Vives como un burgués: Miguel Cantilo y la idea de lo progre en el cancionero de la transición

“Vives como un burgués” de Miguel Cantilo es, probablemente, el primer registro de la palabra “progresista” en la tradición del rock nacional. ¿Qué nos dice este tema de los progres, del rock, de los 90 y de la actualidad? Una radiografía del rock y de la progresía.

Por Eduardo Minutella para La Vanguardia Digital

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A partir de la década de 1990, la palabra progresista comenzó a utilizarse cada vez con más asiduidad para dar cuenta de un tipo de identidad política que buscaba conciliar libertad con igualdad en el marco de una sociedad capitalista y moderna. El auge de la adscripción al progresismo, un tipo de adscripción mayormente débil y en muchos casos más cultural que plenamente política– nació de una doble derrota de la izquierda. A nivel local, fue impulsada por quienes revalorizaban las virtudes del orden democrático y buscaban tomar distancia respecto de la tradición revolucionaria que había caracterizado a mucha de la militancia de los años setenta. En cambio, a nivel mundial, el apogeo del progresismo se correspondió con el colapso del bloque soviético y la expansión de la llamada Tercera vía, impulsada en el ámbito intelectual por sociólogos como Anthony Giddens y el recientemente fallecido David Held, y en la política por líderes como Tony Blair. Para muchos, los noventa fueron los años por antonomasia en los que no bastaba con adscribir a valores progresistas; había que serlo. A comienzos de la década anterior, en cambio, todavía eran pocos quienes se identificaban de esa manera. A lo largo de casi todo el siglo XX, los argentinos se definieron a sí mismos como radicales, peronistas, conservadores, socialistas, comunistas y hasta fascistas, pero nunca en primera instancia como progresistas. Por eso, resulta llamativo el uso temprano e identitario del vocablo progreque aparece en el tema de Miguel Cantilo Vives como un burgués, probablemente el primer registro de la palabra en la tradición del llamado rock nacional.

La canción apareció en Unidad, un álbum espiritualista de 1983 que, según manifiestó el cantautor, nació como resultado de la necesidad de encontrarse con su ser interior. Pero en plena transición democrática, aquella búsqueda introspectiva no fue bien recibida por aquellos a quienes el cantautor caracterizó retrospectivamente como “hordas vengativas antimilitaristas”[i]. La unidad que Cantilo buscaba por entonces era la de sus sueños sociopolíticos con la de sus necesidades espirituales de la hora, pero el clima social de los días finales de la dictadura pedía otra cosa. Para colmo, el cantautor venía del rechazo inicial que había generado el grupo Punch, su intento de introducir la new wave en un panorama local que todavía parecía pedir más Pedro y Pablo que ritmos bailables, corbatitas coloridas y raros peinados nuevos.

La canción apareció en Unidad, un álbum espiritualista de 1983 que, según manifiestó el cantautor, nació como resultado de la necesidad de encontrarse con su ser interior.

La canción de Cantilo parte de un tipo de crítica moralizadora, centrada en las ideas de autenticidad y de ser uno mismo. Por el contrario, el progresista que describe es un tipo social urbano artificioso, ilustrado, clasemediero e integrado al mercado de consumo, todo aquello connotado esperablemente en sentido negativo. El tema —musicalmente concebido de acuerdo al sonido de comienzos de los ochenta, como consecuencia de los arreglos de Osvaldo Fattoruso y de la participación de instrumentistas virtuosos, como el pianista Ricardo Nolé y el bajista Adalberto Cevasco— se construye en torno a un tipo de denuncia más moral que política: Te consideras progre, pero vives como un burgués. El progresista que delinea Cantilo es un sujeto aferrado a “convencionalismos y costumbres” que sigue órdenes dictadas por “la tabla de valores que compró en la librería de la ciudad”. En la poesía del juglar urbano, que había tenido su gran momento a comienzos los setenta con la célebre Marcha de la bronca, la relación con el mercado de bienes de consumo aparece como un elemento problemático, y es la clave para entender el carácter aparentemente contradictorio entre una progresía que se autoasumía como izquierdista, pero se refugiaba en la acumulación de bienes suntuarios “para combatir la mediocridad y el aburrimiento”. El protagonista del tema es un sujeto que pontifica sobre el mundo, pero siempre frente al televisor y desde la comodidad de su sillón. Cabe preguntarse hasta qué punto existía un sujeto social que respondiera a aquellas características en la Argentina devaluada, endeudada y derrotada militarmente en Malvinas de los años finales de la dictadura.

Aun así, pese a estar construida sobre reduccionismos algo caricaturescos y con resabios del discurso del hipismo y de cierta prédica socialcristiana, la letra escrita por Cantilo tiene algunos aspectos que resultan interesantes. En primer lugar, porque da cuenta de una tendencia al relajamiento de las identidades de izquierda y de un paulatino corrimiento ideológico hacia el centro. Un deslizamiento que en la Argentina solo tendría su momento de auge recién en la década del noventa:

 

Hoy eres comunista, mañana socialista,

luego socialdemócrata, ¿y luego qué?

 

Hoy eres comunista, mañana socialista, luego socialdemócrata, ¿y luego qué? – decía el tema de Cantilo.

Pero, además, Cantilo problematizaba las contradicciones de lo progre cuando aquella identidad localmente era apenas embrionaria. Probablemente, su interés por hacerlo fuera resultado de su experiencia en la España de la transición, donde recaló en 1977 para huir de la dictadura argentina. Fue en la península, antes que en nuestro país, donde se anticipó el cambio de significado de la palabra progresista. Si durante el franquismo se había correspondido con un sentido positivo, en los años que siguieron progre comenzó a utilizarse cada vez más asiduamente con signo negativo, para aludir a quienes, incluso identificándose públicamente como filoizquierdistas, consideraban que el marxismo era asunto del pasado, y que era tiempo de reconsiderar los vínculos entre izquierda y capitalismo con el objetivo de modernizar a la economía y la sociedad.

Sin embargo, el principal cuestionamiento de Cantilo no obedecía a razones de estrategia política sino éticas: lo que hacía del protagonista de su canción un ser cuestionable era, sobre todo, su condición narcisista. El progresista que presentaba era un tipo de izquierdista desprovisto de militancias y compromisos fuertes, un sujeto sin convicciones reales que cultivaba modales homologables a lo que por entonces todavía podía caracterizarse como “pequeñoburgueses”. En ese sentido, el arquetipo que construye Cantilo no se distinguía mucho del que describía el cantautor Alberto Cortez –otro músico que hizo su experiencia en la España de la transición– en sus Instrucciones para ser un pequeño burgués, de 1985:

Liberal, por supuesto, ha de ser

aunque el cuerpo le pida otra cosa

y si acaso dejar entrever

una leve tendencia izquierdosa.

Pero lo que en Cantilo aparecía con el tono altisonante de la denuncia, en el pampeano ya sintonizaba con cierta autocrítica escéptica e irónica que empezaba a resultar más acorde a los tiempos que vendrían:

 

En resumen, se debe tener,

vocación, ambición y paciencia,

para ser un pequeño burgués.

Yo lo sé por mi propia experiencia.

 

A pesar de haber construido su trayectoria como cantautor crítico, Miguel Cantilo tampoco ha sostenido convicciones políticas fuertes a lo largo de los años. Al contrario, más bien ha manteniendo un distanciamiento político que no difiere mucho del que podría atribuírsele al progresista genérico que denunciaba en su canción de 1983. La suya aparece, más que nada, como una lírica generada en la intersección entre el desencanto y la búsqueda individual y existencial de la autenticidad: “La experiencia de los años me ha ido demostrando que ninguna corriente política ni de pensamiento social en la Argentina ha merecido mi confianza y mi apoyo total”, manifestó al respecto en años recientes[ii]. E incluso, a falta de una caracterización más rigurosa, suele referirse a sí mismo como un hombre de ideas progresistas.

A comienzos de 2019, el periodista Cristian Vitale le preguntó al cantautor cuál era el principal problema que aqueja a las sociedades actuales. “La corrupción”, contestó el entrevistado[iii]. Una respuesta no muy alejada de la que podían dar a fines de los noventa muchos de los progresistas que describía, anticipándose una década, en su bosquejo pionero de 1983.

 

 

[i] El cantar de Miguel Cantilo, Buenos Aires, Galerna, 2008, p.112

[ii] Diario Perfil, 2 de octubre de 2016.

[iii] Diario Página/12,12 de enero de 2019.

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