Un tren de la línea R4 descarriló entre los municipios catalanes de Gélida y Sant Sadurní d’Anoia tras chocar contra un muro de contención que había caído sobre las vías. El accidente ocurrió en un contexto marcado por la conmoción internacional que generó, horas antes, la muerte de al menos 41 personas en un siniestro ferroviario.
Por Bruno A. Monteverde para NLI

El nuevo episodio ferroviario volvió a encender las alarmas en Europa. Un tren que circulaba por la línea R4 sufrió un descarrilamiento luego de impactar contra un muro de contención desplomado, provocando una tragedia que dejó al menos una persona fallecida y 14 heridas.
Según consignó el diario El País, la víctima fatal fue el maquinista del tren, cuyo fallecimiento se confirmó horas después del accidente. El impacto ocurrió en un tramo que conecta dos localidades de la provincia de Barcelona y obligó a desplegar un amplio operativo de emergencia.
Heridos graves y un operativo de gran magnitud
Antes de que se confirmara el deceso del conductor, el alcalde de Gélida, Lluís Valls, brindó precisiones sobre el estado de las víctimas. “Podemos decir que hay entre cuatro y seis personas graves y el resto son leves”, señaló el jefe comunal, dando cuenta de la magnitud del impacto.
La Generalitat de Catalunya informó oficialmente que en el operativo participaron 20 ambulancias, además de equipos de rescate, bomberos y fuerzas de seguridad, que trabajaron durante horas para asistir a los pasajeros y asegurar la zona afectada.
Una tragedia que se suma a un escenario de alarma global
El accidente en Catalunya se produjo pocas horas después de que se conociera otro hecho devastador: un accidente ferroviario que dejó al menos 41 personas fallecidas. La sucesión de tragedias reabrió el debate sobre la seguridad en los sistemas ferroviarios, el estado de las infraestructuras y las responsabilidades estatales y empresarias.
Mientras avanzan las investigaciones para determinar por qué cayó el muro de contención y si existían alertas previas sobre el estado del trazado, la tragedia vuelve a exponer que incluso en países con sistemas de transporte desarrollados, la desinversión, la falta de mantenimiento o la negligencia pueden tener consecuencias fatales.
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