
Una faceta poco conocida del gran Federico que brilló en su despedida artística de Buenos Aires e incentivó a nuestros maestros titiriteros.
Por Jorgelina Áster y Silvina Belén para Noticias la Insuperable ·
El 25 de marzo de 1934 es una fecha que atesora la memoria de nuestros titiriteros: Federico García Lorca quiso despedirse de Buenos Aires con el obsequio de una función de títeres en el Teatro Avenida, como agradecimiento a todo el afecto recibido, a tanto apoyo de sus colegas y al tan fervoroso público que celebró su arte desbordando salas.
El gran poeta y dramaturgo era un entusiasta del teatro de guiñol. Ya en 1923 había organizado una fiesta de títeres, en su propia casa y a toda orquesta, para los niños en día de Reyes. Quedó documentada en detalle porque, entre otras razones, tuvo participantes tan virtuosos como Manuel de Falla. Al respecto, Isabel Tejerina Lobo[i] aporta información pormenorizada.

Once años después, tras su prolongada visita a la Argentina –desde octubre de 1933 hasta fines de marzo de 1934- y con el rotundo éxito de su Bodas de sangre, volvió a elegir los “títeres de cachiporra” (de guiñol o de guante) para destacar el espíritu festivo del acontecimiento que significaba su despedida del país que lo había asombrado con su entusiasta público y explícito afecto del arco artístico, singularidad que destacó en una carta rescatada por Gabriele Morelli.[ii]
“Queridos Padres y hermanos, ya se celebró el estreno de Bodas que constituyó por la prensa que os mando por barco, un verdadero escandalazo. Yo no he visto en mi vida una cosa igual de entusiasmo y cariño. El Gran Teatro Avenida es como diez veces el Teatro Español de Madrid, uno de esos inmensos teatros de América, totalmente ocupado por una muchedumbre que estaba de pie en los pasillos y colgada del techo.”

En el vestíbulo del teatro Avenida, después de la representación de Bodas de sangre, entonces, llegaron los títeres: Euménides de Esquilo, el entremés –también elegido para la fiesta de 1923- de Cervantes Los dos habladores y El retablillo de Don Cristóbal, escrita por García Lorca especialmente para esta celebración. Entre los muchos invitados notables, se encontraba el joven Javier Villafañe, de 24 años en aquella época.
A partir del empujón de Federico, los títeres cobraron fuerza vocacional en cultores tempranos como Javier Villafañe, Héctor y Eduardo Di Mauro y Mané Bernardo. La década del cuarenta en Argentina fue de los títeres de guante. La siguiente, gracias al aporte de los Piccoli de Vittorio Podrecca, incorporó la marioneta de hilo. En veinte años, la movida titiritera atravesó el país.

Tanto Javier Villafañe como Mané Bernardo recordaban la función del Avenida como génesis de una vocación latente que allí se confirmó y creció imparable. El desarrollo de la actividad también lo fue: trascendió la capital y se federalizó rápidamente.
Así como en la Ciudad de Buenos Aires, que tuvo, incluso, desde 1978, en el Teatro Municipal General San Martín, el Grupo estable de Titiriteros creado por Ariel Bufano, el teatro de títeres era una realidad artística enriquecida año a año, también en Córdoba, Tucumán, Chaco, Salta, Mendoza y otras provincias, crecía sin pausa. Nombrar los aportes, abordar la cronología y diferenciar los estilos excedería las pretensiones de este artículo.

El maestro titiritero Gabriel “Guaira” Castilla, hijo del poeta Manuel, que fue reconocido por la Unión Internacional de la Marioneta por su trayectoria y aporte al arte del títere, publicó en 2023 -EUDEBA- un libro titulado Una vez fue jamás, que reúne su obra dramática y revive un anecdotario que podría dar una idea de la riqueza de la actividad titiritera en las provincias argentinas.
Como vimos, Federico García Lorca dio un primer paso fundamental, un incentivo para la creación que nuestros artistas supieron valorar. El poeta se fue, pero dejó mucho aquí. Poco después, lamentablemente, la garra asesina del fascismo no perdonó su fecundo talento multiplicador de resistencias a la mediocridad y el sometimiento.
[i] En: “La literatura dramática infantil y el teatro de títeres. De Federico García Lorca a la actualidad”.
[ii] Federico García Lorca, Lettere americane, Venezia, Marsilio Editori, 1994.
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