A 30 años de la implosión del Albergue Warnes, un destino incierto de terrenos en disputa y aún en conflicto

Hace tres décadas, media tonelada de dinamita, convertía en escombros el edificio que estaba destinado a ser el Hospital de Niños y Epidemiología Infantil más grande de Sudamérica. Proyectado en 1951, las obras se paralizaron a partir del golpe terrorista de 1955 denominado “Revolución Libertadora”. Más tarde, la estructura fue tomada por familias sin techo que dieron origen al “Albergue”. Su demolición, en marzo de 1991, fue seguido en vivo desde el lugar y por los medios de comunicación.

Por la arquitecta Mónica Dittmar

Paradigma y promesas de una época: …“de los odios nacionales a un futuro próspero”

Ese sábado 16 de marzo de 1991, la ciudad amaneció expectante a la gran implosión del ex Albergue Warnes que iba a ser televisada. Desde el mediodía, la zona lindera al Parque de Agronomía, entre las vías del ferrocarril Urquiza, las avenidas Chorroarín, De los Constituyentes y Warnes, se encontraba vallada. En escena, un público ansioso por asistir y ocupar la primera fila reservada a los funcionarios, los medios de prensa inquietos insistían en el show imperdible junto a políticos, policía, ejército, vecinos, inclusive algunos de los habitantes desalojados con lágrimas en los ojos iban a ser parte de los protagonistas en detonar los explosivos. Estos serían dinamitados por especialistas en secuencias con intervalos de suspenso, acompañado por sirenas y revoloteo de helicóptero. A las 15 horas, fue el primer estallido de dinamita anunciado por secciones y a las 18.20 horas. comenzó la  cuenta regresiva. Al grito de ¡¡fuego!!…llegó el desplome final de la mole inmensa vacía, un gigante de mampostería sin carpinterías ni ascensores ni agua ni cloacas de 10 pisos, un total de 94.000 m2 cubiertos. La nube de polvo cubrió los barrios vecinos y desde lejos se vio flotando como en un espejismo, el sueño de una Argentina que no fue. El Hospital de Niños y Epidemiología Infantil más grande de Sudamérica, obra inconclusa en 1955 debido al golpe de la Libertadora, ha sido desprestigiada, usurpada y llamada “aguantadero” en la dictadura, finalmente desaparecía. Con su final, también sucumbía la noción del derecho a la salud y la protección de “los niños primero”, política pública sanitaria emblema de la Fundación Eva Perón que, en 1950, había respaldado su construcción. Caía así un prestigioso modelo de Medicina Social y Salud Publica implementado por el Plan Integral del Dr. Ramón Carrillo, Ministro de Salud del gobierno peronista.[1]

No faltaron aplausos y abrazos de políticos emocionados junto al público. Al cierre de la excitante jornada, se escuchó el discurso del flamante Intendente de la Ciudad, el Lic. Carlos Grosso, quien exclamó alegremente: “Ya fue!… Como dicen los chicos…terminamos con la etapa de los administradores cobardes, e irresueltos…que expulsaban ya no sacados con tanquetas sino mudados a un barrio digno”, refiriéndose al traslado, días previos en camiones de madrugada, de las 2000 familias que habitaban en el lugar a Villa Soldati al futuro barrio Ramón Carrillo. Grosso también auguraba la venta de las tierras públicas festejando la llegada de los grandes negocios inmobiliarios. En aquél entonces, el intendente a cargo anunciaba a modo de predicción: “De los escombros renacería el progreso de una vida digna terminando con los odios nacionales y las rupturas…”, y “revitalizaría una zona postergada con varios viejos edificios de hospitales y fábricas abandonadas con depósitos y bodegas cerradas”. Un auspicioso emprendimiento y cambio de imagen florecería con un nuevo barrio de 19 manzanas, y el aporte privado de 200 millones de dólares que traería cine, comercios, centro cultural, nuevos paseos parquizados e iluminados, hasta incorporaría los terrenos de la Facultad de Agronomía y Veterinaria.[2]

Los años 90: “Nada de lo que deba ser estatal, permanecerá en manos del Estado”

La Ciudad de Buenos Aires no tenía todavía su autonomía. Sus decisiones estaban por lo tanto sometidas a las políticas neoliberales del Ejecutivo nacional, el cual definió el comienzo de la Reforma del Estado (Ley N° 23.696). Con esta iniciativa, se apuraban leyes de desafectación de terrenos de dominio público; desalojos, expropiaciones, traspaso de tierras del gobierno nacional al municipal, concesiones, ventas de empresas públicas; servicios básicos privatizados: agua, luz, gas, tele comunicaciones, etc. Asistíamos a la transferencia de los recursos públicos a manos de un empresariado que se manejaba con el apoyo de políticos, banqueros y multinacionales: YPF, ELMA,  Aerolíneas Argentinas, el puerto, ferrocarriles. Todo firmado y garantizado por Domingo Cavallo, Ministro de Economía estrella de la convertibilidad menemista, que, a su vez, consolidó el modelo de Martínez de Hoz de la dictadura de concentración del poder, generando también más desigualdades, desocupación y pobreza. “Nada de lo que deba ser estatal, permanecerá en manos del Estado”, fue el lapsus promovido por el entonces ministro de Obras y Servicios Públicos, Roberto Dromi, al anunciar el primer mandamiento del decálogo menemista de aquella reforma.

“La ciudad del espectáculo”: la concepción menemista de ciudad

Quizá podemos pensar que ese día fue el comienzo de una época llamada por algunos urbanistas la “ciudad del espectáculo”, o “la ciudad globalizada”. Había llegado la modernización de la ciudad bajo la influencia de los debates y postulados internacionales, con nuevos barrios, proyectos urbanos con nuevos modos de habitar: shoppings con cines, hipermercados, complejos de torres, polos gastronómicos, escuelas shoppings. Y en la Provincia de Buenos Aires surgían los barrios privados cerrados, countries con nuevas modalidades de vivir apartados, inmersos en la “naturaleza”, bajo las supuestas comodidades de la ciudad y con un disciplinamiento cultural: aislarse en un mundo ficcional entre “pares” y consumir lo inimaginable en el shopping.[3] Se profundizaba un proceso de segregación social, espacial, cultural y fragmentación de la ciudad. Estos grandes negocios se orientaban a posicionar en el ranking mundial la marca ciudad, con la explosión del desarrollo y productividad urbana. La ciudad se asimilaba a una empresa y como tal debía ser gestionada. En este panorama, surge el diseño del Masterplan de un nuevo barrio en el viejo puerto de Buenos Aires ya desactivado. Se creó una empresa mixta, la “Corporación Puerto Madero”, que podía vender y administrar terrenos de dominio público sin pasar por el Congreso Nacional. El mecanismo “funcionaba”: se destrababan conflictos y el Concejo Deliberante aceleradamente los rezonificaba: “todo lo público debía privatizarse”.

Declaraciones de Pino Solanas, el día que implosionaron el “Albergue Warnes”

Una buena oportunidad de mercado con tierras en conflicto

Comenzaron también las obras del “Nuevo Abasto”. Otro emprendimiento que prometía la expulsión de inmigrantes y “okupas” con la construcción del shopping en el viejo mercado. De igual modo, se llevó a cabo el desalojo de la mayoría de las viviendas de la ex AU3, traza que atravesaba la ciudad de Norte a Sur, proyecto faraónico del Plan de Autopistas de la dictadura militar que Cacciatore había arrasado con las topadoras y no pudo terminar. El barrio de La Paternal no quedó atrás, pues ofrecía una buena oportunidad de mercado con tierras en conflicto jurídico sucesorio, posibles de expropiarse. Amplios terrenos cedidos a reparticiones públicas, los hospitales Alvear y Tornú, el Instituto del Cáncer, el asilo Garrigos de Contraventoras y el Hogar San Martín, depósitos del ferrocarril abandonados, bodegas cerradas, el gran Parque de la Facultad de Agronomía y Veterinaria, además de un equipamiento disperso de escuelas, clubes y núcleos de viviendas, que le otorgan al barrio hasta el presente ese carácter diverso, donde la trama colonial se entrecruza. Estas tierras habían pertenecido a los Jesuitas hasta su expulsión en 1746, fueron la “Chacarita de los Colegiales”, zona extensa de quintas y tambos. Antes de la federalización de la Capital de Buenos Aires en 1887, fue el encuentro de los dos grandes Partidos de Flores y Belgrano, ejes del crecimiento de la ciudad hacia el Oeste y el Norte, que en épocas de Rivadavia prometía la modernización de la ciudad colonial con trazados y loteos urbanos. En 1880, la administración de Torcuato de Alvear propuso la creación del “Parque Central o del Oeste”, influenciado por el pensamiento higienista de la época que comprendía los beneficios sanitarios de los parques públicos y paseos urbanos.[4] A fines del siglo XIX, ya asentado el Cementerio del Oeste luego de la gran epidemia de fiebre amarilla de 1871, estos terrenos sufrieron múltiples cambios. Fueron subdivididos en chacras, quintas, loteos con innumerables propietarios y conflictos sucesorios. De haberse llamado “potrero de Etchevarne” pasó a llamarse ” Albergue Warnes”, nombre que preservó hasta el momento de su implosión en 1991. Actualmente, el área se conoce como “La Isla de La Paternal”.

El Parque del Oeste proyectado en el Plano Ludwig 1912 de la Ciudad de Buenos Aires

“La década robada”, una época que quiso tener autonomía y construir ciudadanía

Se perfilaba un modelo de país pensado desde los negocios del mercado, que ya auguraba un futuro de desigualdades y exclusión junto al debilitamiento del Estado, aunque, internamente, algunas fuerzas políticas resistían a la lógica neoliberal y se organizaban en instituciones autónomas “progresistas”. Estas fuerzas lograron, en 1994, la reforma de la Constitución Nacional en su art. 129, el cual establecía que “la Ciudad de Buenos Aires tendrá un régimen de gobierno autónomo, con facultades propias de legislación y jurisdicción, y su Jefe de Gobierno será elegido por el pueblo de la Ciudad”. En 1996, se constituyó la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, sancionando la primera Constitución Autónoma que introdujo formas de democracia directa, semidirecta, la descentralización del poder pensando en las comunas, considerando la participación populary ampliando derechos con la inclusión social en las políticas públicas. Se trataba de construir ciudadanía y de no ser presa fácil de buitres ocasionales. En momentos de la gran crisis institucional menemista, Grosso, que había durado poco en el cargo, fue forzado a renunciar en 1992, luego de una sucesión de escándalos de corrupción. Pero como él mismo ya lo había manifestado en su discurso, estos ciclos históricos no terminan, vuelven. “La vieja política” se recicla, se renueva con negocios, amistades y parentescos que se adaptan a las distintas épocas. Quizá podamos poner un punto de inflexión en el fin de la presidencia de Fernando de la Rúa, pero no final, con la potente y ferozmente reprimida, revuelta social del “19 y 20 de diciembre de 2001”, cuando el país estallaba al grito: “Que se vayan todos.”[5]

Es así que se rechazaba el plan neoliberal de humillaciones y mentiras evidenciando el descredito partidario, con la disconformidad a la democracia representativa. La ciudadanía se organizaba en asambleas barriales a discutir la pérdida de los bienes comunes, el dominio de las tierras publicas, la identidad cultural, social, popular. Una sociedad que se movilizaba en acciones colectivas y proyectos de recuperación de espacios públicos para uso comunitario. Tiempos violentos, pero con una vocación de autonomía muy fuerte. A 20 años de aquella “pueblada” quedaron voluntades, intenciones de transformación en tensión entre lo viejo y lo nuevo, ciclos históricos que no terminan, vivencias que quedan en la memoria colectiva y vuelven como olas que reavivan las luchas.

¡VECINOS EN ALERTA! LA LUCHA SIGUE. LAS HERIDAS DEL PASADO NO CIERRAN.

La preocupación de los vecinos cercanos al barrio de Parque Chas, Agronomía, La Paternal sigue presente. A partir de una lucha colectiva de años en asambleas, acciones, actividades culturales, plantación de árboles, reuniones con otras organizaciones barriales en defensa de las tierras y el patrimonio público lograron un proyecto propio alternativo denominado “Parque La Isla de la Paternal”. Los vecinos lo presentaron y debatieron en la Legislatura porteña, exigen que no se construya el megaproyecto vigente por Ordenanza Distrito U 26, de 1997.[6] Esa propuesta se fundamentaba en el viejo Código de Planeamiento, que determinaba un Plan integral de Ordenamiento del Área Chacarita, Agronomía, Paternal entre las vías férreas con la construcción de 11 torres de 16 pisos, de altura máxima 48,5 metros proyectadas con vistas panorámicas y construcción de subsuelos y estacionamiento. Además se manifiestan en firme rechazo a la altura de los edificios no permitida por el actual Código Urbanístico, denunciando que viola el Plan Urbano Ambiental[7] y no contempla las necesidades de los vecinos, el respeto a la calidad de vida y la identidad barrial, asociada al parque público pulmón verde de la Comuna 15. Sector considerado corredor verde de los barrios de Agronomía y La Paternal a escala de toda la Ciudad. Sin embargo, ya en 2018, un convenio urbanístico votado en la Legislatura porteña con mayoría oficialista actualiza la normativa, y ratifica la localización de un hipermercado y la posibilidad de fraccionamiento de una superficie máxima de 22.000 metros cuadrados destinados a viviendas y nuevos usos mixtos: comercios, polo gastronómico, hoteles, oficinas.[8]

UNO NO NACE CIUDADANO, SE HACE!!

Esa operatoria de gestión administrativa del Gobierno de la Ciudad de los 90, sigue estando sobre la mesa y cierra con todos los actores, primero con Macri y luego con Larreta. En la Legislatura porteña, se acuerda una normativa adecuada, con un convenio urbanístico para lotear y vender en subasta pública, finalmente se ajusta con un proyecto ganador del concurso “de ideas” con financiación privada asegurada. Así, según este relato, todos los actores están “incluidos”: salvo los que habitan, ciudadanos que solo tienen la palabra en la Audiencia Pública no vinculante, apenas escuchados mientras una publicidad amarilla y mentirosa anuncia al cliente, ya no un ciudadano con derechos… ¡¡“En todo estas Vos”!!

Hoy, la pandemia evidenció la falta de espacios públicos verdes y nos trae una esperanza en una conciencia ambiental atenta que se expresó ampliamente con una gran participación en la Audiencia Publica en defensa de la costa ribereña del Río de la Plata, Costa Salguero, con argumentos y propuestas con fundamentos con una participación activa en acciones en la calle, caravanas y abrazos. Uno no nace ciudadano se hace: ejerciendo derechos, exigiendo que se cumplan las leyes, ampliando y proponiendo ser escuchados. Es necesario profundizar esta democracia participativa que logramos tener, como consta en la Constitución Autónoma de la Ciudad de Buenos Aires. Exigir que se cumpla la Ley N° 1777 de Comunas, descentralizando el poder en las tomas de decisiones, con presupuesto participativo, con audiencias públicas vinculantes, con más mecanismos de participación directa, con debate de ideas y consultas populares presentando leyes por iniciativa popular. ¡¡Lo imposible es cuestión de tiempo, de lucha y MEMORIA!!

Docente de la Facultad de Arquitectura Diseño y Urbanismo de la UBA. Participa en proyectos de investigación, relacionados con el patrimonio, la vivienda y el espacio público, priorizando problemáticas de género y comunicación social. Integra el Colectivo de Arquitectas; Radioasamblea; Vecinos por el 25 de Mayo y la Asamblea de Vecinos Autoconvocados de Villa Urquiza.

Gentileza: ParqueChasWeb

1 Comment

  1. Perón y Evita quisieron que fuera el Hospital de Niños más importante de Latinoamérica. Pero el proyecto fue frustrado en 1955, cuando los gorilas le arrebataron al pueblo el poder. A partir de ese momento, pasó a llamarse «Albergue Warnes». Que fue sinónimo de tristeza, desolación, miseria. Esta es su historia íntima. Cotidiana. La que la prensa del régimen prefirió ocultar. 0 mistificar. Después llegó el onganiato (mucho menos convencido que los liberales sobre la conveniencia de seguir con «la vergüenza del Albergue Warnes») empezó a estudiar la posibilidad de trasladar a «esa gente» a los «núcleos habitacionales transitorios». Al onganiato le gustaba el orden, la disciplina, la corrección, la moral, las buenas costumbres…
    el onganiato (mucho menos convencido que los liberales sobre la conveniencia de seguir con «la vergüenza del Albergue Warnes») empezó a estudiar la posibilidad de trasladar a «esa gente» a los «núcleos habitacionales transitorios». Al onganiato le gustaba el orden, la disciplina, la corrección, la moral, las buenas costumbres…
    Se fue Onganía, llegó Levingston, después el teniente general Lanusse. Nadie se acordó de ese lugar. Nadie quiso recordar que el gobierno peronista lo había empezado a construir para erigir un Hospital de Niños único en Latinoamérica.
    A los gorilas, por supuesto, le interesaba que el lugar se desprestigiara. Que una obra sensacional, iniciada por el gobierno peronista, se deteriorara hasta convertirse en «éso». La prensa del régimen, desde luego, prestó su inestimable colaboración. «Es hora de terminar con esta situación», editorializaban los «diarios serios». Ofendidos, lacrimosos, clamaban al cielo para que las «autoridades intervengan».

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