planificación. En cambio, el sistema chino tendría una profunda vinculación y articulación público-privada en el desarrollo tecnológico, en base a objetivos planeados, alentados y guiados por el Estado, como en el caso de Made in China 2025.

Esta imagen de modelos antagónicos es errónea, y queda claramente expresada en la adhesión fugaz de algunas empresas en la sanción impuesta a la compañía Huawei, y con anterioridad, la contribución por parte de esas mismas empresas para facilitar sus plataformas de búsqueda a los servicios de inteligencia americanos. Existe en los EE.UU. una simbiosis y un frente común en la guerra entre Estado y sector privado, reconociendo las facilidades que brindó el Estado emprendedor (Mariana Mazzucato, RBA, 2019) al posicionamiento hegemónica en el mercado. Lo que hace que los modelos chino y americano de desarrollo tecnológico sean similares ante los beneficios, pero con algunas variantes frente a los desarrollos tecnológicos.

Antes de entrar de lleno en el deslumbrante mundo de las 5G valdría la pena recordar que existieron otras cuatro generaciones anteriores a la que hace referencia sus siglas 5 (quinta) G (generación). Cada una de ellas nos fue brindando atributos. La 1G telefonía móvil, nos permitió realizar llamadas telefónicas desde fuera de nuestra casa, la 2G le incorporó mensajes de texto, los SMS, en la 3G destacó la navegación por internet y la 4G alta velocidad y paquetes de datos.

Ahora la tecnología 5G forma parte de la era de la invención, es la cuarta revolución industrial y quien la controle tendrá en sus manos el futuro del mundo. Todo lo que vimos, todo lo que imaginamos se transforma con esta nueva tecnología, su alcance desintegra cualquier juicio que hayamos tenido de la humanidad hasta el presente.

A diferencia del 4G que necesita antenas, este sistema lleva terminales en cada esquina, lo que permite tener redes propias, interconectarse sin restricción, no como las bandas que restringen el 4G. Su velocidad de transmisión es 100 veces mayor o tiene un incremento del 2.000%. Podrá bajarse una película de dos horas en 3 segundos, en una calle pueden haber conectados un millón de personas y la latencia, el periodo de respuesta, es de un milisegundo, o sea 400 veces más rápido que un parpadeo.

La latencia, esta capacidad de respuesta permitirá tener otro entorno con internet. Hospitales, ciudades, casas, electrodoméstico controlados y conectados sus aparatos por internet, autos sin conductor, aviones sin pilotos y la reducción del consumo de batería a una décima parte. La velocidad modifica la información. Los movimientos militares, los drones, armas, satélites, la desestabilización de gobiernos, los ciberataques, la anulación de defensas con misiles, todo tendrá conexión 5G.

Y China marcha a la cabeza de esta tecnología, por lo que el Pentágono considera que si controla la infraestructura digital del siglo XXI explotará su posición para sus propósitos de seguridad nacional y tendrá una influencia coercitiva en EE.UU. y sus aliados, ya que estas redes procesarán todo tipo de datos, apetecibles para los espías chinos. La expansión del 5G asiática amenazará la interoperabilidad de la OTAN, ya que EE.UU. no podrá integrar su red 5G segura con ningún elemento de los sistemas chinos.

Solo la conexión implica un negocio de 12 billones de dólares, y haciendo pareja con la inteligencia artificial será un verdadero torpedo de innovación. ¿Qué es la inteligencia artificial en este momento? Grosso modo, es una tecnología que tiene una cantidad enorme de información sobre un campo específico (por ejemplo, historial de pagos de préstamos) y la utiliza para tomar una decisión en un caso específico (otorgar o no un préstamo a un individuo), al servicio de un objetivo específico (maximizar las ganancias del prestamista).

Este tipo de inteligencia artificial se está incorporando a miles de campos y, gradualmente, estos softwares se encaminarán a remplazará a los cajeros de los bancos, los representantes de atención al cliente, a los radiólogos, entre muchos otros. Con el tiempo, esta tecnología controlará maquinaria semiautónoma y autónoma, como en los vehículos que se conducen solos, desplazara de sus fábricas a los obreros, a los empleados de la construcción, a los choferes, a los repartidores a domicilio y muchos otros puestos de trabajo.

Esta es la parte donde los Estados tienen que realizar tareas de regulación y modificación de la estructura fiscal para mantener los empleos, con aportes impositivos, que esta tecnología deseche. Aun así, debe tenerse en cuenta que votar por líderes que no consideren investigar, invertir fuertes suman en ciencia y tecnología, sobre esta nueva revolución industrial, será lapidario para las generaciones futuras.

Ahora que queda claro por qué hay que masacrar a Huawei, también tendremos que entender que esto es un negocio y como muestra el gráfico, la empresa china vende 206 millones de teléfonos anuales. O sea, 206 millones de ventas de componentes y procesadores de empresas que adhirieron al cerco que le han impuesto los fabricantes como Intel, Qualcomm, Xilinx, Broadcom, Micron Technology y Western Digital o la británica ARM. La misma cantidad de usuarios en Google Maps y Play Store, que representan el 70% de descargas de apps, Android, Facebook. Y que representan demasiada pérdida.

La efímera lista negra de Estados Unidos que impulsaba a las compañías de este país a no vender hardware y software a la firma china podía desatar consecuencias, pero si se espera que haya represalias por parte de Pekín, ¿qué pasaría?

En un ejercicio de ficción comercial y política se hizo un despliegue de algunas de las armas de respuesta de China. Los medios occidentales suelen magnificar las consecuencias de los ataques americanos a China, nunca la respuesta China a EEUU.

Imagine usted que China decide tomar represalias solo sobre Apple, solo sobre la fabricación del iPhone que vende 206 millones de celulares al año. Bueno, supongamos que la invención tiene sus frutos y China se venga del iPhone. La multinacional americana publicó recientemente una lista donde detalla los proveedores con los que trabaja, más de 200 empresas de 43 países diferentes (http://cort.as/-IfYa).

Dentro de la lista hay, como era de esperar, un sinnúmero de empresas chinas que provocarían un gran dolor de cabeza a su competidor iPhone. Sunwoda Electronic, con sede en Shenzhen, proporciona las beterías del celular, los chips de la serie A los diseña Apple, pero los produce TSMC (Taiwan Semiconductor Manufacturing Company), AAC Technologies es el fabricante de receptores, módulos de altavoz miniaturizados, micrófonos, Cathay Tat Ming Precision Metal Products se encarga de la producción de metales y Chengdu Homin Technology de las piezas de contacto y los elementos de protección.

Pero la frutilla del postre de la simulación es Faxconn, la ensambladora de los iPhone (radicada en Taiwán), y aquí sí que estaríamos en un aprieto en el caso de que China decidiera que los celulares americanos no se ensamblan más en el país asiático. En sentido semejante, tendrían problemas con los proveedores, si las empresas chinas actuarán como sus socios americanos. Lo cierto es que relocalización, suministros, logística, metas de producción y productividad, entre otras variables, estallarían en mil pedazos para Apple.

Esta no pasaría por la misma razón que la lista negra norteamericana duró un segundo, pero a largo plazo con la idea de una confrontación como trasfondo, las cosas cambian. Más de U$S 11.000 millones fueron invertidos por Huawei en semiconductores y chips. China está haciendo abuso del núcleo central del capitalismo, el capital.

Los Estados Unidos y Europa han incrementado el costo y la complejidad de la adquisición china de tecnología extranjera, cuando no su bloqueo total. En octubre, la Unión Europea aprobó provisionalmente las primeras reglas del bloque comercial sobre inversiones extranjeras en sectores sensibles. Ese paso siguió a las críticas por las compras chinas de proveedores de tecnología europeos que se consideran activos nacionales vitales, incluido el fabricante alemán de robots Kuka. Los compradores chinos también han adquirido los coches suecos que producen Volvo Cars y Mercedes, y también al proveedor suizo de tecnología agrícola Syngenta y el negocio de servidores de gama baja de IBM Corp.

Para invertir y producir en China hay que aliarse con una empresa del sector y que sea nacional, así las innovaciones tecnológicas y los desarrollos de occidentes son capturados por el país asiático. Nos queda el segundo punto, la ruta de la seda y el molesta Republica Islámica de Irán, para la próxima presentación.

Gentileza: El Tábano Economista

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