Un argentino atraviesa el Atlántico en velero para volver a ver a su familia, esta es la increíble historia

Juan Manuel Ballestero tomó a fines de marzo una decisión compleja. El argentino se hallaba en Portugal cuando el COVID-19 se expandía rápidamente por Europa y, casi como una premonición, pensó en sus padres, de 90 y 82 años. Con los aeropuertos cerrados, partió en velero hacia Argentina, en un viaje que le llevó casi tres meses.

El 24 de marzo de 2020 Juan Manuel Ballestero decidió volver a Argentina, su país de origen, en plena pandemia de COVID-19. El país sudamericano ya tenía casos desde hacía tres semanas y el hombre de 47 años temió por su familia.

Estaba viviendo en Portugal, donde aún no había contagios por el virus, pero los vuelos se hallaban suspendidos tanto en el viejo continente como en Argentina, así que se animó a emprender el viaje por altamar. 

Fueron casi tres meses, y para nada sencillos. Encontrarse con sus padres, de 90 y 82 años, y con sus viejas amistades iba a valer la pena, pensó. Y lo hizo.

Con 200 euros compró víveres para la travesía, contó a La Nación. Luego emprendió viaje. La primera y más peligrosa parada que hizo fue en la ciudad costera Vitoria, este de Brasil. El Skua, nombre de su velero, tenía una avería y no había más opciones. “Ahí sí me preocupé porque nadie se cuidaba”, admitió.

Desde allí siguió hasta el sur y llegó al balneario de La Paloma, al este de Uruguay. Paró para cargar combustible y desde allí fueron sus últimas 60 horas de viaje hasta llegar a Mar del Plata, su ciudad, al sudeste de la provincia de Buenos Aires. 

De mameluco rojo, boina negra, y una barba de tres meses, lo vio desde lejos su hermano Carlos, que lo esperaba en uno de los muelles de la costa. Se saludaron con la alegría de quienes por casi 90 días no pensaron en otra cosa. Ahora, sin embargo, van a tener que esperar un poco más, indican desde Sputnik

Ballestero ancló el barco en el puerto marplatense, y allí deberá quedarse durante 14 días antes de poder pisar tierra. “No quiero ninguna diferencia, aquí hay que cuidarse y mi hogar está en el mar”, contestó cuando le ofrecieron cumplir la cuarentena obligatoria que rige en Argentina en uno de los hoteles disponibles para los repatriados. 

Su padre, Carlos, y sus amigos también se acercaron a la costa y lo recibieron con un aplauso. Aunque todos le habían advertido que era peligroso, el amante de los veleros ya había hecho el mismo viaje en 2011, y se sentía confiado en poder hacerlo de nuevo, aunque esta vez no tuvo el mismo tiempo para preparar el viaje. 

Resolvió quedarse a vivir en su país, y aunque todavía le quedan casi dos semanas de aislamiento obligatorio desde su llegada este 17 de junio, tiene paciencia y aguarda el momento, por el que hizo tanto, de abrazar a los suyos. 

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