Naturaleza exuberante y diversidad en Sudamérica: viaje literario hacia la semilla del Realismo Mágico

Una invitación a conocer al escritor que capitalizó estéticamente su experiencia en un entorno maravilloso, arduo y pletórico de manifestaciones vitales.

Por Alejandro Lagreca para Americana*

Todo lector sabe, por más modesta que sea su experiencia literaria, que la presencia de la naturaleza en las obras narrativas no es un hecho excepcional. Paisaje, clima, flora o fauna suelen ser el marco de infinidad de aventuras y, en muchas ocasiones, acompañar los estados anímicos de personajes protagónicos de la literatura europea tan disímiles como el joven Werther, el comisario Maigret o Tristán e Iseo.

Tal presencia, sin embargo, cobra especial magnitud cuando se aborda la literatura latinoamericana. Las características del continente propician la exaltación de la exuberancia diversa: todo está presente, desde los insectos que asombran o aterrorizan hasta las inmensas selvas, ríos salvajes y bosques nativos. Podría decirse que se trata de un carné de identidad que asoma desde la letra impresa, un brillo que ya antaño había deslumbrado a conquistadores y viajeros provenientes del viejo mundo.

En una entrevista, García Márquez, premio Nobel 1982, se refirió a esta peculiaridad continental tan fecunda viendo su lado problemático: “nuestra realidad es desmesurada y con frecuencia nos plantea a los escritores un problema muy serio, que es el de la insuficiencia de las palabras”, e ilustró el planteo con algunos ejemplos tales como “los ríos de aguas hirvientes y las tormentas que hacen estremecer la tierra, y los ciclones, que se llevan las casas por los aires, no son cosas inventadas, sino dimensiones de la naturaleza que existen en nuestro mundo”.

La exaltación de la natural exuberancia, llevada hasta el límite, recorrió el planeta en infinidad de traducciones de cuentos y novelas pergeñados por escritores que, a pesar de sus diferencias estilísticas, fueron presentados por la industria editorial como un grupo homogéneo a través del movimiento llamado Realismo Mágico, núcleo del “Boom” de la literatura latinoamericana que brilló en la segunda mitad del siglo XX.

La publicación de las grandes ficciones del Boom –con Cien años de Soledad a la cabeza, novela de Gabriel García Márquez- dejó su huella en el orbe de lectores y, hasta hoy,  es corriente que en el concierto universal de la literatura el Realismo Mágico se considere casi un sinónimo de las letras suramericanas, así como Diego Maradona, el tango y Lionel Messi se convirtieron en sinécdoque de un país entero: Argentina.

También el protagonismo de la naturaleza que desafía el concepto de verosimilitud narrativa, que asombra y desborda páginas e imaginación, se ha asimilado a este movimiento como una audacia devenida en descubrimiento estético, original y artísticamente señero.

Sin embargo, más allá del inevitable reduccionismo generado por un fenómeno editorial sin precedentes, para los fieles amantes de la diversidad y la exuberancia naturales, la obra de un solo autor podría causar, tal vez, más placeres y asombro que la del amplio conjunto de escritores del Boom. Dicho esto, claro está, sin perjuicio de la gran calidad e indiscutible talento de muchas de las insignes plumas que engalanaron el Realismo Mágico.

El autor al que nos referimos, Horacio Quiroga, comenzó a publicar su obra a principios del siglo pasado.  Nació en Uruguay pero residió en Argentina gran parte de su existencia y vivió muchos años en las orillas de la selva misionera. Se lo considera, con justicia crítica, maestro del cuento.

La obra de Quiroga es extensa. Destacan los cuentos ambientados en el marco de la selva, seguramente la parte medular de su producción. En ellos el protagonismo de la naturaleza es indiscutible. Aunque no esté personificada ni mitificada, -a excepción de Cuentos de la selva, publicada en 1918, extraordinaria obra originalmente destinada al público infantil- su influencia en la vida, la muerte y las pasiones humanas resulta, al cabo, decisiva en cada historia: influye tanto en lo cotidiano como en lo extraordinario, en lo trivial o en lo trascendente.

Por más que la exuberancia diversa aflore con fuerza arrolladora, este protagonismo no impresiona como elemento reñido con el concepto de verosimilitud. Tampoco hay una preferencia por destacar exclusivamente la desmesura que desborda los límites de la racionalidad: la naturaleza puede imponer su influjo tanto a través de hormigas, uras, barigüíes o abejas como de anacondas, yararás cusú o tigres. Con descripciones objetivas y breves pasajes explicativos, Horacio Quiroga encuentra la manera de sumergir al lector en la lógica vital del entorno selvático.

El realismo de nuestro autor, aunque nada tenga que ver con lo mágico, no está exento de belleza. El humor, la acidez, la dulzura y el dolor se equilibran en el conjunto narrativo. Algunos relatos sorprenden con remates finales secos e inesperados, característicos de la maestría que la crítica atribuye a Quiroga; otros guían al lector por la senda de la estupidez humana que, entre conflictos y despliegues de soberbia, preanuncia inevitables consecuencias al confrontar con fuerzas naturales a priori subestimadas.

Una sinergia inesperada entre hormigas y abejas, por ejemplo, determina el destino final del contable Benincasa, personaje principal de “La miel silvestre”, texto incluido en la colección Cuentos de amor, de locura y de muerte. La citadina obcecación del contador anticipa el arduo final que lo aguarda en el monte. “Benincasa  había sido ya enterado de las curiosas hormigas a que llamamos corrección. Son pequeñas, negras, brillantes, y marchan velozmente”. Leer el cuento completo.

horacioquiroga.org

Como se anticipó más arriba, una parte significativa de la vida de Horacio Quiroga transcurrió en la provincia argentina de Misiones, situada al noreste del país y en límite con Brasil. Este largo periodo estuvo atravesado por el influjo selvático, con esa naturaleza tan atractiva y seductora como inclemente que enriqueció su producción literaria.

Dicho sea de paso, los viajeros que buscan destinos maravillosos bien sabrán que hoy en día Misiones (República Argentina) atrae al turismo internacional hacia las Cataratas del Iguazú, los Saltos del Moconá y las Ruinas de San Ignacio. En las inmediaciones de esta última atracción puede visitarse la casa de Quiroga, fielmente reconstruida.

De regreso a los aspectos literarios, es importante hacer hincapié en el valor de la obra de Horacio Quiroga como punto de partida de la evolución identitaria que las letras latinoamericanas experimentaron en el siglo XX. En este derrotero inverso que va desde el candelero universal representado por el Boom hasta la producción textual del escritor uruguayo hay, parafraseando a Alejo Carpentier, un viaje a la semilla muchas veces soslayado por la crítica especializada.

Los componentes sociopolíticos que afloraron en celebradas narraciones de escritores suramericanos incluidos dentro del Realismo Mágico también se hicieron presentes, con crudeza, en los relatos de Quiroga: en el marco de la selva, la descripción de las durísimas condiciones del obraje, los padecimientos de los mensú –trabajadores “del mes”-, la explotación deshumanizada y la arbitrariedad de patronos y burócratas entrecruzan el mundo ficcional que el escritor forjó en Misiones.

Si el lector considera que adentrarse en la obra –y, por qué no, en la vida- de Horacio Quiroga podría depararle una satisfacción estética no exenta del interés que la biodiversidad conlleva, reservamos para el final una selección de enlaces y la cita bibliográfica de una excelente edición de sus cuentos completos.

En 1987 Eduardo Mignona presentó su miniserie sobre Horacio Quiroga, una producción bien documentada e impecable en sus aspectos artísticos: «No es fácil para mí tratar de evocar a Quiroga como verdadero o recobrado, como escritor y como hombre, porque él contó en sus cuentos su odisea cotidiana y su vida privada. Yo traté de mostrar la frontera invisible entre su vida y su obra.». La versión completa está disponible en Youtube (cuatro capítulos).

Imágenes e ilustraciones actualmente disponibles en sitios web. San Ignacio Miní: https://universes.art/es/art-destinations/argentina/misiones/casa-horacio-quiroga/07,  Homenaje a los 100 años de la publicación de “Cuentos de la selva”: http://www.rociomikulic.com/homenaje-a-horacio-quiroga, Revista HUM BRAL, edición especial, digitalizada (PDF), en homenaje a Horacio Quiroga: https://es.calameo.com/read/0008600511f000bf069de.

En el website de la Fundación Horacio Quiroga puede hallarse una parte esencial de su producción narrativa, imágenes históricas y material complementario muy variado: https://horacioquiroga.org/

 “Horacio Quiroga, el desterrado”, es un destacado trabajo documental de Marcelo Dacher. También disponible, íntegro, en vídeo de Youtube.

De Cuentos de la selva puede hallarse, en audiolibro, “La tortuga gigante”, texto destinado -en teoría- al público infantil.

La publicación española de los cuentos completos del autor: Horacio Quiroga (1993), Todos los cuentos, edición crítica a cargo de Napoleón Baccino Ponce de León y Jorge Laforgue, Madrid, FCE.

Y, por último, para los entusiastas del libro álbum, una versión de “A la deriva”, uno de los relatos más celebrados del autor, tanto por el público como por la crítica.


*Publicado originalmente en Americana, número 3, revista editada por www.terramirabile.org

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