Lo que fue sinónimo de consumo masivo, publicidad pegadiza y empleo industrial hoy se convierte en símbolo de derrumbe productivo. Bajo el gobierno de Milei, la caída del consumo, la recesión y el ahogo financiero están empujando al borde del cierre a frigoríficos históricos, con miles de trabajadores suspendidos, despedidos o directamente abandonados por sus empleadores.
Por Ignacio Álvarez Alcorta para NLI

Durante 1998, “Paty te quiero” fue una de las campañas publicitarias más exitosas del país. Hoy, casi tres décadas después, la realidad invierte el eslogan: Paty te odio, porque detrás de la marca emblemática de hamburguesas aparece una postal brutal de la Argentina de Milei, con fábricas paralizadas y pueblos enteros al borde del colapso económico.
Paty paralizada y un pueblo en vilo
En ese contexto de derrumbe del mercado interno y desplome del consumo de carne, el Frigorífico Pico, responsable de la producción de Paty, anunció suspensiones masivas y quedó a un paso del cierre definitivo. La planta, ubicada en Trenel, La Pampa, resolvió suspender durante todo enero a sus 450 trabajadores, luego de haber pagado el medio aguinaldo en cuotas y de imponer vacaciones obligatorias desde el 23 de diciembre.
La decisión representa un golpe directo no solo para los empleados, sino también para la economía regional. Trenel y los pueblos cercanos dependen en gran medida del funcionamiento del frigorífico. Según se informó al personal, durante enero cobrarán $500.000, más un pago en mercadería de carne, una escena que remite más a contextos de emergencia social que a una industria alimentaria de séptima generación.
La planta abastece tanto al mercado interno como a la exportación y pertenece al grupo empresario de Ernesto “Tito” Lowenstein, fundador de Paty y del complejo turístico Las Leñas. Se trata de una firma con capacidad para procesar 14.000 cabezas mensuales, que hoy opera muy por debajo de ese volumen.
De 600 animales por día a la parálisis
Desde la empresa admitieron que la faena diaria cayó de 600 animales por día a apenas 50, aunque evitaron dar explicaciones concretas. El telón de fondo es conocido: el consumo de carne está en niveles históricamente bajos, mientras que los precios del producto aumentaron al doble del índice de inflación, licuando el poder de compra de los salarios.
La situación financiera es crítica. De acuerdo con datos del Banco Central, el frigorífico acumula más de mil cheques rechazados y una deuda cercana a $30.000 millones con distintas entidades financieras. Entre los principales acreedores aparece el Banco de La Pampa, con compromisos por unos $9.000 millones. El posible cierre se suma a una cadena de crisis que atraviesa a buena parte del sector frigorífico bajo el actual modelo económico.
Santa Fe: trabajadores viviendo dentro de la planta
El drama no se limita a La Pampa. En Santa Fe, los trabajadores del frigorífico Euro, en la localidad de Gobernador Gálvez, atraviesan una situación aún más extrema. En plena crisis económica generada por el gobierno de Javier Milei, hay operarios que viven dentro de la planta, luego de ser desalojados por no poder pagar el alquiler.
El delegado sindical Walter Navarro explicó que la empresa viene reduciendo personal mediante retiros “voluntarios” forzados y despidos, mientras acumula meses de salarios impagos. “Llegamos a ser 750 personas antes de 2025. Después empezaron los retiros obligados; quedamos 400 y ahora somos 150”, relató en diálogo con la AM530.
La deuda salarial es total. No cobraron octubre, noviembre, diciembre ni el aguinaldo, y los dueños de la firma directamente desaparecieron. Según Navarro, hubo interesados en hacerse cargo de la planta, pero las exigencias económicas superaban incluso la deuda que la empresa mantiene con los trabajadores, lo que terminó por frustrar cualquier salida.
Milei y el ajuste que devora industrias
Estos casos no son excepciones ni accidentes: son el resultado directo de un modelo económico que destruye el mercado interno, libera precios sin control, paraliza la producción y deja a las empresas nacionales a merced del endeudamiento y la recesión. Mientras Milei celebra el “equilibrio fiscal”, la industria cárnica se apaga, los frigoríficos cierran y los trabajadores pasan de producir alimentos a sobrevivir dentro de fábricas vacías.
De “Paty te quiero” a “Paty te odio” hay algo más que un cambio de slogan: hay una Argentina que deja de producir, de consumir y de trabajar, empujada por un ajuste que no distingue marcas históricas, pueblos enteros ni generaciones de laburantes.
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