A 200 años del nacimiento de Concepción Arenal

Hoy es el bicentenario del nacimiento de la licenciada en Derecho, periodista, escritora española y una incansable luchadora por los derechos de la mujer

Por la Redacción de Noticias La Insuperable

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Concepción Arenal Ponte nació en Ferrol (Galicia) el 31 de enero de 1820, hace hoy 200 años. Fue una visitadora de prisiones licenciada en Derecho, periodista y escritora española encuadrada en el realismo literario y pionera en el feminismo español. Perteneció a la Sociedad de San Vicente de Paul, colaborando activamente desde 1859. Defendió a través de sus publicaciones la labor llevada a cabo por las comunidades religiosas en España. Colaboró en el Boletín de la Institución Libre de Enseñanza. A lo largo de su vida y obra denunció la situación de las cárceles de hombres y mujeres, la miseria en las casas de salud o la mendicidad y la condición de la mujer en el siglo XIX, en la línea de las sufragistas femeninas decimonónicas, y las precursoras del feminismo.

Poco se sabe de la vida personal de una Arenal que siempre apostó porque se la conociera por su trabajo intelectual, y no por sus tejemanejes privados. Sabemos, como bien explica la Real Academia de la Historia, que vino al mundo en Ferrol hace hoy dos siglos, en el seno de una familia con cierto «bouquet» aristocrático. De su padre, Ángel, aprendió a ponerle arrestos a la vida y a combatir por lo que creía justo. No en vano su progenitor se había destacado como un militar patriota, pero también un liberal convencido al que sus rechazo del absolutismo le granjeó la cárcel. Su muerte en 1829 sumió a nuestra protagonista en un pesimismo exacerbado. De hecho, solía referirse a sí misma como «vaso negro que teñía de tristeza todo cuanto tocaba».

Su juventud, nos cuenta Manuel Villatoro, la pasó viajando junto a su familia. De Ferrol a Cantabria primero y, desde allí, a la capital. En 1841, sin embargo, la muerte de su madre se convirtió en una suerte de liberación mental. Para entonces, su curiosidad intelectual le había llevado a aprender italiano y francés por su cuenta y riesgo y a disfrutar de la lectura. Por ello, se decidió a transgredir la costumbre y a asistir a clases de Derecho en la Universidad vestida de hombre. En su biografía de Arenal para el Instituto Cervantes, M.ª Ángeles Ayala Aracil afirma que esta curiosa práctica la llevó a cabo entre 1842 y 1845. «Evidentemente no cursó la carrera, ni hizo exámenes, ni alcanzó ningún título, pues en este momento histórico las aulas estaban reservadas exclusivamente para los varones, pero sin duda enriqueció y afianzó su interés por las cuestiones penales y jurídicas», afirma la experta.

En la Universidad conoció al que se convertiría en su marido, Fernando García Carrasco, con quien solía disfrutar de largas charlas en los cafés… vestida como un varón. Así lo atestiguó el político del XIX Antonio Cánovas del Castillo: «La he visto en el célebre café del Iris, a la sazón en su mayor brillo, vestida de hombre, al lado de su marido y de un círculo de amigos particular». Poco después inició su carrera como articulista y escritora en «La Iberia», a la que pronto añadió una infinidad de poemas. Todos ellos, orientados desde el punto de vista de los individuos que favorecen el bien común.

Faceta social

La muerte de su primer esposo y de una de sus hijas, sin embargo, hizo que se trasladase a Cantabria. Pero ni allí escapó de la necesidad de escribir y dedicó su tiempo a elaborar ensayos sobre las desigualdades sociales. «Con razón pudo decir que la persona no tiene sexo y que el interés de un pueblo está en crear individualidades útiles para su desenvolvimiento y grandeza. Mujer sin títulos oficiales de ningún género, pudo aleccionar a doctores y licenciados porque, según sus palabras, “las cosas que sepa tan bien como el hombre, las enseña mucho mejor que él una mujer”», añadía el mencionado Francos Rodríguez.

Su faceta menos conocida fue la de visitadora de prisiones, cargo que recibió de la misma Isabel II el 4 de abril de 1864, según el Instituto Cervantes. «Fruto de esa experiencia personal son sus conocidas “Cartas a los delincuentes” (1865) donde aborda, entre otras, cuestiones tan delicadas como la necesidad de reformar el Código Penal, aproximándose en este sentido a las iniciativas que los krausistas habían emprendido», explica la experta. La publicación de esta obra provocó su cese inmediato. Pero eso no detuvo su labor a favor de los reos. Ni mucho menos. Por el contrario, fundó en 1870 un diario llamado «La Voz de la Caridad» en el que puso de manifiesto sus críticas contra el sistema judicial español. El resultado fueron más de medio millar de artículos hasta su cierre. Falleció muchos ensayos y libros después, el 4 de febrero de 1893 en Vigo.

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