Las familias de los rugbiers se posicionan como una elite que mira a la sociedad «desde arriba»

Así lo manifiesta Sebastián Fuentes, científico del CONICET y autor del libro Cuerpos de elite. Educación, masculinidad y moral en el rugby argentino.

Si el fútbol es pasión de multitudes, del rugby puede decirse lo contrario: que es un deporte de elite. En Argentina surgió a fines del siglo XIX, ligado al ámbito universitario: a los jóvenes ilustrados que se constituían como los grupos dirigentes del país. Varones profesionales, heterosexuales, educados para subordinar sus cuerpos masculinizados ante el dolor, atravesados por una “educación en valores” que los llevó a posicionar como una suerte de modelos estético-morales de la sociedad. “Pero ahora, el mundo del rugby está en plena transformación global –asegura Sebastián Fuentes, antropólogo social e investigador del CONICET en el Programa Educación, Conocimiento y Sociedad, Área Educación de FLACSO Argentina-. Ya no pertenece solamente a los sectores privilegiados. Hoy el rugby es, de alguna manera, un laboratorio de los cambios culturales que atraviesan a la sociedad”. De ese abordaje se ocupa en su libro Cuerpos de elite. Educación, masculinidad y moral en el rugby argentino, publicado recientemente por Editorial Prometeo, en el que volcó el resultado de más de una década de investigaciones en torno al mundo del rugby argentino.

Los principales cambios en este universo, tal como explica el científico, comenzaron en los últimos años del siglo pasado, cuando el rugby se declaró como un deporte profesional a nivel internacional “y comenzó a legitimarse en cada país y en las competencias internacionales algo que ya sucedía, que es que había mucho dinero alrededor del mundo del rugby y los jugadores cobraban esos dineros por fuera de lo establecido, de manera informal, porque se suponía que era un deporte amateur. Eso pasaba en todas las grandes potencias de este deporte, pero no en la Argentina. De hecho acá aun hay un sistema mixto: el rugby en los clubes es amateur, en el sentido de que los jugadores no cobran, pero es pago, profesional, en las franquicias avaladas por la Unión Argentina de Rugby”, señala Fuentes.

A partir ese punto se introdujeron nuevos factores en torno a la trayectoria de los jugadores, el financiamiento, los modos de jugar el deporte, “y también la manera en que el deporte se construye como una vidriera para determinados sectores sociales y cómo está intentando cambiar la composición social del deporte –dice Fuentes-, cómo se inserta globalmente, cómo se consigue financiamiento para que inviertan un montón de empresas, y hasta si fomentar o no el rugby femenino institucionalmente, que es algo que ahora comenzó a debatirse”. Y agrega: “Y hay algo más, que tiene que ver con un proceso que atraviesan muchos deportes, vinculado con la industrialización, la espectacularización del deporte, como un ámbito más de la vida donde el cuerpo y la práctica corporal se transforma en un commoditie (mercancía). Y en una imagen que es vendida más allá del deporte”.

En los pliegues del deporte

Antes de toparse con su tema de investigación, Fuentes no se había especializado en antropología del deporte ni estaba particularmente interesado en el rugby. Daba clases en colegios secundarios y sus intereses como científico estaban ligados a la educación y la desigualdad social. “El tema me llegó de manera fortuita, porque era profesor en escuelas secundarias de distintos contextos sociales, trabajaba en sectores privilegiados y ahí fui encontrándome con el rugby masculino. Empecé a ver cómo se incorporaba en el deporte la desigualdad social. El rugby era un lugar en el que la desigualdad se expresaba en el cuerpo, en la disciplina corporal y en ciertos valores de clase”, dice.

Fuentes se fue inmiscuyendo en esa trama social escondida en los pliegues del deporte, y entendió que aquel fenómeno tan particular podía abordarse también desde la sociología y la comunicación. No encontró demasiados antecedentes en el tema: algunos trabajos relacionados con el deporte realizados los equipos de los investigadores del CONICET Pablo Alabarces, Verónica Moreira y José Garriga Zucal; una investigación del científico del CONICET Juan Branz en torno a los clubes de rugby de La Plata en la segunda década del siglo XXI; un estudio sobre polo y masculinidades escrito por el reconocido antropólogo Eduardo Archetti, “que fue revelador porque me ayudó a pensar en cómo el deporte permite mirar procesos de transformación social, que son de un sector social pero que tiene escala en toda la sociedad y a nivel global”.

Para organizar su trabajo de campo, que comenzó en 2009 y le llevó diez años, el científico realizó entrevistas con clubes de rugby de clubes de zona norte, particularmente el Club Universitario de Buenos Aires (CUBA), en las divisiones infantiles, juveniles y de la primera. No solo entrevistó a sus jugadores sino también a los entrenadores, psicólogos, kinesiólogos y a todo el aparato que fue encontrando alrededor del deporte, “un sistema de saberes profesionales que se fue incorporando al rugby, y que es parte de este proceso de profesionalización gradual que rodea hoy al universo de este deporte”, explica Fuentes.

Además de las entrevistas, el investigador participó de entrenamientos y partidos, y realizó observaciones de eventos deportivos de Los Pumas y Jaguares, los dos equipos de rugby profesional del país. “En esa etapa, que fue posterior a las entrevistas, me enfoqué más en la experiencia de globalización de la producción de estos cuerpos dominantes”, señala Fuentes. Entremedio de su pesquisa, se enteró de que en el norte de argentino había experiencias de rugby indígena: decidió viajar a Formosa, y completar su trabajo de campo reporteando esa experiencia alejada de los estereotipos y de la hegemonía de Buenos Aires.

Cambios y continuidades

A medida que fue investigando sobre el tema, Fuentes se sorprendió con los discursos y valores alrededor de la sociedad, la política y la pobreza, que rodean a este deporte. “Me encontré con una serie de discursos, no tanto en los jugadores de rugby más jóvenes si no en sus padres y abuelos, a quienes también entrevisté, que siguen posicionándose como una elite, en el sentido de que tienen una visión sobre lo que debía ser el país, un posicionamiento o una forma de mirar a la sociedad ´desde arriba´, porque es gente que jugó al rugby en CUBA y tuvo trayectorias profesionales como CEO de grandes empresas, nacionales o internacionales. Digamos que tienen trayectorias profesionales destacadas y el club representa una especie de refugio y lugar de identidad para mirar a la sociedad desde las alturas”.

Otro de los hallazgos de su investigación fue el registro de la tensión que existe alrededor de la experiencia juvenil de este deporte. “Me sorprendió ver cómo los jóvenes que quieren ser profesionales, aun siendo amateurs, tratan de lidiar todo el tiempo entre la expectativa paterna de no ser profesional porque te vendés al mercado, un discurso antidinero por parte de los sectores que manejan mucho dinero, hasta moral, pero a la vez estos jóvenes diciendo ´sí, quiero, me gusta el deporte´. Ver cómo trataban de conciliar esas expectativas diferenciales entre el mercado, la familia, sus amigos y lo que ellos querían para encontrar su propio deseo me pareció interesante. Observé que los jóvenes no reproducen per se las expectativas paternas, las tratan de resolver a su manera y con mucha tensión”.

En esa tensión entre la cultura del deporte y el capitalismo contemporáneo metiéndose en las reglas de juego, Fuentes registró un cambio en la aspiración de los deportistas que se dedican al rugby hoy. “El rugby hoy pasó a ser no solo un lugar de pertenencia, de homosociabilidad entre varones, sino que pasa a ser un lugar donde existen contratos internacionales, condimentos que generan expectativas y aspiraciones en jóvenes de sectores sociales tradicionalmente más privilegiados, y de otros que no pertenecen a sectores de elite también”.

La vía no hegemónica

En los bordes de la experiencia deportiva del rugby, Fuentes se encontró, por un lado, con el feminismo como un factor que comienza a estar presente en el universo tradicionalmente masculinizado. “Si bien todavía la organización institucional del rugby sigue estando en poder de varones blancos, educados, urbanos, de sectores tradicionales de este deporte, y para las mujeres en las elites está reservado el hockey, ya hay algunos clubes medianos o pequeños de ciudades como Buenos Aires, Córdoba, etcétera, que empezaron a incorporar la práctica del rugby femenino. Es algo que se viene fomentando internacionalmente, el entrenamiento, la formación, entrenadores, entrenadoras, para organizar los torneos de rugby femenino. Eso ya sucede”, asegura.

No obstante, esa incorporación de las mujeres encierra una paradoja: “El rugby femenino en los sectores urbanos está más asociado a mujeres de sectores medios, medios bajos, populares, lo mismo que pasa con el fútbol. Tiene que ver con los estereotipos machistas de la mujer machona, corpulenta, que no responde a los estándares de belleza que se construyen y se reproducen en estos sectores privilegiados con los hombres. Los cuerpos de los varones rugbiers, en cambio, son mostrados en las publicidades de los productos premium, para la gente con mayor poder adquisitivo y consumo. Son cuerpos que representan cierto ideal canónico, masculino, del cumplimiento del éxito económico, de los orígenes aristrocráticos nobles y del cuerpo deseado. Aunque eso, en los rugbiers, no es automático: es mucho trabajo sostener tu vida entre evitar un asado, y vivir de la proteína en polvo o de la comida ´sana´ todo el tiempo. Es bastante tensionante también”.

Fuentes también observó y registró en su libro otra de las manifestaciones del rugby no hegemónico: el rugby indígena. “En Formosa pude ver que hay mujeres indígenas que practican el rugby femenino, y ahí cambia, cuando uno se sitúa en ese contexto social y recupera esta visión de la fortaleza que tienen tanto los varones como las mujeres de los pueblos indígenas, el rugby aparece como un lugar donde poner esa fortaleza en juego, esa historia de lucha frente al proceso colonizador, frente al proceso de discriminación sistemática actual”, advierte el científico. “El cuerpo de la mujer indígena que practica rugby aparece ahí en un lugar de mucha mayor positividad. Un lugar de construcción de poder”.

A la luz de todas las transformaciones que Fuentes registró en su libro, ¿cómo avizora, este científico, el futuro del deporte? “Veo que los principales actores del mundo del rugby, periodistas, dirigentes, Agustín Pichot, que es una persona de relevancia para el mundo del rugby, empezaron a hablar de cuestiones como los ritos de bautismo, por ejemplo, indicando que se necesitan cambios. Creo que hoy se permite mucho más problematizarlo, aunque todavía no veo medidas muy claras a nivel institucional por parte de las uniones de rugby para incorporar algo de perspectiva de género y resolución no violenta de conflictos en los dispositivos de formación de entrenadores, árbitros, dirigentes y jugadores. Eso no está sucediendo todavía y hay un trabajo por hacer a nivel institucional para generar un cambio profundo en la cultura del rugby”, concluye.

(CONICET)

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