Notre Dame: resuelven el misterio de los dos sarcófagos de plomo encontrados tras el incendio de la Catedral

El devastador incendio que sufrió la catedral de Notre Dame en 2019 permitió descubrir dos misteriosos ataúdes de plomo ocultos bajo su suelo. Ahora, científicos saben quiénes fueron enterrados allí.

Los dos ataúdes de plomo descubiertos tras el incendio de la catedral de Notre Dame de París son los de un famoso canónigo y un noble desconocido. Estos sarcófagos antropomorfos fueron desenterrados en marzo y mayo por los equipos del Instituto Nacional de Investigaciones Arqueológicas Preventivas (Inrap) durante las excavaciones previas a la reconstrucción de la aguja de la catedral, parcialmente destruida por el incendio de abril de 2019.

A continuación, informan desde DW, se confiaron al Instituto Forense de Toulouse, que se encargó de abrirlos y estudiar los restos humanos y otros objetos presentes en las fosas.

¿Un noble?

El sarcófago descubierto primero, en marzo, data de «entre el siglo XIV y finales del XVII», según estima Christophe Besnier, responsable de las excavaciones. Contiene los restos de un hombre embalsamado cuya identidad aún no se ha establecido.

Según Eric Crubéry, antropólogo de la Universidad de Toulouse III que participó en el análisis, el hombre tenía «entre 25 y 40 años«, «montaba a caballo desde su juventud» y «presentaba una ligera deformidad craneal» y probablemente tuberculosis, declaró en una rueda de prensa en Toulouse. Probablemente era un rico notable, porque «sólo el 4 % de la nobleza (…) tenía la posibilidad de ser embalsamada o de tener un ataúd de plomo«, indicó.

Por lo pronto, se realizará una prueba de datación por C14 para determinar con mayor precisión la edad del fallecido.

Un canónigo

En cuanto al segundo sarcófago, se conocía su ubicación y contenía un epitafio, medallas y una placa que mencionaba al canónigo Antoine de La Porte, fallecido a los 83 años en 1710, y que fuera un prelado cuyo retrato se conserva en el Louvre.

Los enterramientos en catedrales se practicaron durante todo el periodo medieval y moderno. Los lugares más solicitados estaban cerca del coro, donde se enterraba a obispos y arzobispos

«Más de 300 personas fueron enterradas en Notre Dame» y este tipo de sepultura estaba «reservada a una élite» porque «el plomo era muy caro«, asegura Besnier.

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